Ladrillo por ladrillo

Me queda muy claro que no hay atajos al éxito, ni a la santidad, ni para el alcance de las metas más grandes de la vida. La clave es la perseverancia, el trabajo duro y constante. La vida se construye ladrillo a ladrillo, decisión tras decisión. Por eso, el fundamento con el que empiezas todo proyecto es tan importante. En realidad, la persona que quiere vivir una vida de bendición debe tener un poderoso fundamento.  El fundamento en la vida nos trae convicción y estabilidad. Cuando tu vida está colocada sobre cimientos sólidos, tales como la fe en Dios, la confianza y la obediencia a Su palabra, tu perspectiva de vida será más clara y sabras no sólo hacia dónde vas, sino que dado el fundamento, tendrás la bendición de llegar a la meta deseada. Fue el apóstol Pablo quien escribió lo siguiente: “No quiero decir que ya haya logrado estas cosas ni que ya haya alcanzado la perfección; pero sigo adelante a fin de hacer mía esa perfección para la cual Cristo Jesús primeramente me hizo suyo.” Filipenses‬ ‭3:12‬ ‭NTV‬‬

Es por eso que debemos pedir día con día mucha sabiduría a Dios. Si cada decisión que tomo es clave para mi futuro a largo plazo, luego entonces, debo pesar con balanza si las decisiones del presente, por pequeñas que sean, están cooperando para mi futuro y mi plan de vida. Es bueno saber que Dios está más que deseoso de darnos sabiduría para al diario vivir, para que en cada paso que demos y con cada ladrillo que tomemos, vayamos formando una vida que glorifique Su Nombre, y nos permita ver realizadas las metas que Él puso en nuestro corazón. ¿Qué ladrillo (decisión) tienes ahora en tus manos que formará parte de tu futuro? Lo enriquecerá o lo destuirá. La decisión es tuya.

Pastor Luis Gabriel César

Twitter@garycesar

Paralizados por el miedo 

“Nada te turbe, nada te espante”

Uno de los rasgos distintivos de los que son parte de la “familia de Adán”, es el miedo o temor. Personas así viven aterrorizadas por un sinnúmero de estados morbosos que simplemente no los dejan avanzar. Todos recordamos que en el huerto del Edén, cuando Adán le falló a Dios al comer del fruto prohibido, uno de los efectos paralizantes fue el miedo. La respuesta de Adán al Señor es por demás gráfica: «El hombre contestó: —Escuché que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí.» Génesis‬ ‭3:10‬ ‭NVI‬‬ Todos conocemos el resto de la historia, desde ese momento la raza humana vive con miedo persistente. Tememos el compromiso, tememos a otras personas, tememos equivocarnos, tememos el futuro, tememos las trampas de pasado, tememos a las relaciones, tememos a las enfermedades. Todos sabemos que el miedo nos paraliza, nos inhabilita, nos atasca en el pasado y no nos permite seguir avanzando hacia las cosas que Dios ha reservado para nosotros. ‬‬ 

Pero para los que ya no somos parte de la “familia de Adán”, sino que, por la fe en Cristo, ahora somos parte de la “familia de Dios”, el miedo no debe conquistarnos. Por un momento piensa en las maravillosas palabras de Jesús a sus discípulos y hazlas tuyas: “Nada de turbe, nada te espante.”  

Jesús había anunciado su partida inminente, y ellos debían quedar aún en el mundo. La anunciación de la separación de su Maestro, a quien querían tanto y habían seguido tan fielmente, los dejaba solos frente a sus enemigos terribles y esto les llenó de turbación y congoja. Jesús les dijo: “No se turbe su corazón”. La razón de la serenidad que deben guardar en aquellos momentos, es la confianza en Dios y en él.   

Jesús nos conoce perfectamente: 

  1.  Él conoce nuestras limitaciones. Sabe, que por más esfuerzos que hagamos, por más ganas que le echemos, por más buenas intenciones que tengamos, la verdad es que a menudo esas cosas no serán suficientes. “Porque él conoce nuestra condición; Se acuerda de que somos polvo”. (Salmo 103:14). A veces estamos limitados por nuestra propia condición humana. Tenemos todas la intenciones de hacer tal y cual cosa, pero nos vemos impedidos para realizarlo. 
  2. Él conoce nuestras debilidades. Hablando de debilidades el hombre se pinta sólo. ¿Qué hacemos con nuestras debilidades? A. Las negamos. B. Las escondemos. C. Cuando aparecen, las excusamos. Hay una variedad de debilidades que el hombre a lo largo de la historia ha presentado: 
  • Debilidades físicas. Alguna enfermedad, o una limitación de tus capacidades, quizá la edad o algún defecto.
  • Debilidades Relacionales. Esposos débiles, niños rebeldes, divorcio, maltrato, violencia doméstica, etc. 
  • Debilidades Emocionales. Depresiones, enojo, cicatrices, heridas, falta de talento, abuso, etc. 

Él conoce todo de nosotros. Nadie mejor explica nuestra condición que David en el salmo 139: «Señor, tú me examinas, tú me conoces. Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aun a la distancia me lees el pensamiento. Mis trajines y descansos los conoces; todos mis caminos te son familiares. No me llega aún la palabra a la lengua cuando tú, Señor, ya la sabes toda.» Salmos‬ ‭139:1-4‬ Él sabe cuáles son las cosas que me aterran, las cosas que me avergüenzan. Conoce todo mi pasado, en este sentido Dios es el Dios de nuestra historia. Cada día, cada hora, cada minuto de tu vida no ha quedado oculto a él, y esto le da la maravillosa capacidad de saber que es lo que ahora mismo esta minando tu corazón, tu mente, y tu vida misma. ‬

El hecho de que Dios sepa todo acerca de mi, lo posiciona para ayudarme, no sólo porque tiene un conocimiento exhaustivo de mi persona, sino que, además de todo, tiene el poder para ayudarnos. Bien lo escribió Pablo en Efesios 3:20 “«Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros.» Efesios‬ ‭3:20‬ ‭NVI‬‬‬‬

Quiero animarte a tomar tus miedos de frente. Ahora mismo, por el valor que Dios te ha dado por ser parte de su Eterna Familia, haz una lista de tus temores, no dejas ninguno fuera, llévalos uno por uno, en oración delante de Dios. Renuncia a ellos. Eres parte de la familia de Dios. Has dejado atrás la familia de Adán, familia anclada a los miedos. Tú estas en la condición de hacer tuya la maravillosa verdad de Romanos 8:15…

«Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: «¡ Abba! ¡Padre!»» Romanos‬ ‭8:15‬ ‭NVI‬‬‬‬

¡No esperes más! ¡Una vida libre del temor te espera!

Luis Gabriel César I

Twitter@garycesar

Giro de 180 grados 

“Por tanto, para que sean borrados sus pecados, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios” Hechos 3:19


Es fácil perderse la belleza del final de esta promesa porque no podemos asimilar el cuadro negativo de la primera palabra de la promesa: “Arrepiéntanse”. A menudo esta palabra nos trae a la memoria imágenes de un predicador sudando fuego y golpeando sobre el púlpito y escupiéndole a la gente de la primera fila mientras grita “Arrepiéntanse”. (Bueno, tal vez no debí incluir la parte de la escupida, pero en eso estabas pensado, ¿cierto?) Esta misma palabra puede resultar en pensar en el fin del mundo de acuerdo a un profeta loco con pelo largo y barba y una túnica, sosteniendo un letrero en una esquina de una calle concurrida con una palabra escrita en tinta roja que aun gotea, “Arrepiéntanse”.

Tengo la convicción que Satanás está llevando a cabo una campaña con esta palabra. La verdad es, que la palabra arrepentimiento es una de las más bellas en el idioma de la Biblia. Significa, “dar la espalda”, “empezar de nuevo”, “hacer vuelta en “u” con tu vida” Mas que dar una vuelta de hoja, el arrepentirse significa que giras a otro lado y empiezas una nueva vida. ¿Quién no quisiera esto?

Una vez que tú veas lo que esta palabra realmente significa, el gozo de esta promesa empieza a brillar. Dios te puede dar el poder para cambiar, para dar un giro de 180 grados. Las cosas no tienen por qué permanecer en su estado actual. No importa lo que hayas hecho ni cuán malas estén las cosas. Dios te está llamando para que regreses a Él. Y cuando lo hagsa, te dará tiempos de refrigerio. Es como un tiempo de primavera en el alma. Tus circunstancias pueden no cambiar, tus luchas pueden continuar como están, pero ¡TÚ habrás cambiado! Y esto cambia todas las cosas.

¿Habrá alguna área de tu vida en que tengas dar un giro de 180 grados?

En el amor de Jesús,

Libertad Financiera

“Manténganse libres del amor al dinero, y conténtense con lo que tienen, porque Dios ha dicho:  Nunca te dejaré; jamás te abandonaré”. Hebreos 13:5 (NVI)

Alguien en una ocasión le preguntó a John D. Rockefeller, cuando él era el hombre más rico del mundo, ¿cuánto dinero se requería para lograr que alguien fuera feliz? Su respuesta fue clásica. “¡Sólo un poquito más!” La realidad sobria detrás del comentario de Rockefeller es que nadie nunca tendrá la suficiente cantidad de dinero para ser feliz.

Una compañía de mercadeo de redes fundó un estudio encuestando familias que ganaban menos de 20.000 dólares al año y familias que ganaban más de 100.000 dólares al año preguntándoles cuánto dinero extra requerían para ayudarles financieramente cada mes. Nadie dijo, “estoy contento con lo que gano”. En cada categoría, la respuesta fue la misma, “Mil dólares más al mes nos ayudaría bastante”. Ves, no importa si ganamos mucho o poquito, el contentamiento no se descubrirá en la acumulación de dinero. Cuando se trata de dinero, la mayoría de las personas creen que necesitan “sólo un poquito más”.

El escritor de Hebreos coloca paralelamente dos ideas opuestas: el amor al dinero versus el contentamiento. Es como si dijera; “Estos dos no pueden existir en la misma persona”.

¿Cómo saber si este es un problema que se aplica a ti? Aquí hay una prueba: si puedes compartir tu dinero entonces no te está controlando!

Por favor nota que el tener dinero no está siendo criticado. Es el amor al dinero; necesitándolo como un bebé necesita su cobija para su seguridad, dependiendo de ella para su confianza y protección. ¿Por qué es un problema? Porque todo tipo de personas testifica que lo suficiente nunca es suficiente cuando colocamos nuestra mirada en el dinero para obtener seguridad.

Por eso es que el autor de Hebreos enfatiza que tu Padre Celestial que es omnipresente y que nunca falla. Aquí está tu fuente de seguridad y contentamiento. ¡Aunque el dinero escasee, Dios nunca lo hará… y esa es una PROMESA!

En Su amor,

 

 

Recompensas de la perseverancia

“No nos cansemos de hacer bien; porque a su debido tiempo cosecharemos, si no nos damos por vencidos”. Gálatas 6:9  
¡Hay recompensas en la persistencia! Como el muchacho que trataba de persuadir a su novia para que se casaran. Para ganarse su corazón, durante 47 días seguidos le envió rosas a su casa. ¡Eso es persistencia y funcionó! En el día número 48 ella aceptó la propuesta de matrimonio…pero no de su pretendiente, ¡sino del empleado de la florería! 

La mayoría de nosotros a veces tenemos que batallar contra los deseos de rendirnos, aún cuando lo que estuviéremos haciendo estuviere “bien”. Porque el hecho de que esté bien lo que estamos haciendo, no quiere decir que sea fácil. Porque “esté bien” no quiere decir que no nos cansemos. Pero es lo correcto y por eso es que lo hacemos.  Aun así nos desanimamos en el camino. El desánimo es un enemigo mortal. Cuando te desanimas te vuelves ineficiente. Además en desánimo es altamente contagioso. Si estas con personas que fácilmente desertan, lo más seguro es que serás como ellas. Pero si echas a un lado el desánimo y continuas haciendo el bien, lo lograrás. Nada que valga la pena se logra sin esfuerzo y duración. El secreto del éxito es simplemente persistir.  Eso es lo que Pablo le decía a los Gálatas. Él no iba a detenerse ni rendirse. ¿Por qué? Porque sabía que si perduraba lo suficiente y se mantenía haciendo lo correcto, eventualmente segaría una cosecha de bendición.  

Cuando los resultados no son tan rápidos como desearías que fueran, cuando estás frustrado por la lucha y cuando estés tentado a desistir, tengo una palabra para ti: ¡NO LO HAGAS! Muchas personas se pierden de lo mejor de Dios porque desisten demasiado rápido. Tu bendición puede encontrarse justo a la vuelta de la esquina. Mantente haciendo lo correcto. Dios promete que hay recompensas para aquellos que persisten.  

Piénsalo… 

A Dios le importa nuestro cuerpo

“Ustedes dicen: «Se me permite hacer cualquier cosa», pero no todo les conviene. Y aunque «se me permite hacer cualquier cosa», no debo volverme esclavo de nada. Ustedes dicen: «La comida se hizo para el estómago, y el estómago, para la comida». (Eso es cierto, aunque un día Dios acabará con ambas cosas). Pero ustedes no pueden decir que nuestro cuerpo fue creado para la inmoralidad sexual. Fue creado para el Señor, y al Señor le importa nuestro cuerpo. (1ª de Corintios 6:12-13)

Históricamente ha sido características de la iglesia de Cristo cuidar del alma y del espíritu de las personas. Tradicionalmente en las iglesias no se habla de la importancia del cuerpo, es más, hay quienes creen que hablar del cuerpo es bastante mundano, al punto de que, por la falta de cuidado y enseñanza de este importante rubro, sufrimos las consecuencias que nos llevan a enfermedades que nunca fueron el plan de Dios. Pensamos que Dios no se interesa por nuestro cuerpo, pero paradójicamente, en muchas ocasiones buscamos que Dios pose su bendita mano de sanidad sobre nuestro cuerpo enfermo. Entonces, ¿le interesa o no nuestro cuerpo a Dios? Definitivamente creo que a Dios le interesa la totalidad de nuestro ser. De hecho, en la porción arriba citada, termina diciendo Pablo: “…al Señor le importa nuestro cuerpo.”

Quizá debas hacer un alto y considerar que no has sido un buen mayordomo del único cuerpo que has recibido de Dios. Piensa. Si adquirieras un automóvil nuevo de paquete, y tuvieras la plena certeza de que jamás lo podrías cambiar, ¿lo cuidarías? Estoy seguro que si. Bueno, pues el cuerpo que tienes es único. Sólo después de tu muerte será completamente renovado, pero en esta vida, será tu único cuerpo, así que, bien haríamos en cuidarlo, y sobre todo cuando la misma Escritura hace una poderosa y electrizante declaración: ¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? Ustedes no se pertenecen a sí mismos, porque Dios los compró a un alto precio. Por lo tanto, honren a Dios con su cuerpo.” (1ª Corintios 6:19-20)

 Que Dios te bendiga,

Tú dices, pero no sabes

Tú dices: Yo soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad. Pero no sabes que eres desventurado, miserable, pobre, ciego y estás desnudo. Apocalipsis 3.17 
Una cosa es lo que yo pienso de mí mismo, y una muy diferente lo que Dios piensa de mí. La situación que vivía la iglesia de Laodicea, iglesia a la que Jesús habló tan severamente, es que tenía un estado espiritual muy decadente, pero lo cierto es que la misma iglesia no lo había entendidos más bien no de había percatado de su propia condición. La perspectiva que tenía la iglesia sobre ella misma es que era rica y no tenía necesidad de nada. El grave problema que se enfrenta cuando las cosas marchan bien en la vida, es que perdemos perspectiva. Perdemos de vista nuestra propia condición y eso es bastante peligroso. No hay duda que los hermanos de Laodicea estaban pasando por tiempos de prosperidad y eso mismo les hizo perder el piso, y sobre todo la muy necesaria dependencia de nuestro Dios.  

Pensar que nos podemos bastar a nosotros mismos es un peligro latente que todos enfrentamos. Bien lo expresaba el profeta Jeremías cuando confrontó al pueblo de Dios diciendo: “Dos son los pecados que ha cometido mi pueblo: Me han abandonado a mí, fuente de agua viva, y han cavado sus propias cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.” Jeremías‬ ‭2:13‬ ‭NVI‬‬‬‬‬‬ 

Por eso el problema es una total falta de discernimiento espiritual. Una cosa es lo que “yo digo acerca de mí mismo”, y otra cosa lo que “yo ignoro”. Bien lo expresó Jesús hablando a la Iglesia de Laodicea: “Tú dices, pero en realidad no sabes”.  

Si entiendo bien mi Biblia, es sólo el Santo Espíritu de Dios quien nos puede convencer de “pecado, justicia y juicio”. Por eso, bien haríamos en tomarnos uno minutos para evaluar nuestra vida delante de Dios. Pedirle con todo nuestro corazón que nos dé a conocer lo que en realidad hay en nuestra vida y que no le agrada, ya que sólo así podemos vernos tal como somos, y buscar con desesperación, que en nuestra miseria personal, Dios tenga misericordia de nosotros y nos llene de toda bendición que anhela nuestra alma.  

En Cristo el Señor,

Pastor Luis Gabriel César Isunza

Twitter@garycesar

Crece donde estés

Cuando Jesús enseñaba el poderoso “Sermón del Monte”, hizo una mención que quizá hayas pasado por alto. El dijo: »¿Y por qué se preocupan por la ropa? Observen cómo crecen los lirios del campo. No trabajan ni hilan; sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vestía como uno de ellos.» Mateo‬ ‭6:28-29‬ ‭NVI‬‬‬‬‬‬ 

Me queda claro que Jesús está hablando del cuidado amoroso que el Padre tiene, no sólo sobre la creación, sino sobre sus hijos. Pero lo que saltó a mi mente fue lo que dijo Jesús al comienzo de esta frase. Velo con tus propios ojos: “Observen cómo crecen los lirios del campo.” El plan de Dios es el crecimiento. Donde estés, tu tarea es crecer. No debes esperar ciertas condiciones especiales, o promociones humanas, y situaciones perfectas para darte a la tarea de crecer. No, sino que, independientemente de las condiciones en las que te encuentres, tu tarea es crecer, desarrollarte. 

Haz una lista de tus roles al día de hoy: puede ser como profesionista, empleado, empresario, padre, madre, hijo, hermano, miembro de la iglesia, etc. Tu tarea es crecer donde estés. Jesús dijo: “Observen como crecen…” Esto es lo natural. Como hijo de Dios debe ser cada día mejor en todos los aspectos, independientemente del lugar donde te encuentres.  

Recuerda la historia de José. Lugar donde Dios lo puso, creció. No se adecuó a las precarias condiciones en que llegó a vivir, sino que en cada momento y lugar, se desarrolló, tomando roles de liderazgo e influencia. Nuestra tarea debe ser la misma. Dios te ha puesto en el lugar donde estás, con el propósito de que crezcas. Sólo recuerda que el mismo José es tuvo en la cárcel y aún allí creció, se desarrolló, fue mejor que los demás.  

Yo anhelo que Jesús diga lo mismo de ti y de mi. “Observa a mi hijo como crece…” Que no nos conformemos con menos.

En Su amor,

Pastor Luis Gabriel César 

Twitter@garycesar

Cuando sentimos desfallecer

“Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna”.                Salmo 73:26

Alguien que haya sido cristiano por más de una semana sabe que Dios nunca promete una vida libre de problemas. A veces “ser bueno” y “hacer lo correcto” parece no ser muy efectivo. A pesar de lo que hagamos, los problemas y fracasos continúan viniendo.

Cuando los problemas se levantan en nuestras vidas, crean dudas e interrogantes. No estoy hablando acerca de un juego de preguntas y respuestas, sino que de esta maraña de problemas, surgen pensamientos de confusión y disturbio que se asientan profundamente en nuestra alma. Sacuden los fundamentos de nuestra vida. Es en los momentos de crisis donde nuestras creencias internas son desafiadas y nos forzamos a buscar la fortaleza en algún lugar.

Ahora mismo puedes estar enfrentando un evento devastador como la pérdida de tu trabajo, una gran pelea con tu esposa o saber que tu hijo consume drogas. Estos problemas rápidamente corroen nuestra confianza porque hemos trabajado tan duro para hacer lo correcto. Se cumplen nuestros más grande temores porque nos sentimos fracasados. Como un dolor de muelas, la duda se convierte en nuestra compañera constante de dolor. Al mirar hacia dentro, empezamos a buscar a otros y nuestra frustración se multiplica. Por otro lado, vemos personas que no se interesan por Dios, y viven su vida sin mayores problemas. No es sorprendente ver que al comienzo de este salmo el salmista clama: “En verdad, ¿de qué de sirve mantener mi corazón limpio? (vs. 13) En medio del dolor, otra versión sería así: “¿Por qué estoy tratando desesperadamente de hacer lo correcto cuando en realidad no importa?”

Tanto la duda como la auto-confianza, no son las mejores opciones en momentos de dolor. En medio de la duda, la confusión se asienta y es aquí donde nos abrimos para aprender. Esto es algo que se ha perdido desde la niñez. Si te encuentras en duda, quiero animarte para que le preguntes a Dios qué es lo que está tratando de enseñarte.

El otro día me fui a acostar sintiendo que toda área de mi vida era un fracaso. No me sentí ser un buen pastor, ni un buen amigo y ni siquiera un buen esposo. Mientras me quedé allí contemplando la calidad de mi vida, me reí por un momento y luego lágrimas empezaron a formarse en mis ojos mientras pensaba, “Es bueno saber que Dios no me ama por las cosas que hago.” Luego oré, “No quiero depender de mi propia fuerza, pero ayúdame a vivir con la tuya”.

El recuerdo de Su Palabra me dio las fuerzas necesarias para seguir adelante: «Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna».

Piénsalo…

Líderes que jamás se rinden

Como lideres-siervos, debemos mantenernos siempre en los caminos de Dios al costo que sea, ya que siempre existirán en nuestra vida problemas y obstáculos que tratarán de deternos y claudicar, pero jamás debemos permitirlo, especialmente si tenemos un llamado divino. Pablo escribió a la Iglesia de Roma, diciendo que: “Los dones y el llamamiento son irrevocables” (Rom. 11:29), razón por la cuál no nos podemos dar por vencidos en ninguna manera.  
Si algo hizo del Apóstol Pablo un hombre sobresaliente, es que jamás se atascó en el pasado de su vida. Continuamente lo vemos luchando por hacer del pasado un motivo de agradecimiento a Dios. No obstante que en su pasado había por lo menos dos clases de experiencias que podrían haberlo dañado irremisiblemente:  

  • Por un lado estaban todos aquellos supuestos trofeos de su pasada experiencia religiosa. Sólo hay que echarle una vista a su carta a los Filipenses para darnos cuenta de que el Apóstol si tenía cosas de que enorgullecerse. “circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. (Filipenses 3:5-7). Así mismo, tuvo muy buenos logros en su más reciente vida cristiana, ya que como promulgador de la fe, y héroe de las iglesias neotestamentarias, había destacado como uno de los mejores. Sin embargo, aunque habían cosas muy positivas en su vida, se negó a seguir viviendo en el pasado, para evitar así toda clase de soberbia.
  • De la misma manera en su pasado también existían cosas muy dolorosas tales como, naufragios, desvelos, amenazas, fatigas, hambres, golpes, y cosas semejantes a ellas. Estas dolorosas experiencias bien pudieron haberlo hecho una persona amargada o resentida, pero el mismo decía: “ciertamente, olvidando lo que queda atrás, me extiendo a lo que está adelante.”   

La pregunta que es menester que respondamos es: ¿qué perspectiva tenemos de nuestro pasado? ¿Vamos a atascarnos en él, recordando con dolor y amargura las cosas negativas que nos sucedieron? o ¿Acaso nos vamos a llenar de orgullo por los maravillosos logros desarrollados a lo largo de nuestra vida? 

Estoy convencido de que la verdadera grandeza de un hombre, consiste en observar aquello que tendría que suceder para detenerlo. Lo mejor sería recordar el pasado con un canto de profunda gratitud al Señor, y después con la plena certidumbre de que Dios es quien tiene nuestro futuro en sus poderosas manos, continuemos adelante para Su gloria. Sigamos adelante puestos los ojos en Jesús. 

¡Seamos líderes que jamás se rinden!

Luis Gabriel César I 

Twitter@garycesar