Comenzar un ministerio sirviendo a Dios con 603,550 varones sin contar mujeres y niños, debe ser uno de los más grandes desafíos que un líder puede tener a lo largo de su vida. Ese fue el “trabajo” que Dios le encomendó a Moisés. Hubo varios momentos en que la paciencia de este siervo de Dios fue probada en su máxima expresión.
Una de ellas la narra el libro de Números en el capítulo 20, cuando el pueblo se quejó por falta de comida y agua y acusaron a Moisés y a su secretario ejecutivo, Aarón, de haberlos sacado al desierto para que murieran. Cabe mencionar que en ese momento Moisés también estaba exhausto y tenía poca capacidad para controlar su ira y resentimiento.
Eso nos pasa a muchos líderes que olvidamos que para hacer “la obra de Dios”, necesitamos tener una “experiencia con Dios” todos los días. Es relativamente fácil desconectarnos, pero muy fácil pagar las consecuencias. Lee la escena una vez más:
…y el Señor le dijo a Moisés: «Toma la vara y reúne a la asamblea. En presencia de esta, tú y tu hermano le ordenarán a la roca que dé agua. Así harán que de ella brote agua, y darán de beber a la asamblea y a su ganado». Tal como el Señor se lo había ordenado, Moisés tomó la vara que estaba ante el Señor. Luego Moisés y Aarón reunieron a la asamblea frente a la roca, y Moisés dijo: «¡Escuchen, rebeldes! ¿Acaso tenemos que sacarles agua de esta roca?» Dicho esto, levantó la mano y dos veces golpeó la roca con la vara, ¡y brotó agua en abundancia, de la cual bebieron la asamblea y su ganado! El Señor les dijo a Moisés y a Aarón: «Por no haber confiado en mí, ni haber reconocido mi santidad en presencia de los israelitas, no serán ustedes los que lleven a esta comunidad a la tierra que les he dado». Números 20:7-12 NVI
Nota que Moisés está sirviendo al pueblo de Dios, solo que algo pasó, quizá por el desgaste de tantos años de ministerio, de décadas de fiel liderazgo, el caso es que Moisés se aparta de la comunión con Dios y toma el asunto en sus propias manos. Si notas la historia, se fue en contra del pueblo mismo. “Escuchen rebeldes…” Aquí, ya no se está apoyando en Dios, sino en sus propias habilidades de liderazgo. Inmediatamente después, golpea a la roca y milagrosamente vuelve a brotar agua en abundancia para el pueblo y para los animales. Literalmente millones de personas sacian su sed una vez más. El asunto es que Moisés y Aarón pagan un precio muy alto por esta acción fuera de la voluntad de Dios. Jamás podrán entrar en la Tierra Prometida.
Sería fácil culpar a Moisés por lo que hizo, pero si somos honestos, todos hemos terminado por “golpear la roca”. Yo mismo lo he hecho, no una, sino varias veces. Movidos por la frustración y el enojo, comenzamos a vivir el ministerio en nuestras fuerzas, y no en las fuerzas de Dios. Comenzamos a hacer nuestros planes, y luego vamos con Dios, si es que vamos, para pedir su bendición sobre lo que hemos planeado por nuestra parte. De repente nos volvemos duros con las personas que nos rodean y comienzan a notar que algo no está bien en nosotros.
Este eso el momento en que debemos considerar las palabras de Pablo cuando escribió: Todo eso sucedió para servirnos de ejemplo, a fin de que no nos apasionemos por lo malo, como lo hicieron ellos. 1ª a los Corintios 10:6 NVI
Antes de que te sientas vagando por un desierto en medio de tu liderazgo, quizá es momento de que intentes regresar a lo esencial para los que servimos al Señor: Nuestra relación personal con él.
Pareciera mentira que a los pastores y líderes se nos tenga que estar recordando que no podemos hacer el ministerio, ni ejercer nuestro liderazgo, fuera del poder de Dios. Jesús mismo así lo enseñó: »Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada. Juan 15:5 NVI
Así que, ¿cuándo fue la última vez que tomaste las cosas en tus propias manos en tu liderazgo y «golpeaste la roca»? ¿Cuál «tierra prometida» podrías estar sacrificando ahora mismo? Cualesquiera que sean los puntos específicos de tu situación, te puedo asegurar que las primeras cosas que van a desaparecer serán el gozo y la paz que da Jesús.
Haz de tu tiempo con Dios una muy alta prioridad. Recuerda que una cosa es “la obra de Dios” y otra muy diferente es no perder nuestra relación vital con el “Dios de la Obra”.
Que nos ayude a permanecer en Su presencia todos los días de nuestra vida.
Pastor Gary César
