A Dios le importa nuestro cuerpo

“Ustedes dicen: «Se me permite hacer cualquier cosa», pero no todo les conviene. Y aunque «se me permite hacer cualquier cosa», no debo volverme esclavo de nada. Ustedes dicen: «La comida se hizo para el estómago, y el estómago, para la comida». (Eso es cierto, aunque un día Dios acabará con ambas cosas). Pero ustedes no pueden decir que nuestro cuerpo fue creado para la inmoralidad sexual. Fue creado para el Señor, y al Señor le importa nuestro cuerpo. (1ª de Corintios 6:12-13)

Históricamente ha sido características de la iglesia de Cristo cuidar del alma y del espíritu de las personas. Tradicionalmente en las iglesias no se habla de la importancia del cuerpo, es más, hay quienes creen que hablar del cuerpo es bastante mundano, al punto de que, por la falta de cuidado y enseñanza de este importante rubro, sufrimos las consecuencias que nos llevan a enfermedades que nunca fueron el plan de Dios. Pensamos que Dios no se interesa por nuestro cuerpo, pero paradójicamente, en muchas ocasiones buscamos que Dios pose su bendita mano de sanidad sobre nuestro cuerpo enfermo. Entonces, ¿le interesa o no nuestro cuerpo a Dios? Definitivamente creo que a Dios le interesa la totalidad de nuestro ser. De hecho, en la porción arriba citada, termina diciendo Pablo: “…al Señor le importa nuestro cuerpo.”

Quizá debas hacer un alto y considerar que no has sido un buen mayordomo del único cuerpo que has recibido de Dios. Piensa. Si adquirieras un automóvil nuevo de paquete, y tuvieras la plena certeza de que jamás lo podrías cambiar, ¿lo cuidarías? Estoy seguro que si. Bueno, pues el cuerpo que tienes es único. Sólo después de tu muerte será completamente renovado, pero en esta vida, será tu único cuerpo, así que, bien haríamos en cuidarlo, y sobre todo cuando la misma Escritura hace una poderosa y electrizante declaración: ¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? Ustedes no se pertenecen a sí mismos, porque Dios los compró a un alto precio. Por lo tanto, honren a Dios con su cuerpo.” (1ª Corintios 6:19-20)

 Que Dios te bendiga,

Tú dices, pero no sabes

Tú dices: Yo soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad. Pero no sabes que eres desventurado, miserable, pobre, ciego y estás desnudo. Apocalipsis 3.17 
Una cosa es lo que yo pienso de mí mismo, y una muy diferente lo que Dios piensa de mí. La situación que vivía la iglesia de Laodicea, iglesia a la que Jesús habló tan severamente, es que tenía un estado espiritual muy decadente, pero lo cierto es que la misma iglesia no lo había entendidos más bien no de había percatado de su propia condición. La perspectiva que tenía la iglesia sobre ella misma es que era rica y no tenía necesidad de nada. El grave problema que se enfrenta cuando las cosas marchan bien en la vida, es que perdemos perspectiva. Perdemos de vista nuestra propia condición y eso es bastante peligroso. No hay duda que los hermanos de Laodicea estaban pasando por tiempos de prosperidad y eso mismo les hizo perder el piso, y sobre todo la muy necesaria dependencia de nuestro Dios.  

Pensar que nos podemos bastar a nosotros mismos es un peligro latente que todos enfrentamos. Bien lo expresaba el profeta Jeremías cuando confrontó al pueblo de Dios diciendo: “Dos son los pecados que ha cometido mi pueblo: Me han abandonado a mí, fuente de agua viva, y han cavado sus propias cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.” Jeremías‬ ‭2:13‬ ‭NVI‬‬‬‬‬‬ 

Por eso el problema es una total falta de discernimiento espiritual. Una cosa es lo que “yo digo acerca de mí mismo”, y otra cosa lo que “yo ignoro”. Bien lo expresó Jesús hablando a la Iglesia de Laodicea: “Tú dices, pero en realidad no sabes”.  

Si entiendo bien mi Biblia, es sólo el Santo Espíritu de Dios quien nos puede convencer de “pecado, justicia y juicio”. Por eso, bien haríamos en tomarnos uno minutos para evaluar nuestra vida delante de Dios. Pedirle con todo nuestro corazón que nos dé a conocer lo que en realidad hay en nuestra vida y que no le agrada, ya que sólo así podemos vernos tal como somos, y buscar con desesperación, que en nuestra miseria personal, Dios tenga misericordia de nosotros y nos llene de toda bendición que anhela nuestra alma.  

En Cristo el Señor,

Pastor Luis Gabriel César Isunza

Twitter@garycesar

Crece donde estés

Cuando Jesús enseñaba el poderoso “Sermón del Monte”, hizo una mención que quizá hayas pasado por alto. El dijo: »¿Y por qué se preocupan por la ropa? Observen cómo crecen los lirios del campo. No trabajan ni hilan; sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vestía como uno de ellos.» Mateo‬ ‭6:28-29‬ ‭NVI‬‬‬‬‬‬ 

Me queda claro que Jesús está hablando del cuidado amoroso que el Padre tiene, no sólo sobre la creación, sino sobre sus hijos. Pero lo que saltó a mi mente fue lo que dijo Jesús al comienzo de esta frase. Velo con tus propios ojos: “Observen cómo crecen los lirios del campo.” El plan de Dios es el crecimiento. Donde estés, tu tarea es crecer. No debes esperar ciertas condiciones especiales, o promociones humanas, y situaciones perfectas para darte a la tarea de crecer. No, sino que, independientemente de las condiciones en las que te encuentres, tu tarea es crecer, desarrollarte. 

Haz una lista de tus roles al día de hoy: puede ser como profesionista, empleado, empresario, padre, madre, hijo, hermano, miembro de la iglesia, etc. Tu tarea es crecer donde estés. Jesús dijo: “Observen como crecen…” Esto es lo natural. Como hijo de Dios debe ser cada día mejor en todos los aspectos, independientemente del lugar donde te encuentres.  

Recuerda la historia de José. Lugar donde Dios lo puso, creció. No se adecuó a las precarias condiciones en que llegó a vivir, sino que en cada momento y lugar, se desarrolló, tomando roles de liderazgo e influencia. Nuestra tarea debe ser la misma. Dios te ha puesto en el lugar donde estás, con el propósito de que crezcas. Sólo recuerda que el mismo José es tuvo en la cárcel y aún allí creció, se desarrolló, fue mejor que los demás.  

Yo anhelo que Jesús diga lo mismo de ti y de mi. “Observa a mi hijo como crece…” Que no nos conformemos con menos.

En Su amor,

Pastor Luis Gabriel César 

Twitter@garycesar

Cuando sentimos desfallecer

“Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna”.                Salmo 73:26

Alguien que haya sido cristiano por más de una semana sabe que Dios nunca promete una vida libre de problemas. A veces “ser bueno” y “hacer lo correcto” parece no ser muy efectivo. A pesar de lo que hagamos, los problemas y fracasos continúan viniendo.

Cuando los problemas se levantan en nuestras vidas, crean dudas e interrogantes. No estoy hablando acerca de un juego de preguntas y respuestas, sino que de esta maraña de problemas, surgen pensamientos de confusión y disturbio que se asientan profundamente en nuestra alma. Sacuden los fundamentos de nuestra vida. Es en los momentos de crisis donde nuestras creencias internas son desafiadas y nos forzamos a buscar la fortaleza en algún lugar.

Ahora mismo puedes estar enfrentando un evento devastador como la pérdida de tu trabajo, una gran pelea con tu esposa o saber que tu hijo consume drogas. Estos problemas rápidamente corroen nuestra confianza porque hemos trabajado tan duro para hacer lo correcto. Se cumplen nuestros más grande temores porque nos sentimos fracasados. Como un dolor de muelas, la duda se convierte en nuestra compañera constante de dolor. Al mirar hacia dentro, empezamos a buscar a otros y nuestra frustración se multiplica. Por otro lado, vemos personas que no se interesan por Dios, y viven su vida sin mayores problemas. No es sorprendente ver que al comienzo de este salmo el salmista clama: “En verdad, ¿de qué de sirve mantener mi corazón limpio? (vs. 13) En medio del dolor, otra versión sería así: “¿Por qué estoy tratando desesperadamente de hacer lo correcto cuando en realidad no importa?”

Tanto la duda como la auto-confianza, no son las mejores opciones en momentos de dolor. En medio de la duda, la confusión se asienta y es aquí donde nos abrimos para aprender. Esto es algo que se ha perdido desde la niñez. Si te encuentras en duda, quiero animarte para que le preguntes a Dios qué es lo que está tratando de enseñarte.

El otro día me fui a acostar sintiendo que toda área de mi vida era un fracaso. No me sentí ser un buen pastor, ni un buen amigo y ni siquiera un buen esposo. Mientras me quedé allí contemplando la calidad de mi vida, me reí por un momento y luego lágrimas empezaron a formarse en mis ojos mientras pensaba, “Es bueno saber que Dios no me ama por las cosas que hago.” Luego oré, “No quiero depender de mi propia fuerza, pero ayúdame a vivir con la tuya”.

El recuerdo de Su Palabra me dio las fuerzas necesarias para seguir adelante: «Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna».

Piénsalo…

Líderes que jamás se rinden

Como lideres-siervos, debemos mantenernos siempre en los caminos de Dios al costo que sea, ya que siempre existirán en nuestra vida problemas y obstáculos que tratarán de deternos y claudicar, pero jamás debemos permitirlo, especialmente si tenemos un llamado divino. Pablo escribió a la Iglesia de Roma, diciendo que: “Los dones y el llamamiento son irrevocables” (Rom. 11:29), razón por la cuál no nos podemos dar por vencidos en ninguna manera.  
Si algo hizo del Apóstol Pablo un hombre sobresaliente, es que jamás se atascó en el pasado de su vida. Continuamente lo vemos luchando por hacer del pasado un motivo de agradecimiento a Dios. No obstante que en su pasado había por lo menos dos clases de experiencias que podrían haberlo dañado irremisiblemente:  

  • Por un lado estaban todos aquellos supuestos trofeos de su pasada experiencia religiosa. Sólo hay que echarle una vista a su carta a los Filipenses para darnos cuenta de que el Apóstol si tenía cosas de que enorgullecerse. “circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. (Filipenses 3:5-7). Así mismo, tuvo muy buenos logros en su más reciente vida cristiana, ya que como promulgador de la fe, y héroe de las iglesias neotestamentarias, había destacado como uno de los mejores. Sin embargo, aunque habían cosas muy positivas en su vida, se negó a seguir viviendo en el pasado, para evitar así toda clase de soberbia.
  • De la misma manera en su pasado también existían cosas muy dolorosas tales como, naufragios, desvelos, amenazas, fatigas, hambres, golpes, y cosas semejantes a ellas. Estas dolorosas experiencias bien pudieron haberlo hecho una persona amargada o resentida, pero el mismo decía: “ciertamente, olvidando lo que queda atrás, me extiendo a lo que está adelante.”   

La pregunta que es menester que respondamos es: ¿qué perspectiva tenemos de nuestro pasado? ¿Vamos a atascarnos en él, recordando con dolor y amargura las cosas negativas que nos sucedieron? o ¿Acaso nos vamos a llenar de orgullo por los maravillosos logros desarrollados a lo largo de nuestra vida? 

Estoy convencido de que la verdadera grandeza de un hombre, consiste en observar aquello que tendría que suceder para detenerlo. Lo mejor sería recordar el pasado con un canto de profunda gratitud al Señor, y después con la plena certidumbre de que Dios es quien tiene nuestro futuro en sus poderosas manos, continuemos adelante para Su gloria. Sigamos adelante puestos los ojos en Jesús. 

¡Seamos líderes que jamás se rinden!

Luis Gabriel César I 

Twitter@garycesar 

Cuidado con el resentimiento

Tratar que una mala relación personal se convierta en buena, requiere una gran dosis de iniciativa y coraje personal. Debemos reconocer que es necesario hacerlo para iniciar el proceso de reconciliación. Tal vez estamos tentados a posponer cualquier aspecto que se refiera a esa relación, pensando que necesitas esperar algún tiempo. El autor de Hebreos explicó el daño de no resolver inmediatamente esta situación. 
En Hebreos 12:15 dice: “Cuídense unos a otros, para que ninguno de ustedes deje de recibir la gracia de Dios. Tengan cuidado de que no brote ninguna raíz venenosa de amargura, la cual los trastorne a ustedes y envenene a muchos.” 

El autor nos exhorta a no permitir que ninguna raíz venenosa de amargura brote de nuestro corazón, porque existen tres peligros si lo hacemos y no atendemos este consejo de la Palabra de Dios: 

 Nos cerramos a la gracia de Dios.

 Endurecemos nuestro corazón.

 Y el resentimiento puede crecer en nuestro corazón y contaminar a muchos.

Si pospones la iniciativa de mejorar una relación quebrantada, la raíz del resentimiento comenzará a crecer. ¿Has conocido alguna persona resentida? Puedes estar seguro que el problema comenzó por la falta de perdón y el resentimiento, que crecieron hasta consumir la personalidad y entonces comenzó a contaminar a los demás. El resentimiento puede consumirte y acabar con tus energías. Si actúas rápidamente, la energía malgastada en el resentimiento que produce una relación quebrantada puede ser canalizada en otras áreas. El espíritu de reconciliación debe ser una marca distintiva de los creyentes. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. 

En cambio, sin vas a Dios en oración, le pides perdón por tu resentimiento, le pides que te ayude a perdonar a la persona o personas que te dañaron, te llenas de Su Santo Espíritu, entonces te alejarás de vivir en amargura de corazón, y serás un maravilloso canal de bendición y restauración. Sé que el camino no es fácil, y lo digo por propia experiencia, pero cuando lo hacemos (aunque duela), encontraremos una inconmensurable fuente de gracia, amor y aceptación de parte de Dios. 

Recuerda que la persona que tiene resentimiento en su corazón, es semejante a la persona que esta bebiendo veneno, esperando que le haga mal a su ofensor. 

Seamos parte del gran ministerio de reconciliación que el mismo Dios comenzó en nosotros. 

Piénsalo…

No dueños, sino siervos

El apóstol Pedro escribió la siguiente advertencia a todos los pastores y líderes de iglesias: «Cuiden del rebaño que Dios les ha encomendado. Háganlo con gusto, no de mala gana ni por el beneficio personal que puedan obtener de ello, sino porque están deseosos de servir a Dios. No abusen de la autoridad que tienen sobre los que están a su cargo, sino guíenlos con su buen ejemplo. Así, cuando venga el Gran Pastor, recibirán una corona de gloria y honor eternos.» (‭1 Pedro‬ ‭5‬:‭2-4‬ NTV)

El asunto del «llamado de Dios» desafortunadamente se ha convertido en una opción laboral mas en nuestros días. Con mucha frecuencia vemos hombres y mujeres que supuestamente han recibido un llamado de Dios para servirle, cuando en realidad, al no tener mas opciones en el campo laboral o académico, sienten que, como consecuencia de ello, el Señor los está llamando. A mi me queda claro que el llamado al ministerio es uno de los asuntos más delicados que un ser humano enfrenta. La responsabilidad es altísima y no puede, en ninguna manera, reducirse a una opción laboral u ocupacional. También he observado que a menudo la gente no esta de acuerdo con lo que sucede en la iglesia de Cristo, entonces decide «abrir una propia», que se ajuste a sus gustos y preferencias, menoscabando con ello, que la iglesia es del Señor y no es el resultado de un anhelo personal. 

No hay duda que el apóstol Pedro vivió situaciones semejantes a las que estoy describiendo, si no, su advertencia no hubiera tenido cabida. Si analizamos el texto dice algunas verdades muy impactantes: 

  • El rebaño es de Dios. Dios ha encomendado esta tarea de cuidar o apacentar Su rebaño. No nos pertenece, sino que fue ganado con Su sangre preciosa. 
  • Debemos hacer el ministerio con agrado. Es fácil detectar la falta de llamado, cuando comenzamos a hacerlo en forma forzada o de mala gana. Hay muchos problemas en el ministerio y es fácil que perdamos el impulso, sobre todo cuando lo que nos tiene en el ministerio es una opción laboral, en vez de un llamado genuino. 
  • Sin obtener beneficio del mismo. Es fácil hoy en día, que veamos el ministerio mas como una fuente de recursos financieros, que una forma de gastar nuestra vida en el servicio al Señor. El siervo de Dios debe ver el ministerio como una forma de servir a Dios, no como una forma de servirse a sí mismo. Podría abundar mas sobre este tema, pero es de todos conocido el increíble abuso que se ha hecho de parte de personas sin escrúpulos que piensan que pueden lucrar del Evangelio, sin tener consecuencias. De Dios nadie se burla, cosechamos lo que sembramos. 
  • No siendo señores del rebaño. El rebaño no nos pertenece pero a menudo actuamos como si fuéramos los señores del mismo. Creo que este ha sido uno de los más grandes daños que ha recibido la iglesia de Cristo, cuando está liderada por personas sin escrúpulos que se sienten señores de la grey de Dios. Pedro dice que en vez de hacerlo con imposición, ejerciendo dominio, y mandando al rebaño, lo hagamos con un corazón disponible lleno de amor y ternura. Amorosamente firmes. En pocas palabras «siendo ejemplos». 

La promesa a quienes ejercen bien en ministerio es por demás preciosa: «Así, cuando venga el Gran Pastor, recibirán una corona de gloria y honor eternos.» 

Cuando una persona decide servir al Señor en el pastoral sin un llamado legítimo, todos lo lamentan. La persona experimenta mucha frustración por la falta de crecimiento y la innumerable cantidad de situaciones complejas que tiene que atravesar. La iglesia también sufre. Porque ser pastoreados por un individuo sin llamado legítimo conlleva mucho dolor y confusión. Y finalmente la obra del Señor lo resiente. Como alguien me comentó después de una conferencia de liderazgo: «Mire pastor, si la obra del Señor es poderosa, que ni siquiera los pastores hemos podido detenerla». Asi es, Dios estableció Su iglesia como una de las mejores ideas que pudo concebir su corazón. Aun asi, podemos hacer tropezar a otros cuando estamos en un lugar que no nos corresponde. 

No hay duda. Ser pastor de una iglesia es un privilegio inmerecido que requiere no un poco de nosotros, sino que lo exige todo.  El llamado no es una opción laboral u ocupacional, es la ineludible y permanente tarea de servir con temor y temblor al Señor de la mies, sin importar los complejos momentos por lo que se tenga que pasar. Bien lo decía el apóstol Pablo en 1a a Timoteo 5:22:  «Nunca te apresures cuando tengas que nombrar a un líder de la iglesia. No participes en los pecados de los demás. Mantente puro.» (‭1a a Timoteo‬ ‭5‬:‭22‬ NTV)

Sirvamos al Dios que nos sirvió primero. 

La falta de perdón es un acto de desobediencia

Es impensable que un cristiano decida voluntariamente no perdonar. Los que hemos sido perdonados por Dios mismo, no tenemos el derecho de negarle el perdón a nuestros semejantes, pecadores como nosotros. De hecho, las Escrituras nos ordenan, una y otra vez, perdonar en la misma forma en que hemos recibido el perdón. Así lo escribió Pablo:

«Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.” (Efesios 4:32)

Puesto que Dios nos manda perdonar a otros, negarse a hacerlo es un acto de directa desobediencia contra Él. En pocas palabras, negarse a perdonar es un pecado horrible. El perdón refleja el carácter de Dios. La falta de perdón, por lo tanto, es una impiedad alejada de Dios. Eso significa que la falta de perdón es una ofensa a Dios no menos grave que la fornicación o las borracheras o el divorcio, aunque algunas veces se considera más aceptable.

Como hijos de Dios, debemos reflejar su carácter, ya que en el momento de la salvación, nos es dada una nueva naturaleza que refleja en sí, la semejanza espiritual de Dios. De modo que el perdón es una parte integral de la nueva naturaleza del cristiano. Un cristiano que no perdona es una contradicción de términos. Cuando ves una persona que batalla para perdonar a los demás, es una buena razón para poner en duda que la fe de esa persona sea genuina.

Es claro para cada uno de nosotros que el perdón no llega fácilmente, aún siendo cristianos. Siendo honestos, muchas veces no perdonamos tan rápida y generosamente como debiéramos. Somos muy propensos a acumular ofensas. El perdón requiere que pongamos a un lado nuestro egoísmo, que aceptemos con gracia las ofensas que otros hayan cometido contra nosotros, y que no exijamos lo que creemos que se nos debe. Si vemos este asunto con calma, notaremos que todo esto va en contra de nuestras inclinaciones naturales y pecaminosas. Aún así, como nuevas criaturas, el Señor nos puede dar el poder y la gracia de perdonar en la manera en que Él nos ha perdonado: “… y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.” (Efesios 4:32)

En el amor perdonador de Jesús,

“Creyentes contradictorios»

Jonás es el vivo ejemplo de un creyente que tiene las respuestas correctas pero la actitud incorrecta. Cuando el profeta fugitivo “huía” de Dios, estando en el barco que, a su parecer lo ayudaría a evadir su llamado, en medio de la tormenta, sus compañeros de viaje le preguntaron quién era. Vemos el relato bíblico:  “Así que los marineros le reclamaron: —¿Por qué nos ha venido esta espantosa tormenta? ¿Quién eres? ¿En qué trabajas? ¿De qué país eres? ¿Cuál es tu nacionalidad? —Soy hebreo —contestó Jonás— y temo al SEÑOR, Dios del cielo, quien hizo el mar y la tierra”. (‭Jonas‬ ‭1‬:‭8-9‬ NTV)‬‬‬ ‬‬‬‬‬‬

¿Es increíble no? Jonás tenía las respuestas correctas. ¿Nacionalidad? Hebreo, lo que no era en realidad una gran pregunta, pero lo que me llama poderosamente la atención, es lo que dijo posteriormente, “…temo al Señor…” Sabemos que el temor a Dios implica una profunda reverencia y respeto por Su persona y atributos personales. Esta respuesta es realmente irónica. ¿De verdad Jonás tenía una profunda reverencia y respeto por el Dios, que según él, hizo el mar y la tierra? ¿No mas bien estaba huyendo de la presencia de Dios, evadiendo la orden concreta que había recibido de él? 

No sé porque esta historia me hizo pensar en mi mismo, y la vida de muchos creyentes que conocemos la Palabra de Dios, pero que estamos haciendo exactamente lo contrario a Su voluntad perfecta. Una cosa más que me parece inverosímil, es que Jonás sabía quien era Dios, dice que “está en el cielo”, por lo que sabía perfectamente que desde allí, podía contemplar al profeta escapadizo, y también dice que “hizo el mar”, medio que él estaba tratando de usar para evadir su responsabilidad. No me cabe la menor duda de que como creyentes, podemos tener las respuestas correctas, y sin embargo tener la actitud incorrecta, como en el caso de Jonás, una abierta rebelión a Su voluntad para nuestra vida.

Reflexiona detenidamente por unos instantes: ¿Qué te está pidiendo el Señor ahora mismo que hagas y sabiendo la respuesta, estás haciendo exactamente lo contrario? Todos sabemos el resto de la historia, Jonás paró en el vientre de un gran pez, que lo condujo al lugar donde el Señor lo había enviado. 

Hagamos de la congruencia una alta prioridad de vida, 

En Su amor, 

Zánganos en la divina colmena 

«Dios, de su gran variedad de dones espirituales, les ha dado un don a cada uno de ustedes. Úsenlos bien para servirse los unos a los otros. ¿Has recibido el don de hablar en público? Entonces, habla como si Dios mismo estuviera hablando por medio de ti. ¿Has recibido el don de ayudar a otros? Ayúdalos con toda la fuerza y la energía que Dios te da. Así, cada cosa que hagan traerá gloria a Dios por medio de Jesucristo. ¡A él sea toda la gloria y todo el poder por siempre y para siempre! Amén.” (‭1 Pedro‬ ‭4‬:‭10-11‬ NTV)

Uno de los secretos del crecimiento de la Iglesia de Cristo, tiene que ver con que cada miembro de la misma, asuma su rol en el ministerio. Según el apóstol Pedro, todo creyente, sin excepción ha sido dotado de por lo menos un don espiritual. Eso significa que, hemos sido capacitados por el Señor para ser útiles en Su obra. Demasiados creyentes llenan las bancas de los templos, sin la menor intención de ser usados por el Señor para el avance de Su Reino. Creo que llegó el momento de dejar de ser parte del ministerio de calefacción, es decir “calienta bancas”, para convertirnos en el ejercito de Dios capacitado y entrenado para toda buena obra. Bien decía Howard Hendricks, destacado pastor y conferencista cristiano, hablando de la iglesia de Cristo: “Hay demasiados zánganos en la divina colmena”. 

No existe nada mas hermoso dentro del ministerio cristiano, que observar a creyentes comprometidos poniendo al servicio del Señor los dones y las habilidades que han recibido de Él. Por otro lado, es emocionante ver a los pastores abriendo espacios de servicio, dejando que la iglesia asuma su responsabilidad y capacitando a los santos para la obra del ministerio. Una iglesia así, es un deleite a los ojos de nuestro Buen Dios. 

Me emociona ver como el apóstol Pedre concluye su exhortación:  «Así, cada cosa que hagan traerá gloria a Dios por medio de Jesucristo.» Si queremos dar la gloria a Dios, descubramos, desarrollemos y utilicemos los dones que hemos recibido de Su poderosa mano.

En el amor de Jesús el Señor,