La falta de perdón es un acto de desobediencia

Es impensable que un cristiano decida voluntariamente no perdonar. Los que hemos sido perdonados por Dios mismo, no tenemos el derecho de negarle el perdón a nuestros semejantes, pecadores como nosotros. De hecho, las Escrituras nos ordenan, una y otra vez, perdonar en la misma forma en que hemos recibido el perdón. Así lo escribió Pablo:

«Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.” (Efesios 4:32)

Puesto que Dios nos manda perdonar a otros, negarse a hacerlo es un acto de directa desobediencia contra Él. En pocas palabras, negarse a perdonar es un pecado horrible. El perdón refleja el carácter de Dios. La falta de perdón, por lo tanto, es una impiedad alejada de Dios. Eso significa que la falta de perdón es una ofensa a Dios no menos grave que la fornicación o las borracheras o el divorcio, aunque algunas veces se considera más aceptable.

Como hijos de Dios, debemos reflejar su carácter, ya que en el momento de la salvación, nos es dada una nueva naturaleza que refleja en sí, la semejanza espiritual de Dios. De modo que el perdón es una parte integral de la nueva naturaleza del cristiano. Un cristiano que no perdona es una contradicción de términos. Cuando ves una persona que batalla para perdonar a los demás, es una buena razón para poner en duda que la fe de esa persona sea genuina.

Es claro para cada uno de nosotros que el perdón no llega fácilmente, aún siendo cristianos. Siendo honestos, muchas veces no perdonamos tan rápida y generosamente como debiéramos. Somos muy propensos a acumular ofensas. El perdón requiere que pongamos a un lado nuestro egoísmo, que aceptemos con gracia las ofensas que otros hayan cometido contra nosotros, y que no exijamos lo que creemos que se nos debe. Si vemos este asunto con calma, notaremos que todo esto va en contra de nuestras inclinaciones naturales y pecaminosas. Aún así, como nuevas criaturas, el Señor nos puede dar el poder y la gracia de perdonar en la manera en que Él nos ha perdonado: “… y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.” (Efesios 4:32)

En el amor perdonador de Jesús,

Zánganos en la divina colmena 

«Dios, de su gran variedad de dones espirituales, les ha dado un don a cada uno de ustedes. Úsenlos bien para servirse los unos a los otros. ¿Has recibido el don de hablar en público? Entonces, habla como si Dios mismo estuviera hablando por medio de ti. ¿Has recibido el don de ayudar a otros? Ayúdalos con toda la fuerza y la energía que Dios te da. Así, cada cosa que hagan traerá gloria a Dios por medio de Jesucristo. ¡A él sea toda la gloria y todo el poder por siempre y para siempre! Amén.” (‭1 Pedro‬ ‭4‬:‭10-11‬ NTV)

Uno de los secretos del crecimiento de la Iglesia de Cristo, tiene que ver con que cada miembro de la misma, asuma su rol en el ministerio. Según el apóstol Pedro, todo creyente, sin excepción ha sido dotado de por lo menos un don espiritual. Eso significa que, hemos sido capacitados por el Señor para ser útiles en Su obra. Demasiados creyentes llenan las bancas de los templos, sin la menor intención de ser usados por el Señor para el avance de Su Reino. Creo que llegó el momento de dejar de ser parte del ministerio de calefacción, es decir “calienta bancas”, para convertirnos en el ejercito de Dios capacitado y entrenado para toda buena obra. Bien decía Howard Hendricks, destacado pastor y conferencista cristiano, hablando de la iglesia de Cristo: “Hay demasiados zánganos en la divina colmena”. 

No existe nada mas hermoso dentro del ministerio cristiano, que observar a creyentes comprometidos poniendo al servicio del Señor los dones y las habilidades que han recibido de Él. Por otro lado, es emocionante ver a los pastores abriendo espacios de servicio, dejando que la iglesia asuma su responsabilidad y capacitando a los santos para la obra del ministerio. Una iglesia así, es un deleite a los ojos de nuestro Buen Dios. 

Me emociona ver como el apóstol Pedre concluye su exhortación:  «Así, cada cosa que hagan traerá gloria a Dios por medio de Jesucristo.» Si queremos dar la gloria a Dios, descubramos, desarrollemos y utilicemos los dones que hemos recibido de Su poderosa mano.

En el amor de Jesús el Señor,