Asumamos nuestra responsabilidad

El apóstol Pablo escribió a los Gálatas lo siguiente: “Pues cada uno es responsable de su propia conducta.” (Gálatas 6:5)

Aunque este precepto bíblico tiene más de 2000 años de existencia, es muy fácil que los creyentes del siglo XXI, lo pasemos por alto. Hoy en día vivimos en el mundo de las victimas y los victimarios. Al parecer ya nadie asume su propia responsabilidad, sino que, en la medida de nuestras fuerzas, nos damos a la tarea de echarle la culpa a cualquiera otro. No importa que la evidencia nos acuse de facto, siempre haremos hasta el último esfuerzo por dejar nuestra responsabilidad en las manos de otras personas. Es común ver como los esposos están culpando a sus esposas de sus malas decisiones y de la misma manera, muchas esposas están haciendo lo propio con sus maridos. Los padres se quejan de sus propios hijos y los últimos no se quedan atrás en la tarea de culpar a los demás.

Como hijos de Dios hemos sido llamados a asumir nuestra responsabilidad personal, donde sea que estemos en el rol que Dios nos asignó vivir. Nuestra responsabilidad como padres es del 100%, como hijos, lo mismo. Sea cuál fuere tu rol de vida en este momento, tienes que aprender a asumir tu responsabilidad con firmeza y valor. Deja de culpar a los demás, Dios es quien finalmente juzga, por lo que, en la medida de la gracia de Dios que has recibido, vive con determinación y coraje, porque al final del camino Dios nunca te preguntará por lo que no sea tu responsabilidad, sino por aquello que estuvo en tus manos por hacer.

En el amor de Jesús,

Luis Gabriel César Isunza
Pastor PIB Satélite A.R.

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No tendrá comparación

De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. Romanos 8:18

Recientemente ocurrió un incidente muy notable en una boda en Inglaterra. Un joven rico y de una posición social muy elevada que a consecuencia de un accidente se había quedado ciego a los diez años de edad, y que a pesar de su ceguera había ganado matricula de honor en su carrera universitaria, también gano el corazón de una bellísima novia aunque nunca había podido ver su cara. Un poco antes de su casamiento, se sometió a un tratamiento bajo la dirección de varios especialistas, y su culminación llego el mismo día de su boda. Por fin llego el día tan deseado y los regalos y convidados. Entre los invitados había ministros del gobierno, generales, obispos, hombres y mujeres muy notables y famosos.  El novio se vistió para la boda con sus ojos aun cubiertos con una venda, y marcho a la iglesia con su padre en automóvil.  El famoso oculista que lo había estado curando los encontró en la oficina de la Iglesia. La novia entro a la iglesia tomada del brazo con su padre. Dicho señor tenia cabello blanco y  su uniforme estaba adornado con los colores azules y cordones que correspondían a su vestimenta como almirante de marina.  Ella estaba tan emocionada que apenas podía hablar. ¿Vería su prometido al fin su cara tan admirada por otros y que el solo conocía por la punta de sus delicados dedos? Cuando ella se acercaba al altar, mientras el gentío que había en la iglesia se movía de una parte para otra, sus ojos se fijaron en un grupo algo extraño. El padre estaba allí con su hijo. Delante del último se encontraba el gran oculista. En el acto corta el ultimo vendaje. El dio un paso hacia adelante con la incertidumbre espasmódica de una persona que no puede creer que esta despierta. Un rayo de luz de color de rosa procedente de una de las vidrieras le dio en su rostro, pero parecía que no lo veía. 

¿Vio algo? ¡Si!  En un instante recobro la firmeza de su semblante, y con una dignidad y gozo que jamás se había visto antes en su rostro, marcho adelante para encontrar a su prometida.  Se miraron a los ojos el uno al otro, y uno podía llegar a pensar que sus ojos jamás iban a apartarse del rostro de su prometida.

“¡Por fin!» dijo ella. ¡Por fin! repitió él, inclinando su cabeza.  Aquella fue una escena de una gran poder dramático y sin duda alguna., de gran gozo, pero no es nada mas que una mera sugestión de lo que actualmente sucede en el Cielo cuando el cristiano que ha estado caminando por este mundo de pruebas y aflicciones se ve cara a cara, a su Señor y Salvador.

Aguardemos con paciencia ese maravilloso día, donde podremos ver cara a cara a nuestro bendito Señor y Salvador. ¡Aleluya!

Pastor Luis Gabriel César Isunza

Cómo enfrentar la muerte

 La séptima palabra de Cristo en la cruz fue: :  “¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu! Y al decir esto, expiró.” (Lucas 23:46)

 La muerte es la experiencia más ordinaria de la vida. Es un hecho, si Jesús no viene antes, seguro que experimentarás la muerte al igual que yo. Pero, ¿qué pasa con los que mueren? ¿Será el final de todo? ¿existirá la extinción total? ¿Reencarnaremos en alguna otra forma de vida, mejor o peor? La Biblia nos da la maravillosa certeza de lo que sucede cuando un creyente muere: Dice en Eclesiastés 12:17:  “Volverá entonces el polvo a la tierra, como antes fue, y el espíritu volverá a Dios, que es quien lo dio.”

 La declaración de Cristo en la cruz nos dice por lo menos tres cosas acerca de su propia esperanza:

  • Sabe a quién regresa: “Padre…”
  • Sabe que está seguro: “Es tus manos…”
  • Sabe que se le espera: “Encomiendo…”

Jesús abrió sus labios por 7a y última vez para abandonarse en el seno y brazos de su amante Padre. El autor de la vida penetraba a la muerte, por amor a ti, regresaba al Padre. Los acontecimientos que siguieron su muerte habla de la realidad del sacrificio y su impacto:

  • El velo se rasgó. Este velo que por muchas generaciones significaría la separación del hombre de Dios, ya no existiría mas. Ahora Cristo abría para siempre el sendero hacia Dios.
  • Los sepulcros se abrieron. Esto es la garantía de nuestra propia resurrección. Jesús dijo: “El cree en mi, aunque esté muerto vivirá…”
  • La confesión del primer fruto de la cruz. El soldado romano que observaba todos estos acontecimientos expresó: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”.

Cuando Jesús subía dijo: “Padre…” sabía a quien regresaba, por cierto, ¿sabes que será de tu alma cuando mueras?

Pablo escribió lo siguiente: “Hermanos, no queremos que ignoren lo que va a pasar con los que ya han muerto, para que no se entristezcan como esos otros que no tienen esperanza. ¿Acaso no creemos que Jesús murió y resucitó? Así también Dios resucitará con Jesús a los que han muerto en unión con él.” (1ª Tesalonicenses 4:13-14)

Gracias a lo que Jesús hizo por ti y por mi, eso nos da una plena seguridad de que él mismo abrió el camino al Padre. Eso mismo te prepara para enfrentar el evento más ordinario de la vida, que es la muerte misma. Sabiendo que Cristo mismo la venció.

¡Aleluya!

 

Mira con quien andas

Uno de los versos más interesantes de la Biblia es el que por medio de la pluma de Pablo dijo: «No se dejen engañar: «Las malas compañías corrompen las buenas costumbres.»» (1 Coríntios 15:33 NVI)

No cabe duda que las personas que nos rodean pueden nuestra más grande ventaja o desventaja. Debemos hacer un análisis detenido para descubrir sí las personas que nos rodean se están convirtiendo en fuente de bendición o de maldición. Aún la personase buenas en situaciones equivocadas terminarán siendo malas compañías.

Sí te estas juntando con quien no debes juntarte, terminarás haciendo cosas que no debes hacer. Sí tus amigos tienen conversaciones sucias, ven películas pecaminosas, hablan mal de sus esposos o esposas y se la pasan criticando a todo el mundo, tarde o temprano eso te dañara a ti. Sí uno de tus amigos es una fuente de tentación sexual…te estas dirigiendo peligrosamente a la boca del dragón

La clave es tener amigos que nos ayuden a equilibrar la balanza. Debes rodearte de personas que cumplan lo que dice proverbios: «El hierro se afila con el hierro, y el hombre en el trato con el hombre.» (Proverbios 27:17 NVI)

Tener personas que nos confronten cuando estamos mal es uno de los regalos más grandes de la vida.

Es por eso que debemos revisar nuestras relaciones personales con frecuencia, recordando lo que Dios le pidió a Jeremías que hiciera: Por eso, así dice el Señor : «Que ellos se vuelvan hacia ti, pero tú no te vuelvas hacia ellos». (Jeremías 15:19 NVI)

Piénsalo y que Dios he bendiga.

Pastor Luis Gabriel César

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Todo se ha cumplido

La sexta frase de Cristo en la cruz fue una palabra de absoluta victoria. Fácilmente podríamos confundir la profundidad de esta maravillosa declaración si la vemos superficialmente.

La sexta palabra está basada en la perseverancia de Jesús la que hizo todo posible. No era un grito, no era un alarido; era un rugido, el rugido del León de Judá. No es un grito de desesperación. Es un grito de finalización. Un grito de consumación. Un grito de victoria. Un grito de cumplimiento. Y me atrevo a decir, un grito de alivio. Han sido momentos de dolor indecible, pero cuando vio que la tarea encomendada por el Padre había llegado a feliz término, no pudo quedarse callado. Es una de las razones que me tienen profundamente agradecido a Jesús: su perseverancia. Por eso, cuando llegue al cielo lo primero que le diré a Jesús será: “Gracias Jesús porque fuiste fiel y soportaste hasta el final, y eso me permitió a mi sacar fuerzas de tu ejemplo cuando simplemente quería claudicar”.

Te pregunto: ¿Estas a punto de desistir de algo? Por favor no lo hagas. ¿Estás desanimado como padre? permanece allí. ¿Estas fatigado por hacer lo bueno? Hazlo un poco más. ¿Estás pesimista acerca de tu trabajo? Arremángate, y hazlo otra vez. ¿No hay comunicación en tu matrimonio? dale un toque más de amor. ¿No puedes resistir la tentación? acepta el perdón de Dios, y pelea el siguiente round.

Juntos demos gracias a nuestro bendito Señor y Salvador Jesucristo, por enseñarnos, entre otras cosas a permanecer, a soportar, y en el fin, a terminar.

En Su amor inalterable,

Pastor Luis Gabriel César

Todo se ha cumplido

La sexta frase de Cristo en la cruz fue una palabra de absoluta victoria. Fácilmente podríamos confundir la profundidad de esta maravillosa declaración si la vemos superficialmente.

La sexta palabra está basada en la perseverancia de Jesús la que hizo todo posible. No era un grito, no era un alarido; era un rugido, el rugido del León de Judá. No es un grito de desesperación. Es un grito de finalización. Un grito de consumación. Un grito de victoria. Un grito de cumplimiento. Y me atrevo a decir, un grito de alivio. Han sido momentos de dolor indecible, pero cuando vio que la tarea encomendada por el Padre había llegado a feliz término, no pudo quedarse callado. Es una de las razones que me tienen profundamente agradecido a Jesús: su perseverancia. Por eso, cuando llegue al cielo lo primero que le diré a Jesús será: “Gracias Jesús porque fuiste fiel y soportaste hasta el final, y eso me permitió a mi sacar fuerzas de tu ejemplo cuando simplemente quería claudicar”.

Te pregunto: ¿Estas a punto de desistir de algo? Por favor no lo hagas. ¿Estás desanimado como padre? permanece allí. ¿Estas fatigado por hacer lo bueno? Hazlo un poco más. ¿Estás pesimista acerca de tu trabajo? Arremángate, y hazlo otra vez. ¿No hay comunicación en tu matrimonio? dale un toque más de amor. ¿No puedes resistir la tentación? acepta el perdón de Dios, y pelea el siguiente round.

Juntos demos gracias a nuestro bendito Señor y Salvador Jesucristo, por enseñarnos, entre otras cosas a permanecer, a soportar, y en el fin, a terminar.

En Su amor inalterable,

Pastor Luis Gabriel César
PIB Satélite