Cuando sentimos desfallecer

“Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna”.                Salmo 73:26

Alguien que haya sido cristiano por más de una semana sabe que Dios nunca promete una vida libre de problemas. A veces “ser bueno” y “hacer lo correcto” parece no ser muy efectivo. A pesar de lo que hagamos, los problemas y fracasos continúan viniendo.

Cuando los problemas se levantan en nuestras vidas, crean dudas e interrogantes. No estoy hablando acerca de un juego de preguntas y respuestas, sino que de esta maraña de problemas, surgen pensamientos de confusión y disturbio que se asientan profundamente en nuestra alma. Sacuden los fundamentos de nuestra vida. Es en los momentos de crisis donde nuestras creencias internas son desafiadas y nos forzamos a buscar la fortaleza en algún lugar.

Ahora mismo puedes estar enfrentando un evento devastador como la pérdida de tu trabajo, una gran pelea con tu esposa o saber que tu hijo consume drogas. Estos problemas rápidamente corroen nuestra confianza porque hemos trabajado tan duro para hacer lo correcto. Se cumplen nuestros más grande temores porque nos sentimos fracasados. Como un dolor de muelas, la duda se convierte en nuestra compañera constante de dolor. Al mirar hacia dentro, empezamos a buscar a otros y nuestra frustración se multiplica. Por otro lado, vemos personas que no se interesan por Dios, y viven su vida sin mayores problemas. No es sorprendente ver que al comienzo de este salmo el salmista clama: “En verdad, ¿de qué de sirve mantener mi corazón limpio? (vs. 13) En medio del dolor, otra versión sería así: “¿Por qué estoy tratando desesperadamente de hacer lo correcto cuando en realidad no importa?”

Tanto la duda como la auto-confianza, no son las mejores opciones en momentos de dolor. En medio de la duda, la confusión se asienta y es aquí donde nos abrimos para aprender. Esto es algo que se ha perdido desde la niñez. Si te encuentras en duda, quiero animarte para que le preguntes a Dios qué es lo que está tratando de enseñarte.

El otro día me fui a acostar sintiendo que toda área de mi vida era un fracaso. No me sentí ser un buen pastor, ni un buen amigo y ni siquiera un buen esposo. Mientras me quedé allí contemplando la calidad de mi vida, me reí por un momento y luego lágrimas empezaron a formarse en mis ojos mientras pensaba, “Es bueno saber que Dios no me ama por las cosas que hago.” Luego oré, “No quiero depender de mi propia fuerza, pero ayúdame a vivir con la tuya”.

El recuerdo de Su Palabra me dio las fuerzas necesarias para seguir adelante: «Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna».

Piénsalo…