El apóstol Pedro escribió la siguiente advertencia a todos los pastores y líderes de iglesias: «Cuiden del rebaño que Dios les ha encomendado. Háganlo con gusto, no de mala gana ni por el beneficio personal que puedan obtener de ello, sino porque están deseosos de servir a Dios. No abusen de la autoridad que tienen sobre los que están a su cargo, sino guíenlos con su buen ejemplo. Así, cuando venga el Gran Pastor, recibirán una corona de gloria y honor eternos.» (1 Pedro 5:2-4 NTV)
El asunto del «llamado de Dios» desafortunadamente se ha convertido en una opción laboral mas en nuestros días. Con mucha frecuencia vemos hombres y mujeres que supuestamente han recibido un llamado de Dios para servirle, cuando en realidad, al no tener mas opciones en el campo laboral o académico, sienten que, como consecuencia de ello, el Señor los está llamando. A mi me queda claro que el llamado al ministerio es uno de los asuntos más delicados que un ser humano enfrenta. La responsabilidad es altísima y no puede, en ninguna manera, reducirse a una opción laboral u ocupacional. También he observado que a menudo la gente no esta de acuerdo con lo que sucede en la iglesia de Cristo, entonces decide «abrir una propia», que se ajuste a sus gustos y preferencias, menoscabando con ello, que la iglesia es del Señor y no es el resultado de un anhelo personal.
No hay duda que el apóstol Pedro vivió situaciones semejantes a las que estoy describiendo, si no, su advertencia no hubiera tenido cabida. Si analizamos el texto dice algunas verdades muy impactantes:
- El rebaño es de Dios. Dios ha encomendado esta tarea de cuidar o apacentar Su rebaño. No nos pertenece, sino que fue ganado con Su sangre preciosa.
- Debemos hacer el ministerio con agrado. Es fácil detectar la falta de llamado, cuando comenzamos a hacerlo en forma forzada o de mala gana. Hay muchos problemas en el ministerio y es fácil que perdamos el impulso, sobre todo cuando lo que nos tiene en el ministerio es una opción laboral, en vez de un llamado genuino.
- Sin obtener beneficio del mismo. Es fácil hoy en día, que veamos el ministerio mas como una fuente de recursos financieros, que una forma de gastar nuestra vida en el servicio al Señor. El siervo de Dios debe ver el ministerio como una forma de servir a Dios, no como una forma de servirse a sí mismo. Podría abundar mas sobre este tema, pero es de todos conocido el increíble abuso que se ha hecho de parte de personas sin escrúpulos que piensan que pueden lucrar del Evangelio, sin tener consecuencias. De Dios nadie se burla, cosechamos lo que sembramos.
- No siendo señores del rebaño. El rebaño no nos pertenece pero a menudo actuamos como si fuéramos los señores del mismo. Creo que este ha sido uno de los más grandes daños que ha recibido la iglesia de Cristo, cuando está liderada por personas sin escrúpulos que se sienten señores de la grey de Dios. Pedro dice que en vez de hacerlo con imposición, ejerciendo dominio, y mandando al rebaño, lo hagamos con un corazón disponible lleno de amor y ternura. Amorosamente firmes. En pocas palabras «siendo ejemplos».
La promesa a quienes ejercen bien en ministerio es por demás preciosa: «Así, cuando venga el Gran Pastor, recibirán una corona de gloria y honor eternos.»
Cuando una persona decide servir al Señor en el pastoral sin un llamado legítimo, todos lo lamentan. La persona experimenta mucha frustración por la falta de crecimiento y la innumerable cantidad de situaciones complejas que tiene que atravesar. La iglesia también sufre. Porque ser pastoreados por un individuo sin llamado legítimo conlleva mucho dolor y confusión. Y finalmente la obra del Señor lo resiente. Como alguien me comentó después de una conferencia de liderazgo: «Mire pastor, si la obra del Señor es poderosa, que ni siquiera los pastores hemos podido detenerla». Asi es, Dios estableció Su iglesia como una de las mejores ideas que pudo concebir su corazón. Aun asi, podemos hacer tropezar a otros cuando estamos en un lugar que no nos corresponde.
No hay duda. Ser pastor de una iglesia es un privilegio inmerecido que requiere no un poco de nosotros, sino que lo exige todo. El llamado no es una opción laboral u ocupacional, es la ineludible y permanente tarea de servir con temor y temblor al Señor de la mies, sin importar los complejos momentos por lo que se tenga que pasar. Bien lo decía el apóstol Pablo en 1a a Timoteo 5:22: «Nunca te apresures cuando tengas que nombrar a un líder de la iglesia. No participes en los pecados de los demás. Mantente puro.» (1a a Timoteo 5:22 NTV)
Sirvamos al Dios que nos sirvió primero.