Las tres preguntas más importantes de tu vida

La vida está llena de desafíos y enormes cuestionamientos, pero hay tres que sobresalen por su importancia y su impacto a largo alcance. Debemos pedir una buena dosis de discernimiento porque, de la respuesta que demos a estas grandes interrogantes, dependerá el nivel de gozo y satisfacción que tendremos en la vida.

Las grandes preguntas son: ¿Con quién voy a vivir? La siguiente pregunta es, ¿De qué voy a vivir?, y la tercera es ¿Para quién voy a vivir? Las dos primeras preguntas van a determinar mucho del gozo o de la frustración que tendrás a lo largo de tu vida en este planeta. La tercera, no sólo tiene que ver con tu vida en esta tierra, sino con tu destino eterno.

Por un momento piensa por favor en la segunda gran pregunta: “¿De qué voy a vivir? No hay nada más enriquecedor y satisfactorio que vivir nuestras vidas haciendo lo que nos gusta y que encima de ello, tengamos la retribución económica al hacerlo. De hecho y en estricto honor a la verdad, dicha actividad, ni siquiera merecería el titulo de “trabajo”, sino más bien de “realización personal remunerada”. No siempre es fácil tener un trabajo donde estamos completamente satisfechos por lo que hacemos, pero cuando lo encuentras, se convierte en una de las bendiciones más grandes que podemos recibir de la bondadosa mano de Dios.

Nuestra oración al estar tratando de responder a esta importante pregunta, no sólo debe limitarse el punto de solicitar un trabajo por la remuneración, sino pedir al Señor, quien conoce nuestras habilidades y dones, que nos conceda un puesto donde, además de poner en práctica las habilidades, sabiduría y destrezas personales, seamos gratificados por el salario que nos permitirá, no sólo suplir nuestras necesidades, sino que nos permita compartir con quien tiene necesidad.

En el amor de Jesús,

Cristianos que cojean

Extraño título para una reflexión pastoral, pero es parte de una frase que completa dice: “Si quieres ser usado por Dios, vas a cojear el resto de tu vida…” Viene a mi mente la historia de Jacob, con su lucha con el ángel en Peniel, ¿recuerdan la historia? La bendición de Dios no se hizo esperar, sino que después de que Jacob se esforzó para recibir esta anhelada bendición, luchando hasta que rayaba en alba, el ángel le preguntó: ¿Cuál es tu nombre? A lo que Jacob respondió: “Jacob” que significa usurpador. Y el ángel le dijo: “Ya no será tu nombre más Jacob, sino Israel…” ¿Qué bendición, no creen? Pero no todo quedó allí, sino que el ángel toco su cadera, y ésta se descoyuntó y entonces fue evidente la lucha que Jacob había tenido con el ángel.

De la misma manera sucede con nuestra relación con Dios. Si de verdad queremos ser usados por él, entonces, él va a tocarnos, y esto va a ser evidente a todos. La pregunta sería: ¿Cuáles son las evidencias del toque de Dios en tu vida? Los que te conocen ¿pueden hablar de cambios en ti? Si es así, felicidades, pero ¿qué de cambios recientes? Si, porque es evidente que cuanto Cristo Jesús llega a nuestra vida, la transforma, pero no solo ese día, sino que los cambios son frecuentes, llegando a tener una vida en constante cambio y madurez. Bien lo expresó Pablo cuando escribió: «Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva.»  (Filipenses 1:6 NTV) Maravilloso, ¿no creen?

Muchos son los cristianos que cuando se les cuestiona acerca de los cambios que Dios ha hecho en su vida, se remontan a la historia de su conversión, porque en realidad no hay “nada nuevo” que le hayamos permitido a Dios trabajar en nosotros. Uno de los secretos de la vida cristiana, es el hecho de que se debe vivir día a día permitiendo que el Señor siga formando a Cristo en nosotros, ya que los cambios que Dios va generando son constantes, o por lo menos así deben de ser, pero ¿estamos verdaderamente dejando a Dios obrar en nuestra vida en todo lo que él quiere hacer? Piénsalo…

En el amor de Cristo el Señor,

Tres propósitos de año nuevo

Jesús respondió: Amarás al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. El segundo es igualmente importante: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Ningún otro mandamiento es más importante que estos. (Marcos 12:30-31 NTV)

Pensando en la declaración de propósito de nuestra amada iglesia, la cual dice que existimos para “Amar a Dios, amar al prójimo y transformar al mundo”, quiero sugerirles a todos los que formamos la gran familia de PIB satélite que para este 2015, hagan las siguientes tres cosas:

  1. Amar a Dios. Que cada semana participen activamente en un culto de adoración donde aprendan cómo amar a Dios mas cada día. Esto no debe ser opcional. Como iglesia nos esforzamos a preparar reuniones altamente significativas, donde se facilite el obrar de Dios en medio de nosotros. Haz esto una prioridad en este 2015.
  2. Amar al prójimo. Algo mas que quiero pedirles es que sean parte activa de un Grupo Pequeño de nuestra iglesia. Si en mandamiento de Dios es amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, creo que no existe un lugar mejor para desarrollar esta tarea que la experiencia de un grupo pequeño.
  3. Servir a otros (transformar al mundo). Te propongo que este año que está por comenzar, hagas tres cosas con relación a este propósito:
  1. Estudia para descubrir cual o cuales son los dones espirituales que Dios te ha dado. En nuestra iglesia tenemos el curso de Dones espirituales, el cuál tiene sus puertas abiertas para ti.
  2. Ya que hayas descubierto cuál es el don o dones con los que el Señor te ha dotado, te exhortó a que lo desarrolles aprendiendo día con día como mejorar tu desempeño con siervo del Dios vivo. Pregunta a nuestros ujieres por el folleto de grupos pequeños de nuestra iglesia. Llama y participa.
  3. Finalmente, proponte por lo menos una vez a la semana, servir a otros con base en estos dones que has recibido del Señor. Tenemos en nuestra iglesia mas de 50 ministerios en los que puedes servir al Señor. Te estamos esperando con los brazos abiertos. Es mucha la labor y los obreros son pocos.

Lo que acabo de proponerte te ayudará a mantenerte enfocado en lo mas importante para tu vida. Cuando le preguntaron a Jesús cuál era en mandamiento mas importante respondió que “amar a Dios y amar a las personas”, es lo mas importante que durante toda tu vida harás.

Mantente enfocado y deja que Dios obre en poder en este año que estamos por comenzar.

Te deseo un año lleno de su bendición y que coseches muchas victorias en Su Nombre.

En Su inalterable amor,

Promesas condicionales

Todas las promesas que ha hecho Dios son «sí» en Cristo. Así que por medio de Cristo respondemos «amén» para la gloria de Dios. (2ª a los Corintios 1:20 NVI)

He descubierto que las riquezas de la gracia de Dios disponibles para sus hijos, están expresadas por medio de sus promesas. Cada promesa de Dios es una fiel expresión de su gracia. Las tenemos para cada una de nuestras necesidades a lo largo de nuestra vida. Hay promesas de bienestar, de salud, de protección, de seguridad, de aliento, de Su compañía, de fortaleza, de sabiduría, dirección y miles más. De hecho, algunos han expresado que hay más de 7,000 promesas en la Palabra de Dios, y algunos más hablan de hasta 13,000. ¿No te parece maravilloso?

El asunto es que muchas de estas hermosas promesas están “condicionadas”, pero no te desalientes. Cada vez que voy a la Escritura y me topo con una promesa condicional observo, en todos los casos, que se trata de algo que yo debo y puedo hacer, ya que no son gravosas las condiciones, además de que, son la mejor manera en que puedo expresar mi total confianza en Dios. En otras palabras, todas las promesas condicionales, exigen obediencia de mi parte. Yo creo que es un muy buen procedimiento de Dios. La promesa con frecuencia se trata de algo que requiero de Dios y que no está en mis manos obtener o lograr, sino por medio de mi obediencia-fe, en que creo tanto en lo que Dios ha dicho, que “hago” lo que Él me ha pedido que haga.

Estamos por comenzar un año nuevo, y la pregunta es necesaria: ¿Dónde está tu fuente de esperanza y seguridad? Creo que sería pertinente voltear y mirar todo lo que nuestro Buen Dios nos ha ofrecido por medio de sus maravillosas promesas.

Bien lo escribió Pablo: “Todas las promesas que ha hecho Dios son «sí» en Cristo.”

En Su amor,

Criar hijos

Entonces puso a un niño pequeño en medio de ellos. Y, tomándolo en sus brazos, les dijo: «Todo el que recibe de mi parte[i] a un niño pequeño como este me recibe a mí, y todo el que me recibe, no solo me recibe a mí, sino también a mi Padre, quien me envió». (Marcos 9:36-37)

Un escritor francés escribió: «Los padres de familia son los grandes aventureros de los tiempos modernos». En efecto, con todas las presiones que se ejercen sobre ellos hoy en día, criar hijos puede parecer a los padres cristianos una empresa difícil y arriesgada. Pero seamos padres positivos. Primero, reconozcamos que el Señor nos confía una noble misión, para la cual podemos contar con su ayuda. No estamos solos en esta maravillosa empresa. Además, expliquemos a nuestros hijos que no les imponemos la obediencia por autoritarismo, sino que es una exigencia divina: «Hijos, obedezcan a sus padres porque ustedes pertenecen al Señor,[a] pues esto es lo correcto. «Honra a tu padre y a tu madre». Ese es el primer mandamiento que contiene una promesa: 3 si honras a tu padre y a tu madre, «te irá bien y tendrás una larga vida en la tierra» (Efesios 6:1). Amar a los hijos no consiste sólo en decirles palabras cariñosas; es, ante todo, prestarles atención cada vez que lo necesitan, sin olvidar que no debemos satisfacer todas las exigencias de los niños. Para su bien, es necesario a veces decirles: «No». Qué difícil es esto para muchos padres, ante la presión ceden,sin darse cuenta del daño que les harán a largo plazo. Con la ayuda del Señor, y si arreglamos nuestras agendas personales, podremos consagrarles mucho tiempo para guiarlos en Sus caminos. Enseñar la obediencia a un niño no significa gritar todo el tiempo. No, se debe permanecer firme y digno, no prometer ni amenazar sin cumplir la palabra, aplicando el principio bíblico: «Simplemente di: “Sí, lo haré” o “No, no lo haré”.» (Mateo 5:37). Recordemos también que nuestra actitud ante Dios debe ser un ejemplo. Nuestros  hijos leerán la Palabra de Dios en tanto nos vean a nosotros mismos hacerlo. Orarán frecuentemente, si nos ven hacer lo mismo. No busquemos en sus vidas fruto que no hemos sembrado. ¿Te sometes con alegría a la Palabra de Dios? Si es así, tus hijos lo verán y esto los animará a obedecer.

En el amor de Jesús,

 

Luces de Navidad

“Yo he venido al mundo como luz, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en las tinieblas.” Juan 12:46

Una de las más preciosas bendiciones que Jesús trajo el mundo fue la luz. La forma en que como seres humanos tratamos de representar esta verdad, es a través de los miles de focos que se colocan en las casas en esta preciosa época. Yo, en lo personal, lo disfruto mucho. Entrar, tanto en una calle, como en una casa que está alumbrada con cientos de focos, me causa una sensación de gozo y bienestar en mi ser. Al pensar en ello, y tratar de responder el porqué de esta reacción personal, llego a la conclusión de que la luz simplemente disipa las tinieblas, y eso, además de brindar un hermoso espectáculo a la vista, nos debe recordar que “La Luz vino al mundo”. No me cabe la menor duda, que en este año que estamos terminando, hemos experimentado momentos de tinieblas en nuestra vida. Momentos en los que simplemente no sabíamos que hacer, momentos de incertidumbre o simplemente, como el mismo salmista lo expreso, “valles de sombra de muerte”. ¿Qué debemos hacer cuando pasamos por estos tiempos complicados? Permitir que Jesucristo, con su luz llena de amor, nos guíe tomados de su preciosa y poderosa mano.

Cada vez que veas luces en estas fechas donde recordamos la venida de Jesús a la tierra, piensa en el motivo de este maravilloso acontecimiento: “Yo he venido al mundo como luz, para que todo aquel que cree en mi no permanezca en las tinieblas.” Juan 12:46

En el amor inalterable de Jesús,

¿Dónde está Dios?

“Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrazarán las llamas. Yo soy el Señor, tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador.” Isaías 43:2-3

A veces la vida parece abrumadora, ¿cierto? Tu profesión no se dirige hacia donde tú pensabas. Tus hijos van en direcciones que quebrantan tu corazón. Tu doctor te da un mal diagnóstico. Tu matrimonio va hacia abajo rápidamente como un espiral. Tus finanzas escasean semana tras semana y algunas semanas se tornan demasiado largas. Días dificultosos se convierten en semanas. Las semanas se extienden en meses. Y ocasionalmente los meses continúan por años. Esos son los tiempos donde crees que no lograrás superar.

Seamos honestos. A veces la vida huele mal. Cuando la vida nos hace daño y el gozo se aleja y sientes como que todo lo demás está encima de ti, sobretodo debes saber que no estás solo.

¿Dónde está Dios cuando la vida se torna tremendamente difícil? Esa es la mejor parte de esta promesa de Dios. Cuando nos encontramos en estos tiempos duros, Dios está allí en medio nuestro. No sólo está con nosotros sino que nos asegura que venceremos. El versículo no dice: “Cuando estés dentro de aguas profundas…” Dice: “Cuando cruces…” No sólo está Dios contigo cuando el agua esté profunda y la llama caliente sino que Él conoce el final también. Él está contigo si tú dependes de Él. Su presencia y poder te llevarán hacia delante. Él promete que no te “cubrirán” y no te “quemarás”.

¿Qué es lo más difícil que estás enfrentando ahora? Aquella cosa que arreglaría tu vida si fuese removida, ¿qué es? Piénsalo por un momento.

Ahora, descansa en la promesa de Dios: ¡Él está contigo y te llevará adelante!

En Su amor,

La voluntad de Dios

“Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.” Romanos 12:2b

Una de las grandes preguntas que los creyentes de todos los tiempos nos hemos hecho es: ¿cómo conocer la voluntad de Dios? Lo cierto es que no existe ninguna receta, o un camino corto para conocer la voluntad de Dios. A menudo podemos llegar a ser tan dedicados a la voluntad de Dios y sin embargo estar motivados por un falso sentido de propósito, es decir, pensar que lo que estamos haciendo es la voluntad de Dios, entonces tomamos todos los hilos, tomamos decisiones y luego pedimos a Dios su bendición. He notado, con qué facilidad puede sucederle esto a personas buenas, a hombres y mujeres con los más elevados motivos y las mejores intenciones. A menudo la vida nos presenta oportunidades en que pensamos que no tenemos el tiempo suficiente como para pedir el consejo de Dios. Entonces actuamos sin discernir el tiempo correcto, y llegamos a la conclusión de que Dios no está bendiciendo nuestro proceder. El consejo del apóstol Pablo es por demás pertinente a nuestro atareado estilo de vida, el dice: “así podrán comprobar…” ¿Recuerdas los tiempos en la escuela donde nos enseñaron a realizar operaciones de comprobación? Era sencillo, a través de un pequeño proceso podíamos ratificar o rectificar nuestras operaciones, y creímos muchas veces que esto no era necesario. Ahora vemos, cuán importante es que “comprobemos”, no sólo los resultados de nuestras operaciones matemáticas, sino las decisiones en otro diario vivir. Cada vez que te enfrentes a un nuevo proyecto, pregunta a Dios: “¿Tú estás metido en esto?” Esto es “comprobar”. Sin importar si las cosas salen como quieres o no, resulta que para el hijo de Dios, Su voluntad siempre será buena, agradable y perfecta. Quizá en estos mismos momentos éstas molesto con Dios porque las cosas no están saliendo como tú lo habías planeado. ¿Te has puesto pensar en la posibilidad de que Dios está “cambiando tus planes” por algo mucho mejor que tú no has considerado? Dios no patrocina fracasos, su promesa es fiel y anhela de todo corazón que camines conforme a Su voluntad. Es por eso que te reto a que “compruebes” si cada actividad, proyecto y tarea en la que te encuentres hoy está en el terreno de la “voluntad de Dios”.

Pastor Luis Gabriel Cesar Isunza
Twitter@garycesar

¿Y qué hago con mi dolor?

Siempre me resultaron muy fuertes las palabras del profeta Jeremías, cuando en un momento de dolor extremo, se expresó con Dios así: “¿Por qué no cesa mi dolor? ¿Por qué es incurable mi herida? ¿Por qué se resiste a sanar?
¿Serás para mí un torrente engañoso
de aguas no confiables?” (Jeremías 15:18)

Seamos sinceros. ¿Cuántas veces no nos hemos sentido así? Llenos de dolor, con heridas vivas y supurantes. Pensando que el Señor ya se olvidó de nosotros y que no tenemos más esperanza. La fuentes de nuestro dolor pueden ser muy variadas. Pueden venir de nuestras malas decisiones. Pueden aparecer como el resultado de la vida misma. Jesús dijo: “En el mundo tendrán aflicción”. O bien, creo que la fuente más recurrente de dolor en nuestra vida viene de otras personas. Ya sea de gente muy cercana, tales como el cónyuge, los hijos, los hermanos o nuestros padres. A menudo también vienen de nuestros propios amigos. Lo cierto es que, un dardo ponzoñoso lleno de veneno mortal, puede alcanzarnos y finalmente dejarnos abatidos en el camino.

Es por eso que debemos decidir, qué vamos a hacer con nuestro dolor. He nota que las maneras más recurrentes que utilizamos en medio del dolor son una de estas tres:

  • Lo negamos. Decimos: “Yo no tengo ningún problema, no estoy dolido”. Las personas nos lastiman y decimos que no nos dolió.
  • Lo minimizamos. Decimos: “No fue gran cosa. No me dolió tanto”. Y finalmente,
  • Lo aplazamos. Posponemos hacer algo al respecto. Lo barremos debajo de la alfombra. Decimos: “Uno de estos días…” Lo seguimos aplazando. Lo posponemos porque siempre posponemos lo desagradable.

 Lo mejor que tú y yo podemos hacer con nuestro dolor, es acercarnos a la única fuente que puede darnos sanidad completa e inmediata, y ese es Jesucristo. Así lo comprendió el rey David cuando dijo: “Dispones ante mí un banquete en presencia de mis enemigos.
Has ungido con perfume mi cabeza; has llenado mi copa a rebosar”. (Salmo 23:5)

En el amor de Jesús,

Libres del temor

 ¡Jamás podría escaparme de tu Espíritu!
¡Jamás podría huir de tu presencia! (Salmo 139:7)

Dios nos da Su presencia para estar libres del temor. Este es el recurso más poderoso que recibimos de Dios para evitar el problema de la soledad en medio de los valles de oscuridad. Él nos da su presencia. En el Salmo 139 afirma el salmista: ¿A dónde me iré de tu presencia? ¡No puedo! Tú no puedes escapar de la presencia de Dios. Dios está en todas partes. Él es omnipresente. No hay lugar en el universo donde Dios no este. No importa dónde vayas esta semana que viene, Dios va a estar allí. Tú no puedes escapar de su presencia. Él está en todas partes. Si eres un creyente, él está a tu lado siempre. En Hebreos 13:5 el autor, siendo inspirado por el Santo Espíritu de Dios dijo: ”Nunca te dejaré, ni te desampararé.” Dios siempre está contigo, sólo tienes que reconocerlo.

Ahora bien, ¿Cómo puedes reconocer la presencia de Dios en tu vida para poder aprovechar las ventajas de esta gran verdad? ¿Por qué debo aprender a darme cuenta de que Dios está conmigo todo el tiempo?

Cuando te sintonizas con Dios y te das cuenta de que Él está contigo todo el tiempo y puedes sentirlo, experimentarás cuatro cosas que se harán verdad en tu vida.

Su presencia te ayuda a pasar los momentos de dificultad. “Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa”. (Isaías 41:10)

Su presencia te da paz cuando estoy alterado. “En paz me acuesto y me duermo, porque sólo tú, Señor, me haces vivir confiado”. (Salmo 4:8)

Su presencia te levanta el ánimo, cuando estas triste. “Siempre tengo presente al Señor; con él a mi derecha, nada me hará caer. Por eso mi corazón se alegra, y se regocijan mis entrañas; todo mi ser se llena de confianza”. (Salmo 16:8, 9)

Su presencia te salva de todo mal. “Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas”. (Isaías 43:2)

Es por eso que podemos vivir libres del temor, ya que nuestro Buen Pastor está con nosotros siempre.