Cuidado con el resentimiento

Tratar que una mala relación personal se convierta en buena, requiere una gran dosis de iniciativa y coraje personal. Debemos reconocer que es necesario hacerlo para iniciar el proceso de reconciliación. Tal vez estamos tentados a posponer cualquier aspecto que se refiera a esa relación, pensando que necesitas esperar algún tiempo. El autor de Hebreos explicó el daño de no resolver inmediatamente esta situación. 
En Hebreos 12:15 dice: “Cuídense unos a otros, para que ninguno de ustedes deje de recibir la gracia de Dios. Tengan cuidado de que no brote ninguna raíz venenosa de amargura, la cual los trastorne a ustedes y envenene a muchos.” 

El autor nos exhorta a no permitir que ninguna raíz venenosa de amargura brote de nuestro corazón, porque existen tres peligros si lo hacemos y no atendemos este consejo de la Palabra de Dios: 

 Nos cerramos a la gracia de Dios.

 Endurecemos nuestro corazón.

 Y el resentimiento puede crecer en nuestro corazón y contaminar a muchos.

Si pospones la iniciativa de mejorar una relación quebrantada, la raíz del resentimiento comenzará a crecer. ¿Has conocido alguna persona resentida? Puedes estar seguro que el problema comenzó por la falta de perdón y el resentimiento, que crecieron hasta consumir la personalidad y entonces comenzó a contaminar a los demás. El resentimiento puede consumirte y acabar con tus energías. Si actúas rápidamente, la energía malgastada en el resentimiento que produce una relación quebrantada puede ser canalizada en otras áreas. El espíritu de reconciliación debe ser una marca distintiva de los creyentes. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. 

En cambio, sin vas a Dios en oración, le pides perdón por tu resentimiento, le pides que te ayude a perdonar a la persona o personas que te dañaron, te llenas de Su Santo Espíritu, entonces te alejarás de vivir en amargura de corazón, y serás un maravilloso canal de bendición y restauración. Sé que el camino no es fácil, y lo digo por propia experiencia, pero cuando lo hacemos (aunque duela), encontraremos una inconmensurable fuente de gracia, amor y aceptación de parte de Dios. 

Recuerda que la persona que tiene resentimiento en su corazón, es semejante a la persona que esta bebiendo veneno, esperando que le haga mal a su ofensor. 

Seamos parte del gran ministerio de reconciliación que el mismo Dios comenzó en nosotros. 

Piénsalo…

No dueños, sino siervos

El apóstol Pedro escribió la siguiente advertencia a todos los pastores y líderes de iglesias: «Cuiden del rebaño que Dios les ha encomendado. Háganlo con gusto, no de mala gana ni por el beneficio personal que puedan obtener de ello, sino porque están deseosos de servir a Dios. No abusen de la autoridad que tienen sobre los que están a su cargo, sino guíenlos con su buen ejemplo. Así, cuando venga el Gran Pastor, recibirán una corona de gloria y honor eternos.» (‭1 Pedro‬ ‭5‬:‭2-4‬ NTV)

El asunto del «llamado de Dios» desafortunadamente se ha convertido en una opción laboral mas en nuestros días. Con mucha frecuencia vemos hombres y mujeres que supuestamente han recibido un llamado de Dios para servirle, cuando en realidad, al no tener mas opciones en el campo laboral o académico, sienten que, como consecuencia de ello, el Señor los está llamando. A mi me queda claro que el llamado al ministerio es uno de los asuntos más delicados que un ser humano enfrenta. La responsabilidad es altísima y no puede, en ninguna manera, reducirse a una opción laboral u ocupacional. También he observado que a menudo la gente no esta de acuerdo con lo que sucede en la iglesia de Cristo, entonces decide «abrir una propia», que se ajuste a sus gustos y preferencias, menoscabando con ello, que la iglesia es del Señor y no es el resultado de un anhelo personal. 

No hay duda que el apóstol Pedro vivió situaciones semejantes a las que estoy describiendo, si no, su advertencia no hubiera tenido cabida. Si analizamos el texto dice algunas verdades muy impactantes: 

  • El rebaño es de Dios. Dios ha encomendado esta tarea de cuidar o apacentar Su rebaño. No nos pertenece, sino que fue ganado con Su sangre preciosa. 
  • Debemos hacer el ministerio con agrado. Es fácil detectar la falta de llamado, cuando comenzamos a hacerlo en forma forzada o de mala gana. Hay muchos problemas en el ministerio y es fácil que perdamos el impulso, sobre todo cuando lo que nos tiene en el ministerio es una opción laboral, en vez de un llamado genuino. 
  • Sin obtener beneficio del mismo. Es fácil hoy en día, que veamos el ministerio mas como una fuente de recursos financieros, que una forma de gastar nuestra vida en el servicio al Señor. El siervo de Dios debe ver el ministerio como una forma de servir a Dios, no como una forma de servirse a sí mismo. Podría abundar mas sobre este tema, pero es de todos conocido el increíble abuso que se ha hecho de parte de personas sin escrúpulos que piensan que pueden lucrar del Evangelio, sin tener consecuencias. De Dios nadie se burla, cosechamos lo que sembramos. 
  • No siendo señores del rebaño. El rebaño no nos pertenece pero a menudo actuamos como si fuéramos los señores del mismo. Creo que este ha sido uno de los más grandes daños que ha recibido la iglesia de Cristo, cuando está liderada por personas sin escrúpulos que se sienten señores de la grey de Dios. Pedro dice que en vez de hacerlo con imposición, ejerciendo dominio, y mandando al rebaño, lo hagamos con un corazón disponible lleno de amor y ternura. Amorosamente firmes. En pocas palabras «siendo ejemplos». 

La promesa a quienes ejercen bien en ministerio es por demás preciosa: «Así, cuando venga el Gran Pastor, recibirán una corona de gloria y honor eternos.» 

Cuando una persona decide servir al Señor en el pastoral sin un llamado legítimo, todos lo lamentan. La persona experimenta mucha frustración por la falta de crecimiento y la innumerable cantidad de situaciones complejas que tiene que atravesar. La iglesia también sufre. Porque ser pastoreados por un individuo sin llamado legítimo conlleva mucho dolor y confusión. Y finalmente la obra del Señor lo resiente. Como alguien me comentó después de una conferencia de liderazgo: «Mire pastor, si la obra del Señor es poderosa, que ni siquiera los pastores hemos podido detenerla». Asi es, Dios estableció Su iglesia como una de las mejores ideas que pudo concebir su corazón. Aun asi, podemos hacer tropezar a otros cuando estamos en un lugar que no nos corresponde. 

No hay duda. Ser pastor de una iglesia es un privilegio inmerecido que requiere no un poco de nosotros, sino que lo exige todo.  El llamado no es una opción laboral u ocupacional, es la ineludible y permanente tarea de servir con temor y temblor al Señor de la mies, sin importar los complejos momentos por lo que se tenga que pasar. Bien lo decía el apóstol Pablo en 1a a Timoteo 5:22:  «Nunca te apresures cuando tengas que nombrar a un líder de la iglesia. No participes en los pecados de los demás. Mantente puro.» (‭1a a Timoteo‬ ‭5‬:‭22‬ NTV)

Sirvamos al Dios que nos sirvió primero. 

La falta de perdón es un acto de desobediencia

Es impensable que un cristiano decida voluntariamente no perdonar. Los que hemos sido perdonados por Dios mismo, no tenemos el derecho de negarle el perdón a nuestros semejantes, pecadores como nosotros. De hecho, las Escrituras nos ordenan, una y otra vez, perdonar en la misma forma en que hemos recibido el perdón. Así lo escribió Pablo:

«Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.” (Efesios 4:32)

Puesto que Dios nos manda perdonar a otros, negarse a hacerlo es un acto de directa desobediencia contra Él. En pocas palabras, negarse a perdonar es un pecado horrible. El perdón refleja el carácter de Dios. La falta de perdón, por lo tanto, es una impiedad alejada de Dios. Eso significa que la falta de perdón es una ofensa a Dios no menos grave que la fornicación o las borracheras o el divorcio, aunque algunas veces se considera más aceptable.

Como hijos de Dios, debemos reflejar su carácter, ya que en el momento de la salvación, nos es dada una nueva naturaleza que refleja en sí, la semejanza espiritual de Dios. De modo que el perdón es una parte integral de la nueva naturaleza del cristiano. Un cristiano que no perdona es una contradicción de términos. Cuando ves una persona que batalla para perdonar a los demás, es una buena razón para poner en duda que la fe de esa persona sea genuina.

Es claro para cada uno de nosotros que el perdón no llega fácilmente, aún siendo cristianos. Siendo honestos, muchas veces no perdonamos tan rápida y generosamente como debiéramos. Somos muy propensos a acumular ofensas. El perdón requiere que pongamos a un lado nuestro egoísmo, que aceptemos con gracia las ofensas que otros hayan cometido contra nosotros, y que no exijamos lo que creemos que se nos debe. Si vemos este asunto con calma, notaremos que todo esto va en contra de nuestras inclinaciones naturales y pecaminosas. Aún así, como nuevas criaturas, el Señor nos puede dar el poder y la gracia de perdonar en la manera en que Él nos ha perdonado: “… y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.” (Efesios 4:32)

En el amor perdonador de Jesús,

“Creyentes contradictorios»

Jonás es el vivo ejemplo de un creyente que tiene las respuestas correctas pero la actitud incorrecta. Cuando el profeta fugitivo “huía” de Dios, estando en el barco que, a su parecer lo ayudaría a evadir su llamado, en medio de la tormenta, sus compañeros de viaje le preguntaron quién era. Vemos el relato bíblico:  “Así que los marineros le reclamaron: —¿Por qué nos ha venido esta espantosa tormenta? ¿Quién eres? ¿En qué trabajas? ¿De qué país eres? ¿Cuál es tu nacionalidad? —Soy hebreo —contestó Jonás— y temo al SEÑOR, Dios del cielo, quien hizo el mar y la tierra”. (‭Jonas‬ ‭1‬:‭8-9‬ NTV)‬‬‬ ‬‬‬‬‬‬

¿Es increíble no? Jonás tenía las respuestas correctas. ¿Nacionalidad? Hebreo, lo que no era en realidad una gran pregunta, pero lo que me llama poderosamente la atención, es lo que dijo posteriormente, “…temo al Señor…” Sabemos que el temor a Dios implica una profunda reverencia y respeto por Su persona y atributos personales. Esta respuesta es realmente irónica. ¿De verdad Jonás tenía una profunda reverencia y respeto por el Dios, que según él, hizo el mar y la tierra? ¿No mas bien estaba huyendo de la presencia de Dios, evadiendo la orden concreta que había recibido de él? 

No sé porque esta historia me hizo pensar en mi mismo, y la vida de muchos creyentes que conocemos la Palabra de Dios, pero que estamos haciendo exactamente lo contrario a Su voluntad perfecta. Una cosa más que me parece inverosímil, es que Jonás sabía quien era Dios, dice que “está en el cielo”, por lo que sabía perfectamente que desde allí, podía contemplar al profeta escapadizo, y también dice que “hizo el mar”, medio que él estaba tratando de usar para evadir su responsabilidad. No me cabe la menor duda de que como creyentes, podemos tener las respuestas correctas, y sin embargo tener la actitud incorrecta, como en el caso de Jonás, una abierta rebelión a Su voluntad para nuestra vida.

Reflexiona detenidamente por unos instantes: ¿Qué te está pidiendo el Señor ahora mismo que hagas y sabiendo la respuesta, estás haciendo exactamente lo contrario? Todos sabemos el resto de la historia, Jonás paró en el vientre de un gran pez, que lo condujo al lugar donde el Señor lo había enviado. 

Hagamos de la congruencia una alta prioridad de vida, 

En Su amor, 

Zánganos en la divina colmena 

«Dios, de su gran variedad de dones espirituales, les ha dado un don a cada uno de ustedes. Úsenlos bien para servirse los unos a los otros. ¿Has recibido el don de hablar en público? Entonces, habla como si Dios mismo estuviera hablando por medio de ti. ¿Has recibido el don de ayudar a otros? Ayúdalos con toda la fuerza y la energía que Dios te da. Así, cada cosa que hagan traerá gloria a Dios por medio de Jesucristo. ¡A él sea toda la gloria y todo el poder por siempre y para siempre! Amén.” (‭1 Pedro‬ ‭4‬:‭10-11‬ NTV)

Uno de los secretos del crecimiento de la Iglesia de Cristo, tiene que ver con que cada miembro de la misma, asuma su rol en el ministerio. Según el apóstol Pedro, todo creyente, sin excepción ha sido dotado de por lo menos un don espiritual. Eso significa que, hemos sido capacitados por el Señor para ser útiles en Su obra. Demasiados creyentes llenan las bancas de los templos, sin la menor intención de ser usados por el Señor para el avance de Su Reino. Creo que llegó el momento de dejar de ser parte del ministerio de calefacción, es decir “calienta bancas”, para convertirnos en el ejercito de Dios capacitado y entrenado para toda buena obra. Bien decía Howard Hendricks, destacado pastor y conferencista cristiano, hablando de la iglesia de Cristo: “Hay demasiados zánganos en la divina colmena”. 

No existe nada mas hermoso dentro del ministerio cristiano, que observar a creyentes comprometidos poniendo al servicio del Señor los dones y las habilidades que han recibido de Él. Por otro lado, es emocionante ver a los pastores abriendo espacios de servicio, dejando que la iglesia asuma su responsabilidad y capacitando a los santos para la obra del ministerio. Una iglesia así, es un deleite a los ojos de nuestro Buen Dios. 

Me emociona ver como el apóstol Pedre concluye su exhortación:  «Así, cada cosa que hagan traerá gloria a Dios por medio de Jesucristo.» Si queremos dar la gloria a Dios, descubramos, desarrollemos y utilicemos los dones que hemos recibido de Su poderosa mano.

En el amor de Jesús el Señor, 

Las tres preguntas más importantes de tu vida

La vida está llena de desafíos y enormes cuestionamientos, pero hay tres que sobresalen por su importancia y su impacto a largo alcance. Debemos pedir una buena dosis de discernimiento porque, de la respuesta que demos a estas grandes interrogantes, dependerá el nivel de gozo y satisfacción que tendremos en la vida.

Las grandes preguntas son: ¿Con quién voy a vivir? La siguiente pregunta es, ¿De qué voy a vivir?, y la tercera es ¿Para quién voy a vivir? Las dos primeras preguntas van a determinar mucho del gozo o de la frustración que tendrás a lo largo de tu vida en este planeta. La tercera, no sólo tiene que ver con tu vida en esta tierra, sino con tu destino eterno.

Por un momento piensa por favor en la segunda gran pregunta: “¿De qué voy a vivir? No hay nada más enriquecedor y satisfactorio que vivir nuestras vidas haciendo lo que nos gusta y que encima de ello, tengamos la retribución económica al hacerlo. De hecho y en estricto honor a la verdad, dicha actividad, ni siquiera merecería el titulo de “trabajo”, sino más bien de “realización personal remunerada”. No siempre es fácil tener un trabajo donde estamos completamente satisfechos por lo que hacemos, pero cuando lo encuentras, se convierte en una de las bendiciones más grandes que podemos recibir de la bondadosa mano de Dios.

Nuestra oración al estar tratando de responder a esta importante pregunta, no sólo debe limitarse el punto de solicitar un trabajo por la remuneración, sino pedir al Señor, quien conoce nuestras habilidades y dones, que nos conceda un puesto donde, además de poner en práctica las habilidades, sabiduría y destrezas personales, seamos gratificados por el salario que nos permitirá, no sólo suplir nuestras necesidades, sino que nos permita compartir con quien tiene necesidad.

En el amor de Jesús,

Cristianos que cojean

Extraño título para una reflexión pastoral, pero es parte de una frase que completa dice: “Si quieres ser usado por Dios, vas a cojear el resto de tu vida…” Viene a mi mente la historia de Jacob, con su lucha con el ángel en Peniel, ¿recuerdan la historia? La bendición de Dios no se hizo esperar, sino que después de que Jacob se esforzó para recibir esta anhelada bendición, luchando hasta que rayaba en alba, el ángel le preguntó: ¿Cuál es tu nombre? A lo que Jacob respondió: “Jacob” que significa usurpador. Y el ángel le dijo: “Ya no será tu nombre más Jacob, sino Israel…” ¿Qué bendición, no creen? Pero no todo quedó allí, sino que el ángel toco su cadera, y ésta se descoyuntó y entonces fue evidente la lucha que Jacob había tenido con el ángel.

De la misma manera sucede con nuestra relación con Dios. Si de verdad queremos ser usados por él, entonces, él va a tocarnos, y esto va a ser evidente a todos. La pregunta sería: ¿Cuáles son las evidencias del toque de Dios en tu vida? Los que te conocen ¿pueden hablar de cambios en ti? Si es así, felicidades, pero ¿qué de cambios recientes? Si, porque es evidente que cuanto Cristo Jesús llega a nuestra vida, la transforma, pero no solo ese día, sino que los cambios son frecuentes, llegando a tener una vida en constante cambio y madurez. Bien lo expresó Pablo cuando escribió: «Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva.»  (Filipenses 1:6 NTV) Maravilloso, ¿no creen?

Muchos son los cristianos que cuando se les cuestiona acerca de los cambios que Dios ha hecho en su vida, se remontan a la historia de su conversión, porque en realidad no hay “nada nuevo” que le hayamos permitido a Dios trabajar en nosotros. Uno de los secretos de la vida cristiana, es el hecho de que se debe vivir día a día permitiendo que el Señor siga formando a Cristo en nosotros, ya que los cambios que Dios va generando son constantes, o por lo menos así deben de ser, pero ¿estamos verdaderamente dejando a Dios obrar en nuestra vida en todo lo que él quiere hacer? Piénsalo…

En el amor de Cristo el Señor,

Tres propósitos de año nuevo

Jesús respondió: Amarás al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. El segundo es igualmente importante: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Ningún otro mandamiento es más importante que estos. (Marcos 12:30-31 NTV)

Pensando en la declaración de propósito de nuestra amada iglesia, la cual dice que existimos para “Amar a Dios, amar al prójimo y transformar al mundo”, quiero sugerirles a todos los que formamos la gran familia de PIB satélite que para este 2015, hagan las siguientes tres cosas:

  1. Amar a Dios. Que cada semana participen activamente en un culto de adoración donde aprendan cómo amar a Dios mas cada día. Esto no debe ser opcional. Como iglesia nos esforzamos a preparar reuniones altamente significativas, donde se facilite el obrar de Dios en medio de nosotros. Haz esto una prioridad en este 2015.
  2. Amar al prójimo. Algo mas que quiero pedirles es que sean parte activa de un Grupo Pequeño de nuestra iglesia. Si en mandamiento de Dios es amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, creo que no existe un lugar mejor para desarrollar esta tarea que la experiencia de un grupo pequeño.
  3. Servir a otros (transformar al mundo). Te propongo que este año que está por comenzar, hagas tres cosas con relación a este propósito:
  1. Estudia para descubrir cual o cuales son los dones espirituales que Dios te ha dado. En nuestra iglesia tenemos el curso de Dones espirituales, el cuál tiene sus puertas abiertas para ti.
  2. Ya que hayas descubierto cuál es el don o dones con los que el Señor te ha dotado, te exhortó a que lo desarrolles aprendiendo día con día como mejorar tu desempeño con siervo del Dios vivo. Pregunta a nuestros ujieres por el folleto de grupos pequeños de nuestra iglesia. Llama y participa.
  3. Finalmente, proponte por lo menos una vez a la semana, servir a otros con base en estos dones que has recibido del Señor. Tenemos en nuestra iglesia mas de 50 ministerios en los que puedes servir al Señor. Te estamos esperando con los brazos abiertos. Es mucha la labor y los obreros son pocos.

Lo que acabo de proponerte te ayudará a mantenerte enfocado en lo mas importante para tu vida. Cuando le preguntaron a Jesús cuál era en mandamiento mas importante respondió que “amar a Dios y amar a las personas”, es lo mas importante que durante toda tu vida harás.

Mantente enfocado y deja que Dios obre en poder en este año que estamos por comenzar.

Te deseo un año lleno de su bendición y que coseches muchas victorias en Su Nombre.

En Su inalterable amor,

Promesas condicionales

Todas las promesas que ha hecho Dios son «sí» en Cristo. Así que por medio de Cristo respondemos «amén» para la gloria de Dios. (2ª a los Corintios 1:20 NVI)

He descubierto que las riquezas de la gracia de Dios disponibles para sus hijos, están expresadas por medio de sus promesas. Cada promesa de Dios es una fiel expresión de su gracia. Las tenemos para cada una de nuestras necesidades a lo largo de nuestra vida. Hay promesas de bienestar, de salud, de protección, de seguridad, de aliento, de Su compañía, de fortaleza, de sabiduría, dirección y miles más. De hecho, algunos han expresado que hay más de 7,000 promesas en la Palabra de Dios, y algunos más hablan de hasta 13,000. ¿No te parece maravilloso?

El asunto es que muchas de estas hermosas promesas están “condicionadas”, pero no te desalientes. Cada vez que voy a la Escritura y me topo con una promesa condicional observo, en todos los casos, que se trata de algo que yo debo y puedo hacer, ya que no son gravosas las condiciones, además de que, son la mejor manera en que puedo expresar mi total confianza en Dios. En otras palabras, todas las promesas condicionales, exigen obediencia de mi parte. Yo creo que es un muy buen procedimiento de Dios. La promesa con frecuencia se trata de algo que requiero de Dios y que no está en mis manos obtener o lograr, sino por medio de mi obediencia-fe, en que creo tanto en lo que Dios ha dicho, que “hago” lo que Él me ha pedido que haga.

Estamos por comenzar un año nuevo, y la pregunta es necesaria: ¿Dónde está tu fuente de esperanza y seguridad? Creo que sería pertinente voltear y mirar todo lo que nuestro Buen Dios nos ha ofrecido por medio de sus maravillosas promesas.

Bien lo escribió Pablo: “Todas las promesas que ha hecho Dios son «sí» en Cristo.”

En Su amor,

Criar hijos

Entonces puso a un niño pequeño en medio de ellos. Y, tomándolo en sus brazos, les dijo: «Todo el que recibe de mi parte[i] a un niño pequeño como este me recibe a mí, y todo el que me recibe, no solo me recibe a mí, sino también a mi Padre, quien me envió». (Marcos 9:36-37)

Un escritor francés escribió: «Los padres de familia son los grandes aventureros de los tiempos modernos». En efecto, con todas las presiones que se ejercen sobre ellos hoy en día, criar hijos puede parecer a los padres cristianos una empresa difícil y arriesgada. Pero seamos padres positivos. Primero, reconozcamos que el Señor nos confía una noble misión, para la cual podemos contar con su ayuda. No estamos solos en esta maravillosa empresa. Además, expliquemos a nuestros hijos que no les imponemos la obediencia por autoritarismo, sino que es una exigencia divina: «Hijos, obedezcan a sus padres porque ustedes pertenecen al Señor,[a] pues esto es lo correcto. «Honra a tu padre y a tu madre». Ese es el primer mandamiento que contiene una promesa: 3 si honras a tu padre y a tu madre, «te irá bien y tendrás una larga vida en la tierra» (Efesios 6:1). Amar a los hijos no consiste sólo en decirles palabras cariñosas; es, ante todo, prestarles atención cada vez que lo necesitan, sin olvidar que no debemos satisfacer todas las exigencias de los niños. Para su bien, es necesario a veces decirles: «No». Qué difícil es esto para muchos padres, ante la presión ceden,sin darse cuenta del daño que les harán a largo plazo. Con la ayuda del Señor, y si arreglamos nuestras agendas personales, podremos consagrarles mucho tiempo para guiarlos en Sus caminos. Enseñar la obediencia a un niño no significa gritar todo el tiempo. No, se debe permanecer firme y digno, no prometer ni amenazar sin cumplir la palabra, aplicando el principio bíblico: «Simplemente di: “Sí, lo haré” o “No, no lo haré”.» (Mateo 5:37). Recordemos también que nuestra actitud ante Dios debe ser un ejemplo. Nuestros  hijos leerán la Palabra de Dios en tanto nos vean a nosotros mismos hacerlo. Orarán frecuentemente, si nos ven hacer lo mismo. No busquemos en sus vidas fruto que no hemos sembrado. ¿Te sometes con alegría a la Palabra de Dios? Si es así, tus hijos lo verán y esto los animará a obedecer.

En el amor de Jesús,