Adictos a la aprobación

“Temer a la gente es una trampa peligrosa, pero confiar en el Señor significa seguridad.” (Proverbios 29:25)

 Cuando me tope por primera vez con este pasaje de las Escrituras quedé pasmado. Temer a la gente es una trampa peligrosa. No me cabe la menor duda que este es uno de los problemas más serios que he observado en la vida de muchos creyentes. Están tan preocupados por agradar a los demás, que pierden de vista que hemos sido hechos por Dios para Su gloria y no para buscar en aplauso de las personas que nos rodean.

El asunto consiste, entre otras cosas, en que jamás podremos agradar a todos y mucho menos hacerlo todo el tiempo. Por eso, desde hace algunos años he enseñado tres frases que me han ayudado a mantener el rumbo: 

“No puedes agradar a todos”, “no puedes agradar a todos, todo el tiempo”, “pero si puedes agradar a Dios”.

Pablo escribió esta misma idea en su carta a los Gálatas:  ¿Qué busco con esto: ganarme la aprobación humana o la de Dios? ¿Piensan que procuro agradar a los demás? Si yo buscara agradar a otros, no sería siervo de Cristo.” (Gálatas 1:10)  

El problema radica en que por más esfuerzo que hagas, jamás podrás agradar a todos, ya que mientras que provoques el aplauso de algunos por alguna acción realizada, seguro estoy que muchos otro se molestarán. Miren si no sabré de lo que estoy hablando.

Es por eso que agradar a los demás es una trampa. Nunca saldrás bien librado, siempre quedarás mal, jamás serás bien visto por todos, nunca serán tus logros permanentes.

Mejor será buscar el aplauso del cielo. Mejor será que cada día de nuestra efímera vida busquemos el “Buen siervo y fiel…” proveniente de los amorosos labios del salvador.  Además, según entiendo en la Palabra de Dios, que nada de lo que yo haga, o deje de hacer, hará que Dios me ame más o menos, porque su amor es una constante en mi vida.

Así que, ten cuidado de esta trampa, y si has caído en ella, pide perdón a Dios, levántate una vez más, sacúdete el polvo y las miradas acusadoras de los demás, y dirígete a buscar el aplauso de Jesús.

Piénsalo…

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