La lucha que nos cambia

¿Por qué Dios nos deja luchar?  Esta es una pregunta común que la gente hace, sobre todo cuando está sufriendo. Otra manera de hacer esta pregunta y que seguramente te sentirás más identificado con ella es: “Si Dios es un Dios tan amoroso, ¿por qué permite que pasen cosas malas?

Hace mas de dos mil años el apóstol Pedro escribió las siguientes palabras: “Queridos hermanos, no se extrañen del fuego de la prueba que están soportando, como si fuera algo insólito. (1ª de Pedro 4: 12 NVI)

Él sabía bien de primera mano el asunto del sufrimiento y de las pruebas, ya que él mismo fue perseguido, probado, falló miserablemente y tuvo que luchar en medio de dudas y miedos personales para poder progresar.

Su consejo deja claro que todos, absolutamente todos, tarde o temprano chocamos con algún surco, y esto nos produce retrasos con los cuáles batallamos mucho. Según Pedro, no debes considerar estas cosas como “extrañas”. No es para nada anormal. Es algo que todos experimentamos. Las luchas y los problemas en la vida son inevitables. Ya sean dificultades financieras, problemas de salud o relaciones destruidas, lucharemos, eso está garantizado.

Hay algo que debemos tomar muy en cuenta, es que no es la lucha en sí lo que nos retrasa. Yo mismo he experimentado momentos fuertes de lucha y he aconsejado a cientos que han atravesado eventos devastadores y tiempos de dolor. He visto que de esos mismos eventos unos salen mejorados y otros salen amargados. ¿Cuál es la diferencia? No es la lucha lo que determina tu éxito o fracaso. No es lo que haces durante ella. Aunque a Dios le importa mucho lo que estás atravesando, está infinitamente más preocupado, ¡POR LO QUE ESTÁS PERMITIENDO QUE ATRAVIESE POR TI!

Muchos seguramente nos hemos preguntado si no hay acaso una clase de pastilla que podamos tomar para ayudarnos a salir de la lucha personal, alguna manera para escabullirnos de las exigencias de la vida. A menudo nos gustaría que nuestras luchas fuesen removidas. Pero ten cuidado con lo que deseas, porque puede que lo obtengas.

Si eliminas de tu vida la lucha, también evades mucho de lo que trae carácter y profundidad en tu vida. No sé si sabías este dato. De acuerdo a los científicos, el pollito bebé debe picotear, abriéndose camino para salir fuera del cascarón. Si alguien tomase el cascarón del pollito bebé y se lo quebrara para “ayudarle” en el proceso de nacimiento, este moriría. El sistema circulatorio del pollito se activa y se desarrolla cuando lucha por salir del cascarón. Si se le quita la lucha, también se le quita la habilidad de desarrollarse. Lo mismo pasa contigo y conmigo.

Uno de los mejores salones de clase para desarrollar el carácter es la lucha. Esta provee lecciones que traen profundidad a nuestras vidas. Sin la lucha, nos faltaría el programa diseñado por Dios para desarrollar los músculos del carácter. Debemos estar dispuestos a experimentar la lucha por el bien de nuestro crecimiento.

A lo largo de mi caminar con Dios, he visto con claridad que él usa el sufrimiento para una variedad de enseñanzas altamente valiosas. Entre mejor comprendas estas valiosas enseñanzas, mejor comprenderás los procesos por los que Dios nos permite vivir para que, lo más pronto posible, podamos salir del fondo de la experiencia dolorosa, completamente transformados y renovados.

 Piénsalo…

Libertad…el poder para hacer lo correcto

“Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado; porque el que muere queda liberado del pecado.” (Romanos 6:6-7)

Tengo que explicar esto porque la mayoría de la gente tiene una visión limitada, en realidad bastante inmadura de la definición de libertad.

Mucha gente piensa que la libertad significa que “no hay reglas”. Eso no es libertad. 

Siempre me he reído de los muchachos que dicen: “No puedo esperar hasta que me gradúe, porque entonces voy a ser libre de mis padres y toda su autoridad.” Te digo algo: ¡Tú siempre tendrás autoridad sobre ti en tu vida! Hay que acostumbrarse a ella. Puede ser un jefe, puede ser el gobierno. Pero vas a tener que servir a alguien, en algún momento. Nadie tiene una vida ilimitada. Hay limitaciones en todos los ámbitos de la vida.

Hay personas que piensan que la libertad significa que no hay fronteras, ni límites, ni reglas, ni normas, ni restricciones, ni límites.

Permítanme explicar esto muy claramente: la libertad no es ausencia de límites. La libertad es el poder de Dios que por su gracia nos permite decir: SI O NO. Poder para decir sí a las cosas correctas y para decir no a las cosas que estropean tu vida. La libertad es algo más que restricciones y limitaciones rotas. La libertad es el poder de hacer lo correcto, el poder de hacer lo que es bueno, el poder de dejar de hacer uno mismo, las cosas destructivas que te gustaría quitar de tu vida. 

La libertad es mucho más positiva, y mucho más poderosa que simplemente no tener límites.

Escucha esto: Si no tienes el poder de decir no, hay una palabra para eso. Se llama “adicción”. Si además tienes obsesiones y compulsiones a las que no puedes decir no, entonces no conoces para nada el poder de la libertad plena. 

Tú necesitas a alguien que te libere de ti mismo. Seguro que hay cosas de ti mismo que no te gustan que has tratado de cambiar y no puedes. Porque si pudieras lo harías.  Quizá digas: “No me gusta estar preocupado todo el tiempo, pero no sé cómo evitarlo”. “No sé por qué digo estas cosas que me avergüenzan, pero no sé cómo detenerlo”. “¿Por qué pierdo los estribos con la gente que más amo? Yo no quiero hacer eso, pero no puedo evitarlo”. No quiero tener miedo y no quiero estar nervioso o no quiero estar ansioso.” “Yo no quiero estar estresado todo el tiempo pero lo estoy”. ¿Cómo puedo evitarlo? “Me gustaría ser más paciente, pero no se cómo”. “Me gustaría ser más organizado, pero por más que lo intento, no sé como hacerlo.”

Hay un montón de cosas que seguramente no te gustan de ti mismo. Entonces la mejor manera de tratar con ellas es encubrirlas. Uno trata de que parezca que no es gran cosa, aunque es una gran cosa para ti. Tú no tienes el poder para detenerlo. No tienes el poder para decir no. ¿Sabes por qué? Porque ese tipo de poder sólo proviene de Dios. 

La Biblia habla mucho sobre esto. En Romanos dice: “Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado; porque el que muere queda liberado del pecado.” (Romanos 6:6-7)

¿Qué significa eso? ¿Quiere esto decir que no pecas más? Obviamente, no. Yo peco todo el tiempo y tú también. ¿Así que, qué está diciendo Pablo cuando escribió estas palabras? Está diciendo que ahora tengo el poder para no hacerlo. Antes de Cristo yo no tenía ningún poder. Era yo sólo contra mis adicciones, contra mí mis hábitos, contra las cosas de mi que no me gustan. 

Esto es lo que te hace diferente de los animales. Los animales no tienen la capacidad de desobedecer a sus instintos. Eso es lo que los convierte en animales. Los animales no pueden tomar decisiones morales. Los animales se guían por los instintos. 

¿Qué te hace un ser humano hecho a imagen de Dios? Tú tienes el poder de decir no. No se trata de un poder por tu propia cuenta. Es un poder que Dios te da por su gracia y eso es libertad.

Recordemos las palabras de Pablo a la iglesia de Galacia: “Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud.” (Gálatas 5:1)

Pastor Gary César

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Decepción

¿Quienes no hemos experimentado esta sensación de sentirnos golpeados por el puño certero de una decepción dolorosa?

La decepción es una poderosa fuerza destructiva que puede dejarnos atrapados en un momento a través del cual filtramos e incluso perdemos experiencias futuras. Es una fuerza que debemos enfrentar y superar para vivir una vida llena de fe abrazando lo inesperado.

Jesús siempre camina con nosotros a través de nuestra decepción. A través de nuestras penas. Llevándonos a recuperar nuestra maravilla. Llevándonos a algo mejor por delante. Él es quien nos ayuda a recordar que, aunque nos sucedió a nosotros, no significa que se tratara de nosotros. Quiere que sepamos que la decepción es un lugar por el que pasamos, nunca un lugar donde nos quedamos.

Cuando las decepciones ocurren repetidamente, nuestros corazones pueden enfermarse y nuestros pensamientos pueden oscurecerse. Ahí es cuando el enemigo puede entrar y robar lo último de nuestra esperanza. Ahí es cuando la duda y la incredulidad pueden superar lo que queda de nuestra fe.

La clave para salir adelante de nuestras decepciones en una fe inquebrantable en las maravillas promesas de Dios. Es bueno saber que las promesas no tienen fecha de vencimiento como las licencias de conducir, los pasaportes o las visas. Desde que Dios las pronuncio, están vigentes para ti y para mi. Esto significa que Dios siempre cumplirá sus promesas para sus hijos. ¿No te alegra saberlo? No importa la terrible decepción que hayas y estés pasando ahora mismo, lo que importa es que pongas tus ojos en Aquel que puede hacer mucho más de lo que puedes pedir o imaginar.

“Mantengamos firme la esperanza que profesamos, porque fiel es el que hizo la promesa.” Hebreos‬ ‭10:23‬ ‭NVI‬‬

Elévate #SorprendidoPorSuGracia #NoEstásSólo #DiNoALaDecepción.

¿Exhausto?

Nadie sería juzgado si a un año de la pandemia se siente cansado, deprimido, triste o simplemente exhausto. Los desafíos que todos hemos vivido en estos meses han sido realmente inusuales. Mantenernos a flote y continuar con nuestra vida, a pesar de todas las pérdidas que hemos experimentado, no es asunto fácil. Tanto hombres como mujeres, niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos, todos hemos sentido la fatiga de un año complejo. Eso, sin saber exactamente qué sigue. 

En mi caso, jamás había experimentado tal cantidad de trabajo, llamadas, reuniones, mensajes, estudios, consejerías, etc., como en el año pasado y en lo que va de este. No sé tu caso, pero me imagino que andamos más o menos igual. Amigos entrañables que han pasado por momentos muy difíciles, tanto en lo laboral, como en las relaciones personales y ni hablar de profundos problemas de salud. Así que, si te sientes abrumado, cansado y sin fuerza, no eres el único, créeme. 

Por otro lado están las circunstancias que nos rodean, sobre las que en realidad no tenemos mucho control, tales como el clima político actual, la falta de sabiduría en el manejo de la pandemia y del proceso de vacunación, así como la inseguridad, la incertidumbre económica, etc., creo que puedo decir que en algún grado, tu vida también ha sido desafiante.

En esta semana de Pascua, quiero que hagamos un esfuerzo especial para poner nuestros ojos en EL ÚNICO que realmente puede ayudarnos y capacitarnos para seguir enfrentando las demandas del diario vivir. 

Jesucristo es el ejemplo perfecto de qué hacer y cómo actuar en un mundo golpeado y herido. 

Primero, él preguntó a Dios si las circunstancias podrían cambiar. El clamó a su Padre Celestial. De igual manera yo siempre hago una petición similar, pido que los problemas de mi vida desaparezcan. Pero Cristo también me recuerda la belleza de obedecer fielmente aun en las más difíciles circunstancias. Cristo hizo peticiones a su Padre y después siguió adelante tal y como se le dijo. Mi oración es que tú y yo podamos hacer lo mismo.   

Segundo, Jesús nos enseña la grandeza de ministrar a otros en medio de su dolor. Podemos ver que aun estando colgado de la cruz, Cristo buscó darle ayuda y paz al criminal que estaba a su lado. De la misma manera le dio palabras de aliento a su madre en ese mismo momento y pidió a sus discípulos que cuidaran de ella. En las profundidades del sufrimiento, Jesús mostró compasión y bondad. Yo oro para que aun en medio del dolor, tú y yo podamos seguir su ejemplo.

Tercero, en sus últimas palabras, Cristo oró por aquellos que le perseguían, pidió a Dios que los perdonara aunque ellos lo habían puesto en esa cruz. Este tipo de perdón es muy difícil de comprender para mí y creo que para ti también. Parte del cansancio en nuestra vida tiene que ver con relaciones tensas y difíciles que tenemos con las personas que nos rodean, y en medio de esta pandemia, los más cercanos han sido nuestra propia familia. Enojarse y contrariarse con alguien del trabajo, jamás se comparará con el dolor de estar distanciado con alguien que vive bajo mi mismo techo. Es por eso que procuro ver a Jesús, y cuando observo que él tuvo el coraje de perdonar a personas crueles, burlonas, sádicas y asesinas, ¿quién soy yo para retener mi perdón a aquellos que me han lastimado? Mi oración es que tú y yo podamos perdonar de la misma manera que él lo hizo.

Cuarto, en medio de mi fatiga, exceso de trabajo, y exigencias de todo tipo, se me hace difícil poder ver más allá de mis circunstancias, pero la muerte y resurrección de Cristo me inspira y llena de fortaleza cuando yo mismo quiero claudicar. 

Jesús resucitó y venció a la muerte tan solo tres días después de la cruz. Los hombres y mujeres que lo vieron morir pensaron que era el fin, que ya no había esperanza, y solo puedo pensar en el hecho de que tres años y medio de enseñanza, ministerio y certidumbre, simplemente se habían ido por el caño. No sé tú, pero a menudo me identifico con este grupo íntimo de Jesús y lo que experimentó la última parte del viernes, todo el sábado y la madrugada del domingo. La propia desesperación al pensar que habían perdido a quien ellos habían llamado Mesías. 

Pero algo realmente maravilloso y sorprendente pasó, simplemente Jesús los sorprendió. Él tuvo la victoria final y por siempre venció al pecado y a la muerte.  

Por eso en esta Pascua, aunque estés arrastrándote para seguir adelante con tu vida, te invito a que no pierdas de vista a Jesús. Aquí su ejemplo: 

  • Jesús oró para que las circunstancias cambiaran. Yo también lo puedo hacer.
  • Jesús ministró a otros en su sufrimiento. Yo también puedo.
  • Jesús oró por aquellos que lo abusaron. Yo también puedo.

Pero lo más glorioso es que Jesús resucitó trayendo victoria y salvación para el mundo, para que yo pueda tener vida y esperanza en medio de todo el sufrimiento.

Es gracias a la resurrección de Cristo, que simplemente tú y yo tenemos que seguir adelante, pase lo que pase. Jamás darnos por vencidos. Esta pandemia nos enseñó, entre otras cosas, lo débiles y vulnerables que somos. Pero también me enseñó que en Jesús puedo ser fuerte. Que el mismo poder que levantó a Jesús de entre los muertos, está disponible para ti y para mí. 

Así que hagamos algo, mientras yo oro por ti (todos los que están leyendo este blog), te pido que tú hagas lo mismo por mí. Oremos unos por otros, seguros de que, si Dios nos permitió la vida, es para vivirla para su gloria. Llenos de amor y esperanza, sigamos la senda que Él nos marcó. Como bien lo expresó el autor a los Hebreos:  

Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien, por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.

Hebreos 12:2 NVI

En Su amor, 

Luis Gabriel César 

Juicios equivocados y comparaciones necias.

A lo largo de mi caminar con Dios he notado con tristeza la facilidad que tienen los creyentes en hacer juicios sobre las personas, sin entender que jamás estamos en la posición de hacerlo porque nosotros mismos, no podemos evaluarnos correctamente.

Cuando leo el Evangelio, en muchas ocasiones Jesús condenó el hacer juicios a la ligera sobre los demás. En Mateo dice: “No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes. Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes.” Mateo 7:1-2 NVI

No obstante esta afirmación categórica del maestro, lo seguimos haciendo sin reserva y sin vacilación. Además, en estos tiempos que tenemos al alcance las redes sociales, es una tentación hacerlo en forma indiscriminada y lacerante, sin ni siquiera tener el valor de hablar con la persona señalada, sino que cobardemente lo hacemos a sus espaldas, sin saber que esto acarrea el justo juicio de Dios sobre nosotros.

Viene a mi mente el momento en que Jesús contó una parábola que, dice el evangelista, estaba destinada a las personas que confiaban en sí mismas como justas (Lc 18.9). En esa oportunidad, habló de un fariseo que, puesto en pie, oraba para sí de esta manera: «Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres…» Vamos a quedarnos con esta frase por unos minutos. Sin ni siquiera avanzar en la lectura del pasaje, en esta simple declaración (por cierto el hombre esta “orando” consigo mismo), ya detectamos algo errado en el planteo que hace este fariseo.

A sus ojos, lo que lo justificaba, era su propia conducta que, comparada a la de otros hombres, parecía ser excesivamente piadosa. Existen, sin embargo, dos errores fatales en su análisis.

El primero es que la evaluación de su propia vida la realiza él mismo. Desconoce el principio que ningún hombre es capaz de conocer acertadamente la realidad de su propia vida. Somos miopes en cuanto a nuestra propia persona. Recuerda como el salmista exclama: «¿Quién puede discernir sus propios errores?» (Sal 19.12). La respuesta está implícita en la pregunta: ¡nadie!

El segundo error está en compararse con otros hombres. Esto es algo muy propio de la cultura que nos rodea, un hábito que nos ha sido enseñado de muy pequeños. Nacimos compitiendo con nuestros hermanos, fuimos introducidos en un sistema educativo que perpetuó el sistema de competencia, y luego salimos a un mercado laboral donde la competencia pareciera un elemento indispensable para sobrevivir. Para poder avanzar en cada etapa creímos necesario saber continuamente cómo se comparaba nuestra vida con la de los demás.

El problema principal con la comparación es que nosotros escogemos con quien compararnos. Inevitablemente, las comparaciones las realizamos con aquellas personas que más favorablemente nos van a dejar parados.

Para ver si somos generosos, nos comparamos con los que nunca dan. Para saber si somos pobres, nos comparamos con los que más tienen. Para ver si somos trabajadores, nos comparamos con los más holgazanes. Para ver que somos impecables, nos comparamos con los que han fallado. De esta manera, las comparaciones nunca nos dejan un cuadro acertado del verdadero estado de nuestra vida.

Pablo afirma que los que han caído en comparaciones, carecen de entendimiento. Lee detenidamente lo que escribe la pluma de Pablo: “¡Ah, no se preocupen! No nos atreveríamos a decir que somos tan maravillosos como esos hombres, que les dicen qué importantes son ellos pero solo se comparan el uno con el otro, empleándose a sí mismos como estándar de medición. ¡Qué ignorantes!” 2 Corintios 10:12 NTV

La obra de cada uno tendrá que ser evaluada sola, sin más puntos de referencia que los parámetros eternos establecidos por Dios mismo. En el momento en que nos presentemos delante de su trono, no podremos señalar las debilidades de los demás para que nuestras propias flaquezas no parezcan tan importantes.

Es importante, entonces, que nosotros no seamos los protagonistas de nuestra propia aprobación, sino que permitamos que Otro haga una evaluación más acertada de nuestra persona.

Pablo termina este pasaje con palabras que deben conducirnos hacia la reflexión: «Pero el que se gloría, gloríese en el Señor. No es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien el Señor alaba» (2 Co 10.17–18).

Te invito que que vivamos de tal manera que el Señor mismo sea el que nos alaba.

Pastor Luis Gabriel César

Poder que transforma

Que nunca te abandonen el amor y la verdad: llévalos siempre alrededor de tu cuello y escríbelos en el libro de tu corazón. (Proverbios 3:3)


Desde hace muchos años estas dos palabras han taladrado mi corazón al punto de quedar tatuadas en mi vida personal, familiar y de ministerio. De por sí, cada palabra por separado tiene una fuerza extraordinaria. Si las abrazamos y dejamos que toda nuestra vida sea dirigida por ellas, podemos provocar cambios realmente significativos, no solamente en nuestra vida, sino en la vida de todos los que nos rodean.

Estas dos palabras son: amor y verdad.

La exhortación del rey Salomón implica “aferrarse” a la verdad y revelarla. Hoy como nunca, nuestra sociedad vive lo que llamaría “El país de Pinocho”. Todo el mundo miente. El daño, no lo vamos a lamentar, ya lo estamos viviendo en carne propia. Si la confianza es la base de todo tipo de relación, y la confianza está basada en la verdad, luego entonces, las relaciones están pendiendo de cuerdas muy débiles. La verdad es tan importante que Jesús mismo la personalizó cuando dijo: “Yo soy la verdad”. Lo contrario a eso es la falsedad y la mentira.

Curioso es notar que una de las descripciones que la Biblia hace del enemigo de nuestra alma, es que es el padre de mentira, porque ha sido mentiroso desde el comienzo. Raro ¿no?, “padre de mentira”. Pudo haberse descrito como “padre del homicidio” o “padre del robo”, o “padre del adulterio”, etc. pero no, la Biblia lo describe como “el padre de mentira”, es la antítesis de quien es Dios y Su Hijo Jesucristo.

Entonces, si en verdad queremos una vida basada en un fundamento firme, no debemos permitirnos que la verdad nos abandone. Pero eso no es todo, sigue conmigo por favor.

Nota que el texto que estoy citando marca junto a la verdad, lo que yo llamaría “un hermano gemelo”, es decir “el amor”. Repásalo otra vez: Que nunca te abandonen el amor y la verdad: llévalos siempre alrededor de tu cuello y escríbelos en el libro de tu corazón.

Para ser como Cristo, no debemos abandonar, ni la verdad, ni el amor. Vé como lo expresa la Palabra en Efesios 4:15: En cambio, hablaremos la verdad con amor y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo, quien es la cabeza de su cuerpo, que es la iglesia.

“Verdad” y “amor”. Necesitamos aprender el arte de “decir la verdad en amor”. Esta combinación de verdad mezclada con bondad amor y gracia, da a nuestras palabras UN PODER TRANSFORMADOR. Una sin la otra pueden ser mortales.

Aquellos que desparraman la verdad sin amor, tratan brutalmente a los demás. Logran que surja la verdad en las situaciones, es cierto, pero también dejan muchos heridos en el trayecto.

Por otro lado, están los que emanan bondad, amor y gracia, pero nunca combinan las palabras tiernas con verdades difíciles. Van dejando entonces una estela de sentimentalismo carente de sustancia y fuerza.

Por eso, estos dos versos de la Biblia, tanto del Nuevo, como del Antiguo Testamento, nos ofrecen el antídoto tanto para la brutalidad, como para el sentimentalismo.

Te animo en este año que estamos comenzando a apasionarte en hablar siempre la verdad, pero siempre, sumerge tus palabras en el espíritu de bondad, amor y gracia.

Ps. Luis Gabriel César I

Twitter@garycesar

Indispensable

En Proverbios 13:18 dice: El que desprecia la disciplina sufre pobreza y deshonra; el que atiende la corrección recibe grandes honores.

Para cada oficio y profesión existen elementos sustanciales o indispensables con los que se debe contar para ser experto. Si hablamos de un carpintero, sería imposible que pudiera trabajar sin su martillo. Un albañil no podría realizar su trabajo sin su cuchara. El cirujano no podría ser exitoso sin su bisturí. Si quieres estudiar las estrellas, es indispensable un telescopio. Para un pastor, la tarea de hacer la obra del ministerio sería imposible sin una Biblia. 

Así que, en todas las profesiones y oficios hay elementos indispensables para ser exitosos. 

Para el comienzo del Año Nuevo, es decir 2021, y teniendo como antecedente este inusual 2020, considero que hay una herramienta “indispensable” para hacer el año que viene una mejor experiencia de vida. ¿Su nombre? Simple: “disciplina”.  Sin ella no podemos tener una vida fructífera y satisfactoria. Lo bueno es que está al alcance de todos. 

Fue muy sabio Salomón cuando escribió: El que desprecia la disciplina sufre pobreza y deshonra; el que atiende la corrección recibe grandes honores. (Proverbios 13:18)

Si bien la pobreza y la vergüenza pueden manifestarse de muchas formas, el ignorar la disciplina siempre se muestra en una vida que se desliza hacia la ruina. Si no tomamos la disciplina con seriedad, nos perjudicamos a nosotros mismos. 

Para muchos de nosotros la simple palabra “disciplina” implica notas negativas. Como el niño que es castigado cuando se portó mal, o el soldado que arrestan por no haber cumplido con cierta orden de su superior. Algunos más creen que la disciplina es un mal necesario. Como si fuera un esquema opresivo de rutinas rígidas y privaciones cotidianas impuesto por alguna fuerza que tiene como objetivo hacer nuestra vida miserable y triste.

Por supuesto que esto no tiene nada que ver con la disciplina. Piensa en un maratonista. Para cumplir su objetivo de completar exitosamente una carrera tendrá que disciplinarse al punto de correr hasta 250 kilómetros por mes (por lo menos), ya que de otra manera, sin este proceso disciplinario, no podría lograrlo. De hecho, cualquier deportista que esté leyendo esta reflexión, seguro estará de acuerdo conmigo en que la herramienta que se usa para desarrollar la fuerza, la velocidad y la resistencia es, sin lugar a dudas, la disciplina. 

Para este 2021 que estamos por comenzar quiero animarte a ver la disciplina como una aliada y como una herramienta indispensable para hacer que tu vida funcione. Sin ella sería imposible alcanzar las metas que tenemos en la vida.

Quiero compartir algunos consejos que te ayudarán a lograr tus metas de este Año Nuevo con la ayuda de la disciplina: 

  1. Apunta alto. Quizá algunos piensen que en estos tiempos no sería muy sabio tener metas desafiantes. La cuestión es que, si no tenemos metas desafiantes ¿De qué serviría la disciplina? ¿Por qué pagar el precio, si no es necesario? Piensa por favor, si tus metas las dejas en el rango de conservadoras, jamás necesitarás la disciplina como aliada, más bien lo que tendrás que hacer es solamente “deslizarte” hacia el cumplimiento de la meta. No lo hagas. Recuerda que jamás crecemos en las cimas de la vida, sino en los valles. Si las metas son altas, la disciplina se vuelve necesaria. Si quieres crecer a tu más alto potencial en la vida, tendrás que echar mano de la disciplina. 

Vamos a ponernos más precisos. Si deseas ser un mejor cónyuge, un mejor hijo, un mejor padre, un mejor profesionista, etc., y quieres honrar a Dios y bendecir a quienes te rodean, entonces, tendrás que recurrir a la disciplina.

Pregunta a todo actor, músico, escritor, atleta, vendedor, dueño de empresa, maestro, artesano, etc., si tuvieron que ser disciplinados, seguro la respuesta será afirmativa. 

Perseguir nuestros sueños y alcanzar estas metas, requerirá de nosotros un gran esfuerzo.

  • Difiere la gratificación. La gratificación diferida se define como disponer los sufrimientos y los placeres de la vida de tal manera que nos aseguremos la temporada de placer después de haber encarado y completado la etapa de sufrimiento. 

Eso me hace pensar en todos los que están por concluir su formación profesional. Muchos quizá se pregunten por qué tantos exámenes y trabajos durante la universidad, pero con el paso del tiempo se dan cuenta de que todo ese esfuerzo valió la pena. No fue inmediato, tomó su tiempo. De la misma manera sucede cuando obtienen su primer trabajo. Para muchos es frustrante que, después de tanto estudio, los contraten para responsabilidades por debajo de su potencial y lo peor, con un sueldo por debajo de lo que sus padres pagaban incluso de colegiatura.

Sin embargo, la disciplina te permite ver estos tiempos como una inversión a largo plazo. Ya llegarán los tiempos en los que tengamos un trabajo que nos apasione, y una remuneración adecuada con nuestra preparación y esfuerzo. Sé también que algunos de los que están leyendo este trabajo ya están disfrutando de su jubilación, resultado del arduo trabajo de años y años de esfuerzo y disciplina. 

Es cierto que no sabemos lo que sucederá en el futuro, pero lo que sí estoy seguro es que la gratificación diferida  es el mejor recurso que tenemos para  vivir de manera responsable delante de Dios. 

  • Mantente íntegro. En Proverbios 5:7-8 dice: Pues bien, hijo mío, préstame atención y no te apartes de mis palabras. Aléjate de la adúltera; no te acerques a la puerta de su casa.

Ayudará mucho echar mano de la disciplina porque cualquier tropiezo moral puede echar todo abajo sin remedio. El mismo rey Salomón escribe: ¿Puede alguien echarse brasas en el pecho sin quemarse la ropa? ¿Puede alguien caminar sobre las brasas sin quemarse los pies? (Proverbios 6:27-28 NVI )

Todos quisiéramos sabernos invulnerables a la tentación y al pecado. Pero parte de la madurez será comprender y controlar nuestras vulnerabilidades. Cuando lo hacemos reconocemos cuán importantes serán nuestras decisiones críticas. Cada uno de nosotros tenemos en nuestro interior una colección secreta de tendencias negativas. Aquí nadie se salva. Sin embargo, eso no impide que podamos vivir con integridad, siempre y cuando seamos lo suficientemente disciplinados como para tomar las decisiones importantes a la luz de lo que Dios espera de cada uno de nosotros.   

Termino con una poderosa declaración del autor de la carta a los Hebreos, que escribió con relación a la disciplina: 

Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella. (Hebreos 12:11 NVI)

Así que, para comenzar este 2021, como decía el comercial de cierta tarjeta de crédito: “No salga sin ella”. Bueno,  mucho mejor es que hagas de la disciplina tu aliada indispensable. 

Pastor Luis Gabriel César I

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Enorme desafío

“»¡Amen a sus enemigos! Háganles bien. Presten sin esperar nada a cambio. Entonces su recompensa del cielo será grande, y se estarán comportando verdaderamente como hijos del Altísimo, pues él es bondadoso con los que son desagradecidos y perversos.” Lucas‬ ‭6:35‬ ‭NTV‬

Cuando estás en medio de un problema relacional, regularmente hay otras personas involucradas que incidieron en el mismo y por lo general, tus sentimientos se alteran negativamente en contra de estos. Si antes había en tu corazón amor, admiración, inspiración o respeto, ahora sientes decepción, engaño, abandono o, en algunos casos odio, rencor, venganza, entre otros.

El amor verdadero juega un papel importante para liderar tu vida, ya que tus sentimientos negativos bloquean tu mentalidad y tus pensamientos reflexivos. La gracia nace cuando haces algo por otra persona, aunque no es lo que deseas en el momento.

Cuando tienes sentimientos negativos encontrados contra alguien, ya sea porque te hizo algo o le hizo algo a otra persona que quieres, sueles actuar en proporción a ese malestar. Sin embargo, desarrollar madurez por medio de la gracia de Dios te lleva a actuar en el lado contrario. Te lleva a realizar un gesto desinteresado y puro a favor de esa persona, basado en amor y perdón.

Esto es lo que enseño Jesús cuando dijo: “…se estarán comportando verdaderamente como hijos del Altísimo, pues él es bondadoso con los que son desagradecidos y perversos.”

Que gran desafío de parte de nuestro Dios.

#Hagámoslo #ConexionesVitales

Resiliencia

“Pelea la buena batalla por la fe verdadera. Aférrate a la vida eterna a la que Dios te llamó y que declaraste tan bien delante de muchos testigos.” 1 Timoteo‬ ‭6:12‬ ‭NTV

Resiliencia se refiere a esa capacidad que tienen las personas de sobreponerse en momentos difíciles y adaptarse luego de vivir alguna situación inusual e inesperada. Quien pasa por un proceso y decide quedarse estancado sin aferrarse a la fe y esperanza no hace uso de la resiliencia. Esta aptitud solo pueden desarrollarla personas que luego de pasar el duelo del proceso toman acción para superar la adversidad y piensan cómo forjar el mañana.

El mejor ejemplo de ello es nuestro Señor Jesús. Pidamos de todo corazón esta capacidad que sólo puede venir del Santo Espíritu de Dios.

“Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe. Debido al gozo que le esperaba, Jesús soportó la cruz, sin importarle la vergüenza que esta representaba. Ahora está sentado en el lugar de honor, junto al trono de Dios.” Hebreos‬ ‭12:2‬ ‭NTV‬