Puedes Confiar En Dios aunque no Lo Entiendas

“Podrán desfallecer mi cuerpo y mi corazón, pero Dios es la roca de mi corazón; él es mi herencia eterna.” Salmo 73:26 NVI

No tengo la menor duda de que a menudo pasamos por momentos tan complejos y difíciles que simplemente nos paralizan y límitan en todos los sentidos. Todos batallamos, no sólo con el suceso que nos está dañando, sino con la falta de claridad del propósito de Dios. En pocas palabras, la conocida y frecuentemente mencionada pregunta: ¿Por qué?, sale de nuestra boca pretendiendo atravesar las densas tinieblas de la incertidumbre y dolor que se ciernen sobre nuestra frágil existencia.

No somos los primeros, ni seremos los últimos en sentir el dolor de vivir en un mundo quebrado, donde muchas de las cosas que nos suceden no tienen sentido.

¿Qué hacer cuando tu mundo se desmorona y al mismo tiempo no hay respuestas claras que nos expliquen los muchos “porqués” de nuestra vida?

Respira profundamente y reconoce lo siguiente: Puede que el camino de Dios no siempre tenga sentido para ti, pero puedes confiar en Él sin temor.

En la raíz de cada uno de nuestros temores está la falta de confianza en el corazón de Dios.

Cuando la historia de nuestras vidas no se desarrolla de la manera que pensamos que sería, cuando una temporada de sufrimiento dura más de lo que creemos que podemos soportar, cuando las noticias son demasiado malas y las facturas son demasiado altas y las tareas son demasiado difíciles y el dolor es demasiado; cuando todo parece perdido y nada parece correcto, puede ser difícil ver o entender el corazón de Dios. Y es difícil confiar en lo que no entendemos.

Bien lo expresó el Señor por medio del profeta Isaías: “«Porque mis pensamientos no son los de ustedes ni sus caminos son los míos», afirma el Señor.” Isaías 55:8 NVI

Sus caminos no son en absoluto como los nuestros. Siempre hay más cosas de las que podemos ver.

Te animo a mirar a Jesús: la esperanza del mundo nacido en la forma de un bebé vulnerable, el camino de la salvación forjado a través de un sufrimiento significativo. Lo que parecía una muerte total y una derrota en la cruz era realmente el camino hacia la vida y la salvación definitivas. Lo que parecía el final fue realmente el comienzo de todas las cosas que se hicieron nuevas.

Ahora lo que tienes que hacer es: Inhala… y dile con profunda convicción: ¡Tú eres mi salvación! Exhala… ¡Confiaré en ti y no tendré temor!

Así que esa cosa difícil que no entendemos, ese dolor que tememos puede rompernos, puede que sea la herramienta para nuestro rescate.

La tormenta que amenaza con ahogarnos puede ser en realidad el camino hacia la libertad.

Cuando cambiamos la forma en que vemos nuestro sufrimiento y confiamos en el corazón de Dios, podemos dejar ir el miedo y estar llenos de paz porque sabemos que Él está trabajando incluso si no lo entendemos.

Así lo expresó Isaías:

“Miren, Dios ha venido a salvarme. Confiaré en él y no tendré temor. El Señor Dios es mi fuerza y mi canción; él me ha dado la victoria».”

Vuelve a Inhalar… ¡Eres mi salvación!

Exhala… ¡Confiaré en ti y no tendré temor!

Oro por ti.

Pastor Gary César

Puedes Amarlos, Pero No Puedes Cambiarlos

“Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir la misericordia y encontrar la gracia que nos ayuden oportunamente.” Hebreos 4:16 NVI

Las relaciones son maravillosas… hasta que no lo son.

Todas las relaciones pueden ser difíciles a veces, pero no deben ser destructivas para nuestro bienestar. Si tienes relaciones en tu vida en las que sabes que algo está mal, pero no puedes por ti mismo averiguar qué hacer, lo entiendo. Sé lo que se siente al tener tu cuerpo tenso y tu pulso acelerado mientras tu mente le ruega a la otra persona, ¡deja de hacer esto!

La mayoría de nosotros no estamos equipados para saber qué hacer cuando sabemos que las cosas tienen que cambiar, cuando la otra persona no está dispuesta o no es capaz de cooperar con los cambios necesarios. Tu desafío puede ser desgastante. Alguien que personaliza todo y es propenso a sentirse ofendido, por lo que haces o dejas de hacer es muy complicado y no debes intertarlo. Sabes que necesitas un límite. El problema quizá sea que no sabes cómo comunicar esta necesidad.

Quizá se trate de una persona que tiene autoridad sobre ti, y los límites no se siente que funcionarían. Quizá sea un miembro de la familia que vive en tu casa, y aunque necesitas algo de distancia, establecer un límite no parece realista. Has orado por ese comportamiento o situación. Has intentado navegar a través de ella. Has hecho cambios. Es posible que incluso hayas intentado detenerlo. Has escuchado sabios consejos y has hecho todo lo que sabes hacer. Pero al final, nada ha funcionado.

Finalmente, te has dado cuenta de que si la persona no quiere que las cosas cambien, no puedes cambiarlas. Esta es una verdad terriblemente difícil de aceptar, pero es una de las verdades más liberadoras que he aprendido a aceptar.

La única otra opción es preguntarte en secreto si tú eres el loco.

Puede que tengas el corazón roto. Puede que estés triste. Puede que tengas miedo y posiblemente estés enfadado. Puede que te concentres en tratar de arreglar lo que no está dentro de tu capacidad. E incluso puedes estar obsesionado con tratar de resolverlo todo.

Pero no estás loco. Si hueles a humo, es que hay fuego. Y la única opción razonable en este momento es apagar el fuego o alejarse del fuego.

Establecer límites puede ayudar a apagar los incendios antes de que lo consuman todo. Pero si el fuego sigue ardiendo con una intensidad cada vez mayor, tienes que alejarte del humo y las llamas. A veces, tu única opción puede ser distanciarte de esta persona y decir adiós. Los límites no van a arreglar a la otra persona. Pero los límites te ayudarán a mantenerte firme en lo que es bueno, lo que es aceptable y lo que necesitas para mantenerte sano y completo.

No sé qué límites puede necesitar considerar; te reto a procesar esta situación con el Señor y pensar en oración en qué cambios pueden ser necesarios, junto con un consejero cristiano de confianza o un amigo sabio.

Tal vez por hoy es suficiente sentarte y pensar en la verdad de que el único cambio real sobre el que tienes control es hacer un cambio sostenible por ti mismo.

Sé que esto no es fácil, pero es bueno.

Los límites te ayudarán a mantenerte firme en lo que es bueno, lo que es aceptable y lo que necesitas para mantenerte sano y completo.

A pesar de que podemos ser impotentes para cambiar a otra persona, esto no significa que seamos impotentes para experimentar un cambio en nuestras propias vidas. Los límites nos dan este regalo.

Espero que te des el tiempo para procesar esta enseñanza y en tanto lo haces quiero hacerte algunas preguntas que podrían ayudarte a establecer límites necesarios en tu vida.

¿Qué eventos o conversaciones han ocurrido que te hacen sentir como si no fuera aceptable seguir adelante con esta relación tóxica?

¿Hay ciertos comportamientos que exhibe esta persona que hacen que establecer límites con ella parezca poco realista o imposible?

¿Qué bien traería a esta relación si estableces límites?

¿Para ti, qué es y qué no es un comportamiento aceptable?

¿Cuáles son los comportamientos en el trato con esa persona que te llevarían, de un lugar de salud a la falta de salud?

¿De qué eres realmente responsable? ¿De qué no eres responsable? (Ejemplo: «Soy responsable de presentarme a mi trabajo a tiempo». «No soy responsable de la dura reacción o respuesta de mi compañero de trabajo en una conversación»).

¿Cuáles son algunas de las cualidades que te gustan de ti mismo que quieres asegurarte de que las personas que amas experimenten cuando pasan tiempo contigo?

¿Cómo pueden los límites ayudarte a que tus mejores cualidades sean cada vez más evidentes?

Recuerda, si alguien no quiere o no puede dejar de hacer un mal uso del ACCESO PERSONAL QUE LE HEMOS DADO EN NUESTRAS VIDAS, entonces debemos crear límites saludables.

Puedes orar así:

Señor, es una verdad humillante y frustrante darme cuenta de que no puedo cambiar a otra persona; solo puedo cambiarme a mí mismo. Mientras proceso estas preguntas y considero dónde puede ser necesario establecer límites saludables, dame discernimiento, sabiduría y coraje. Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Pastor Gary César

Cuestión de Perspectiva

Entonces faraón mandó llamar a José, y lo sacaron del calabozo aprisa; y después de afeitarse y cambiarse sus vestidos, vino a faraón. Y faraón dijo a José: He tenido un sueño y no hay quien lo interprete; y he oído decir de ti, que oyes un sueño y lo puedes interpretar. José respondió a faraón, diciendo: No está en mí; Dios dará a faraón una respuesta favorable. Génesis 41.14–16 (LBLA)

Mucho nos cuesta imaginar lo dramático e inesperado de este evento. José, que no había hecho nada para merecerlo, vivía olvidado y solo en una de las cárceles del faraón. Su condición de esclavo hacía que cualquier esperanza de ser rescatado hubiera dejado de existir en su corazón. Nadie se ocupaba de defender los derechos de un esclavo, y mucho menos los derechos de un esclavo condenado por uno de los más altos oficiales de la corte.

Durante esos años de cárcel José había tenido la oportunidad de interpretar los sueños a dos prisioneros: el panadero y el copero del rey. Ahora, repentinamente, se le presentaba al joven hebreo la posibilidad de interpretar los sueños nada menos que del faraón, el hombre más poderoso de la tierra.

Para José, el éxito del emprendimiento podía muy bien significar el fin de su cautiverio. Lo acertado de la interpretación de los sueños de sus compañeros de cárcel podía otorgarle cierta confianza frente a este nuevo desafío. ¡Qué fácil hubiera sido atribuirse la capacidad de interpretar sueños! ¿Qué importaba si el don realmente no le pertenecía? El faraón ni siquiera sabía quién era Jehová. ¿Para qué gastarse en explicaciones innecesarias?

Como líderes es fácil que uno se atribuya un don que es enteramente de Dios, porque somos muy propensos a creer que es nuestra mano la que mueve las cosas en la iglesia. Es relativamente fácil pensar que lo que Dios hace en la iglesia es por causa nuestra. Debemos recordar siempre que la Obra es de Dios. No nos pertenece nada del crédito de todo lo bueno que sucede en el reino de Dios. Siempre he dicho, “Dios no obra a través de mi, sino a pesar de mi.” No debemos olvidar la gran promesa de Jesús cuando dijo: “Edificaré mi iglesia”, y por cierto lo ha hecho muy bien los últimos dos mil años. Considera la siguiente inquietante frase: “Cómo será de poderosa la Obra de Dios, que ni los pastores hemos podido detenerla”. No me malentiendas, Dios obra a través de nosotros, pero el crédito y la gloria siempre le pertenecerán a Él, no a nosotros.

Olvidamos que en el mundo espiritual no pasa absolutamente nada si Dios no lo ordena. En el mejor de los casos no dejamos de ser más que vasos frágiles en sus manos.

Aunque el futuro de José estaba en juego, el joven no dudó en aclarar exactamente cuál era la realidad de su situación. Él no tenía ninguna capacidad, en sí mismo, de interpretar sueños. Esta capacidad le pertenecía a Dios. Al realizar tal afirmación también estaba declarando que si Dios no daba la explicación, nadie la podía obtener. A Dios no se le maneja como una máquina. Es soberano y se mueve como él quiere. Solamente podemos esperar que, en su gracia, se manifieste. No tenemos sobre él ningún control. Aunque hayamos interpretado mil sueños en el pasado, el don sigue siendo exclusiva propiedad de Dios.

Es muy importante que jamás olvidemos que somos sólo siervos, pero que tenemos un Amo maravilloso.

¿Quieres leer la Biblia en un año?

Si alguna vez has tenido éxito en un intento de leer la Biblia en un año, probablemente sepas que Levítico es donde empieza a ir mal. Genesis está lleno de acción y está lleno de historias y personas familiares. Lo mismo ocurre con el Éxodo, la mayor parte del tiempo. Y luego viene Levítico. Y es aquí donde, entre las descripciones de las ofrendas quemadas, las fiestas requeridas y el cuidado adecuado de los accesorios del tabernáculo, el sueño de leer la Biblia en un año se encuentra con la realidad de trabajar a través de pasajes que parecen impenetrables. Y la búsqueda que comenzó de manera tan prometedora termina.

No tiene que ser así. Puedes leer toda la Biblia en un año natural. Te recuerdo que hay 1.189 capítulos en la Biblia: 929 en el Antiguo Testamento y 260 en el Nuevo Testamento. Para terminarlos todos en 365 días, tendrías que leer, en promedio, un poco más de tres capítulos al día.

Esa es una tarea considerable, pero ciertamente es manejable, si la abordas con el plan de juego correcto. Aquí hay algunos consejos que deseo darte y que debes tener en cuenta si te tomas en serio leer toda la Biblia en un solo año.

Elige una versión reciente de la Biblia.

Si tu objetivo es leer la Biblia por primera vez, mi recomendación es que lo hagas en una versión de lenguaje sencillo. Será una experiencia sumamente enriquecedora.

Si has leído la Biblia en un año en el pasado, te desafío que lo hagas en una versión diferente y nueva para ti. Gracias a Dios que el día de hoy tenemos acceso a una variedad de versiones que pueden ampliar tu compresión del mensaje de Dios en la Biblia.

Elige un plan de lectura de la Biblia que funcione para ti

Debido a la estructura única de la Biblia, hay varias formas diferentes de abordarla.

  • El plan de lectura tradicional comienza en Génesis y termina en Apocalipsis .
  • El Antiguo Testamento seguido del Nuevo Testamento.
  • El plan de lectura cronológica sigue los eventos de la Biblia en el orden en que ocurrieron (o ocurrirán). Requiere algunos saltos entre libros, pero da una sensación de progresión y establece una línea de tiempo útil de los eventos.
  • También puedes tomar un par de capítulos del Antiguo Testamento, uno del Nuevo Testamento, un Salmo y un Proverbio. Así avanzarás lo suficiente para cubrir la Biblia en un año, pero día con día tendrás una buena dosis de historia (A.T., y N.T.), una buena dosis de alabanza adoración (Salmos) y una excelente dosis de sabiduría (Proverbios). Por cierto, si eliges este plan, habrás leído los salmos por lo menos dos veces en el año y Proverbios ¡12 veces!

Recuerda tu objetivo

Dejar que tus ojos caigan sobre las palabras de las Escrituras hasta llegar al final de un pasaje designado solo para que puedas colocar una marca de verificación junto al plan de lectura de ese día no es lo mismo que leer la Biblia.

Recuerda la advertencia de Santiago: “No se contenten solo con oír la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica.” Santiago 1:22 NVI.

Si las palabras de las Escrituras no influyen en tu vida, no importa si las lees todas en un año. Tu objetivo es entender la Biblia y aplicar sus verdades a tu vida.

Lo haces más bien luchando con las Escrituras, no dejando ir un pasaje hasta que hayas obtenido todo lo que puedas de él. El Señor honra ese tipo de persistencia, como demuestra la historia de Jacob luchando con Dios en Génesis 32. (Irás a esa historia en las dos primeras semanas de tu aventura de lectura, si optas por el plan de lectura tradicional).

Cuando leas el pasaje de cada día, interactúa con el material. Te recomiendo llevar un diario de tus pensamientos. Escribe las preguntas que se te ocurran, las citas que te inspiren y los incidentes que te molesten. Ora por las cosas que lees. Pídele al Espíritu Santo que profundice tu comprensión y te dé una idea de cómo los pasajes individuales se conectan con el panorama general de la Biblia.

Me queda claro que existen muchos planes de lectura de la Biblia hoy en día. En la aplicación YouVersión hay un sin número de planes y todos ellos muy buenos. Pero quiero animarte a sumarte a los millones de personas que toman el desafío de leer la Palabra de Dios completa cada año.

Deseo que ésta desafiante aventura de leer la Palabra de Dios completa en un año se convierta en un hábito que, seguramente traerá mucha bendición y crecimiento espiritual a tu vida.

Que tengas un bendecido 2023 lleno del Consejo de Dios.

Pastor Luis Gabriel César I

Satélite Iglesia Cristiana.

Diciembre, 2022

El Hijo del Altísimo

Cuando el ángel Gabriel le anunció a María que tendría un hijo, el ángel invocó una promesa que se había hecho eco a lo largo del Antiguo Testamento. Su hijo sería llamado el “Hijo del Altísimo” y reinaría en el trono de su padre, David. Aquellos familiarizados con la Ley y los Profetas, incluida la propia María, habrían comenzado rápidamente a conectar los puntos proféticos.

Dios había elegido a David, un joven pastor, de entre toda una familia de hermanos y lo había convertido en el gobernante de Israel. Dios prometió hacer grande el nombre de David. Además, Dios prometió que después de la muerte de David, Dios criaría a uno de sus hijos para establecer el trono de su reino para siempre (2 Samuel 7:8-16).

Durante su vida, mientras David se enfrentaba a enemigos y conspiración, cantaba canciones de alabanza a Dios por protegerlo como el ungido de Dios (Salmo 2:1-12) y para establecer su línea mientras duren los cielos (Salmo 89:19-29). David entonó un salmo de alabanza que contenía una frase que Jesús citó más tarde para confundir a sus críticos: «El Señor le dice a Mi Señor…» (Salmo 110:1; Mateo 22:44). Otro salmo afirmó que Dios, a su promesa a David sobre la duración de su trono, había jurado un juramento que no podía ser revocado (Salmo 132:11-12).

El profeta Isaías continuó profetizando el cumplimiento de la promesa de Dios a David. Escribió que a su pueblo nacería un hijo, se le daría un hijo y el gobierno estaría sobre sus hombros (Isaías 9:6-7). Isaías también afirmó que un brote saldría del muñón de Isaí, el padre de David, y de sus raíces, una rama (refiriéndose a Jesús) daría fruto (Isaías 11:1-15).

Con el tiempo, el plan de Dios quedó claro: cumpliría esta promesa a través de Su Hijo, Jesús.

Cuando el ángel apareció a María, Dios proporcionó la actualización definitiva sobre el plan de Dios para cumplir su promesa.

El Bebé en el vientre de María, concebido por el Espíritu Santo aunque María era virgen, es el Hijo de Dios que reinaría eternamente (Lucas 1:31-33). Como piedra angular de las asombrosas declaraciones, el ángel le recordó a María que ninguna palabra de Dios fracasaría nunca (Lucas 1:37).

La intrincada historia de la promesa inicial de Dios realizada tan plenamente en la primera venida de Jesús aumenta la confianza de que el resto de las promesas de Dios se cumplirán en la segunda venida de Jesús y después de eso, en la eternidad.

Unámonos en adoración y alabanza a nuestro Dios porque a nosotros se nos ha concedido ser los beneficiarios de este extraordinario plan de salvación consumado en Cristo Jesús

Les deseo una muy bendecida Navidad 2022

Cuidado con la arrogancia

He estado preparando la charla con la que terminaremos la serie “Cristal” enfocada en los jóvenes de nuestra iglesia. De hecho la he titulado: “La generación arrogante”. Aunque no tocaré la vida de este personaje bíblico, me resulto una gran “coincidencia” leer nuevamente su historia en mi tiempo personal con Dios.

Siempre he creído que más que los tiempos complicados de nuestra vida, son los tiempos de prosperidad y bendición los que verdaderamente nos prueban. Son esos momentos en los cuales las cosas van bien. De hecho, se dice que Abraham Lincoln, quien fue presidente de los Estados Unidos lo conocía todo acerca del poder, él dijo: «Casi cualquier hombre puede resistir a la adversidad, pero si quieres probar el carácter de una persona, dale poder».

En el segundo libro de las Crónicas, se menciona el rey Uzías. Llamó poderosamente mi atención lo joven que ascendió al trono. De hecho el texto bíblico dice que Uzías empezó muy bien. Se hizo rey a los dieciséis años (26:1). «Hizo lo que agrada al Señor»(v.4). Fue leal en su empeño «en buscar al Señor» (v.5a). «Mientras Uzías buscó a Dios, Dios le dio prosperidad» (v.5b). «Dios lo ayudó» (v.7); se hizo famoso y muy poderoso (v.8). Todo le iba muy bien.

Mientras buscó a Dios, el Señor respondía sus oraciones, ayudándole y dándole éxito. Me hubiera gustado en gran manera que su historia terminara así, pero no. Tristemente las cosas no tuvieron un final feliz y lleno de bendición.

Las cosas en su reino comenzaron a descomponerse, pero ¿cuál fue la razón? La misma historia nos saca de la duda cuando lo expresa firmemente:

Cuando «llegó a ser muy poderoso» (v.15c), la fama, el éxito y el poder son embriagadores y acarrean grandes peligros de orgullo y arrogancia.

«Cuando aumentó su poder, Uzías se volvió arrogante, lo cual lo llevó a la desgracia» (v.16).

Hizo aquello que estaba específicamente prohibido por la Escritura, y nota por favor uno de los rasgos característicos de las personas arrogantes, a pesar de que muchos líderes «se le enfrentaron» (2 Crónicas 26:18) previniéndole contra ser infiel (v.18).

En vez de escucharlos, por su orgullo se «enfureció» (v.19). Esto es una advertencia. Puedo contar con la bendición de que siempre estaré rodeado de personas sabias y amorosas que, cuando me ven tomando decisiones equivocadas y dando malos pasos, ellos van a intervenir y advertirme de los peligros de seguir por esos caminos. Eso fue lo que tuvo este peculiar rey, personas a su lado que le advirtieron de su proceder.

La historia se repite una y otra vez. No me preocupan tanto los tiempos de dolor y angustia, porque finalmente, de alguna manera eso nos lleva a las rodillas y a buscar a Dios con todo el corazón. Es cuestión más bien de que las cosas vayan de maravilla, cuando comenzamos a transitar suelo resbaladizo.

Si las cosas te van bien, no te vuelvas orgulloso, sigue confiando en Dios y obedeciéndole. Reconócelo en todos tus caminos. Si ahora mismo estás viviendo tiempos de prosperidad y bendición, te animo a leer con todo detenimiento el Salmo 103, que nos enseña que no debemos olvidarnos jamás de ninguno de los beneficios que inmerecidamente hemos recibido de nuestro Dios.

Te bendigo en el Nombre de Jesús.

La lucha que nos cambia

¿Por qué Dios nos deja luchar?  Esta es una pregunta común que la gente hace, sobre todo cuando está sufriendo. Otra manera de hacer esta pregunta y que seguramente te sentirás más identificado con ella es: “Si Dios es un Dios tan amoroso, ¿por qué permite que pasen cosas malas?

Hace mas de dos mil años el apóstol Pedro escribió las siguientes palabras: “Queridos hermanos, no se extrañen del fuego de la prueba que están soportando, como si fuera algo insólito. (1ª de Pedro 4: 12 NVI)

Él sabía bien de primera mano el asunto del sufrimiento y de las pruebas, ya que él mismo fue perseguido, probado, falló miserablemente y tuvo que luchar en medio de dudas y miedos personales para poder progresar.

Su consejo deja claro que todos, absolutamente todos, tarde o temprano chocamos con algún surco, y esto nos produce retrasos con los cuáles batallamos mucho. Según Pedro, no debes considerar estas cosas como “extrañas”. No es para nada anormal. Es algo que todos experimentamos. Las luchas y los problemas en la vida son inevitables. Ya sean dificultades financieras, problemas de salud o relaciones destruidas, lucharemos, eso está garantizado.

Hay algo que debemos tomar muy en cuenta, es que no es la lucha en sí lo que nos retrasa. Yo mismo he experimentado momentos fuertes de lucha y he aconsejado a cientos que han atravesado eventos devastadores y tiempos de dolor. He visto que de esos mismos eventos unos salen mejorados y otros salen amargados. ¿Cuál es la diferencia? No es la lucha lo que determina tu éxito o fracaso. No es lo que haces durante ella. Aunque a Dios le importa mucho lo que estás atravesando, está infinitamente más preocupado, ¡POR LO QUE ESTÁS PERMITIENDO QUE ATRAVIESE POR TI!

Muchos seguramente nos hemos preguntado si no hay acaso una clase de pastilla que podamos tomar para ayudarnos a salir de la lucha personal, alguna manera para escabullirnos de las exigencias de la vida. A menudo nos gustaría que nuestras luchas fuesen removidas. Pero ten cuidado con lo que deseas, porque puede que lo obtengas.

Si eliminas de tu vida la lucha, también evades mucho de lo que trae carácter y profundidad en tu vida. No sé si sabías este dato. De acuerdo a los científicos, el pollito bebé debe picotear, abriéndose camino para salir fuera del cascarón. Si alguien tomase el cascarón del pollito bebé y se lo quebrara para “ayudarle” en el proceso de nacimiento, este moriría. El sistema circulatorio del pollito se activa y se desarrolla cuando lucha por salir del cascarón. Si se le quita la lucha, también se le quita la habilidad de desarrollarse. Lo mismo pasa contigo y conmigo.

Uno de los mejores salones de clase para desarrollar el carácter es la lucha. Esta provee lecciones que traen profundidad a nuestras vidas. Sin la lucha, nos faltaría el programa diseñado por Dios para desarrollar los músculos del carácter. Debemos estar dispuestos a experimentar la lucha por el bien de nuestro crecimiento.

A lo largo de mi caminar con Dios, he visto con claridad que él usa el sufrimiento para una variedad de enseñanzas altamente valiosas. Entre mejor comprendas estas valiosas enseñanzas, mejor comprenderás los procesos por los que Dios nos permite vivir para que, lo más pronto posible, podamos salir del fondo de la experiencia dolorosa, completamente transformados y renovados.

 Piénsalo…

Libertad…el poder para hacer lo correcto

“Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado; porque el que muere queda liberado del pecado.” (Romanos 6:6-7)

Tengo que explicar esto porque la mayoría de la gente tiene una visión limitada, en realidad bastante inmadura de la definición de libertad.

Mucha gente piensa que la libertad significa que “no hay reglas”. Eso no es libertad. 

Siempre me he reído de los muchachos que dicen: “No puedo esperar hasta que me gradúe, porque entonces voy a ser libre de mis padres y toda su autoridad.” Te digo algo: ¡Tú siempre tendrás autoridad sobre ti en tu vida! Hay que acostumbrarse a ella. Puede ser un jefe, puede ser el gobierno. Pero vas a tener que servir a alguien, en algún momento. Nadie tiene una vida ilimitada. Hay limitaciones en todos los ámbitos de la vida.

Hay personas que piensan que la libertad significa que no hay fronteras, ni límites, ni reglas, ni normas, ni restricciones, ni límites.

Permítanme explicar esto muy claramente: la libertad no es ausencia de límites. La libertad es el poder de Dios que por su gracia nos permite decir: SI O NO. Poder para decir sí a las cosas correctas y para decir no a las cosas que estropean tu vida. La libertad es algo más que restricciones y limitaciones rotas. La libertad es el poder de hacer lo correcto, el poder de hacer lo que es bueno, el poder de dejar de hacer uno mismo, las cosas destructivas que te gustaría quitar de tu vida. 

La libertad es mucho más positiva, y mucho más poderosa que simplemente no tener límites.

Escucha esto: Si no tienes el poder de decir no, hay una palabra para eso. Se llama “adicción”. Si además tienes obsesiones y compulsiones a las que no puedes decir no, entonces no conoces para nada el poder de la libertad plena. 

Tú necesitas a alguien que te libere de ti mismo. Seguro que hay cosas de ti mismo que no te gustan que has tratado de cambiar y no puedes. Porque si pudieras lo harías.  Quizá digas: “No me gusta estar preocupado todo el tiempo, pero no sé cómo evitarlo”. “No sé por qué digo estas cosas que me avergüenzan, pero no sé cómo detenerlo”. “¿Por qué pierdo los estribos con la gente que más amo? Yo no quiero hacer eso, pero no puedo evitarlo”. No quiero tener miedo y no quiero estar nervioso o no quiero estar ansioso.” “Yo no quiero estar estresado todo el tiempo pero lo estoy”. ¿Cómo puedo evitarlo? “Me gustaría ser más paciente, pero no se cómo”. “Me gustaría ser más organizado, pero por más que lo intento, no sé como hacerlo.”

Hay un montón de cosas que seguramente no te gustan de ti mismo. Entonces la mejor manera de tratar con ellas es encubrirlas. Uno trata de que parezca que no es gran cosa, aunque es una gran cosa para ti. Tú no tienes el poder para detenerlo. No tienes el poder para decir no. ¿Sabes por qué? Porque ese tipo de poder sólo proviene de Dios. 

La Biblia habla mucho sobre esto. En Romanos dice: “Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado; porque el que muere queda liberado del pecado.” (Romanos 6:6-7)

¿Qué significa eso? ¿Quiere esto decir que no pecas más? Obviamente, no. Yo peco todo el tiempo y tú también. ¿Así que, qué está diciendo Pablo cuando escribió estas palabras? Está diciendo que ahora tengo el poder para no hacerlo. Antes de Cristo yo no tenía ningún poder. Era yo sólo contra mis adicciones, contra mí mis hábitos, contra las cosas de mi que no me gustan. 

Esto es lo que te hace diferente de los animales. Los animales no tienen la capacidad de desobedecer a sus instintos. Eso es lo que los convierte en animales. Los animales no pueden tomar decisiones morales. Los animales se guían por los instintos. 

¿Qué te hace un ser humano hecho a imagen de Dios? Tú tienes el poder de decir no. No se trata de un poder por tu propia cuenta. Es un poder que Dios te da por su gracia y eso es libertad.

Recordemos las palabras de Pablo a la iglesia de Galacia: “Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud.” (Gálatas 5:1)

Pastor Gary César

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Decepción

¿Quienes no hemos experimentado esta sensación de sentirnos golpeados por el puño certero de una decepción dolorosa?

La decepción es una poderosa fuerza destructiva que puede dejarnos atrapados en un momento a través del cual filtramos e incluso perdemos experiencias futuras. Es una fuerza que debemos enfrentar y superar para vivir una vida llena de fe abrazando lo inesperado.

Jesús siempre camina con nosotros a través de nuestra decepción. A través de nuestras penas. Llevándonos a recuperar nuestra maravilla. Llevándonos a algo mejor por delante. Él es quien nos ayuda a recordar que, aunque nos sucedió a nosotros, no significa que se tratara de nosotros. Quiere que sepamos que la decepción es un lugar por el que pasamos, nunca un lugar donde nos quedamos.

Cuando las decepciones ocurren repetidamente, nuestros corazones pueden enfermarse y nuestros pensamientos pueden oscurecerse. Ahí es cuando el enemigo puede entrar y robar lo último de nuestra esperanza. Ahí es cuando la duda y la incredulidad pueden superar lo que queda de nuestra fe.

La clave para salir adelante de nuestras decepciones en una fe inquebrantable en las maravillas promesas de Dios. Es bueno saber que las promesas no tienen fecha de vencimiento como las licencias de conducir, los pasaportes o las visas. Desde que Dios las pronuncio, están vigentes para ti y para mi. Esto significa que Dios siempre cumplirá sus promesas para sus hijos. ¿No te alegra saberlo? No importa la terrible decepción que hayas y estés pasando ahora mismo, lo que importa es que pongas tus ojos en Aquel que puede hacer mucho más de lo que puedes pedir o imaginar.

“Mantengamos firme la esperanza que profesamos, porque fiel es el que hizo la promesa.” Hebreos‬ ‭10:23‬ ‭NVI‬‬

Elévate #SorprendidoPorSuGracia #NoEstásSólo #DiNoALaDecepción.