Balón suelto

A muchos de ustedes les consta que me gustan mucho los deportes. De hecho, desde niño, adolescente y joven jugué varios de ellos: futbol, futbol americano, voleibol, basquetbol, gimnasia olímpica, atletismo, etc. Fui en realidad muy activo en el área deportiva. Hoy solo troto y hago bicicleta.

También me gusta ver juegos de estas disciplinas, aunque no lo hago como quisiera, porque la verdad, tengo otras prioridades, pero si alguien me invita a ver un buen partido, lo disfruto mucho.

De todos ellos he aprendido gran cantidad de lecciones que me han ayudado a lo largo de mi vida, ya sea como pastor, como conferencista o como coach. Quiero compartir contigo una de esas lecciones en este blog. ¡Hablemos de futbol americano! Pero antes,, déjame contarte una poderosa historia. Primero lee con detenimiento la siguiente porción:

En la 2 Corintios 12:7-10 NVI Pablo escribió:

Para evitar que me volviera presumido por estas sublimes revelaciones, una espina me fue clavada en el cuerpo, es decir, un mensajero de Satanás, para que me atormentara. 8 Tres veces rogué al Señor que me la quitara; 9 pero él me dijo: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad». Por lo tanto, gustosamente presumiré más bien de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo. 10 Por eso me regocijo en debilidades, insultos, privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo; porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Déjame preguntarte algo muy personal, ¿Qué haces con tus debilidades? No puedes afirmar que careces de ellas, es más, el simple hecho de negarlo, sería una fuente muy importante de debilidad en tu vida.

Regularmente cuando nuestras debilidades hacen acto de presencia en nuestra vida, tomamos uno de tres caminos…

  1. Las negamos
  2. Las escondemos o simplemente
  3. Las excusamos

Lo que la Biblia enseña es que Dios quiere usar nuestras debilidades. Es interesante notar que Dios escoge a propósito a los débiles y los elige para mostrar su poder.

En 1 Corintios 1:27 RVR1960 dice: 

Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte.

En cierta ocasión, el pueblo de Israel estaba en guerra contra los madianitas. Esta historia se describe a detalle en el libro de Jueces capítulo 6:2-6 NVI

Era tal la tiranía de los madianitas que los israelitas se hicieron escondites en las montañas, las cuevas y otros lugares de refugio. Siempre que los israelitas sembraban, los madianitas, amalecitas y otros pueblos del oriente venían y los atacaban. Acampaban y arruinaban las cosechas por todo el territorio, hasta la región de Gaza. No dejaban en Israel nada con vida: ni ovejas, ni bueyes ni asnos. Llegaban con su ganado y con sus tiendas de campaña como plaga de langostas. Tanto ellos como sus camellos eran incontables e invadían el país para devastarlo. Era tal la miseria de los israelitas por causa de los madianitas que clamaron al Señor pidiendo ayuda.

En pocas palabras, las cosas no andaban para nada bien en el pueblo de Dios y entonces Dios levantó a un personaje llamado Gedeón, quien, por cierto era, según él mismo:

—Pero, Señor —objetó Gedeón—, ¿cómo voy a salvar a Israel? Mi clan es el más débil de la tribu de Manasés y yo soy el más insignificante de mi familia. Jueces 6:15 NVI

Al parecer, el reconocimiento de ser débiles y tener la convicción de que podemos fallar es un requisito para ser usados por Dios. Creo que lo llamaría “humildad”.

Finalmente, después de una larga charla motivacional, Gedeón acepta el desafío y lleno de temor y temblor, se da a la tarea de recuperar la paz y prosperidad de Israel. Al alistarse para la batalla contaba con 32,000 efectivos en su ejército. Eso es mucha gente y en esel momento Dios da una instrucción sumamente desconcertante:

El Señor dijo a Gedeón: «Tienes demasiada gente para que yo entregue a Madián en sus manos. A fin de que Israel no vaya a jactarse contra mí y diga que su propia fortaleza lo ha librado, anúnciale ahora al pueblo: “¡Cualquiera que esté temblando de miedo, que se vuelva y se retire del monte de Galaad!”». Así que se volvieron veintidós mil hombres y se quedaron diez mil. Jueces 7:2-3 NVI

¡Menuda disminución! Pero la historia no para allí, Dios vuelve a intervenir diciendo: “Siguen siendo muchos”. “¿En serio?” “Estás bromeando, ¿verdad?” Son las cosas que yo hubiera dicho..

Pero el Señor dijo a Gedeón: «Todavía hay demasiada gente. Hazlos bajar al agua y allí los seleccionaré por ti. Si digo: “Este irá contigo”, ese irá; pero si digo: “Este no irá contigo”, ese no irá». Jueces 7:4 NVI

Finalmente, para sorpresa de propios y extraños, Dios deja a Gedeón con tan solo ¡300 hombres! Literalmente con el uno por ciento del total original. Si quieres saber en qué paró la historia, lee el capítulo 7 y disfruta el final.

La lección es simple y poderosa a la vez ¡Dios usa a personas débiles y ordinarias!

Regresemos al tema del fútbol americano. Los entrenadores trabajan duro con los jugadores para desarrollar en ellos las habilidades necesarias para proteger la pelota a toda costa. Los equipos de la NFL llevan a cabo un ejercicio regular, prácticamente durante todo el año, en el que los corredores pasan por delante de un grupo de linieros de mano dura que intentan derribar la pelota.

¿Por qué? porque los balones sueltos, fracasos o como sea que los llames, hacen cosas extrañas en la confianza de un equipo. Pueden romper el impulso y producir juegos perdidos, tanto en los deportes como en la vida. Pero, por otro lado, prestar demasiada atención a estos fracasos ocasionales, puede costar a un buen jugador su confianza y compostura.

¿Qué tienen en común Michael Vick, Robert Griffin III, Cam Newton, Matt Cassel, Mark Sanchez y Phillip Rivers?

Sí, son o fueron mariscales de campo de la NFL y después de solo 5 partidos en la temporada 2012 todos tuvieron 5 o más balones sueltos. Tan solo Michael Vick tuvo 8 balones sueltos en este período. Es curioso que los quarterbacks, a quienes pensamos que tienen manos dotadas, hayan perdido la pelota más veces que los corredores.

Ahora te pregunto ¿Con qué frecuencia se te ha caído el balón?

  •  Tal vez te perdiste una cita crítica en el trabajo
  • O tal vez olvidaste el cumpleaños de tu hijo o incluso el de tu cónyuge
  •  O el negocio que emprendiste simplemente no funcionó  

Lo que he aprendido y quiero compartirlo contigo es: Si prestamos demasiada atención a nuestras oportunidades perdidas, podemos volvernos ineficaces y deprimidos.

A pesar de nuestras deficiencias, Dios puede usar a cada uno de nosotros para construir su reino. Sal de tus limitaciones y entra en la naturaleza ilimitada de quién es Dios.

Creo que demasiadas personas se sienten indignas porque se centran demasiado en sus fracasos, en lugar de centrarse en la amabilidad de un Dios amoroso.

Con demasiada frecuencia glorificamos los personajes de la Biblia y creemos que nuestra capacidad de servir a Dios es menor que la de esos profetas y apóstoles «santos» de ayer.

Sin embargo, es alentador recordar que nuestro Padre celestial nos ha equipado a cada uno de nosotros con talentos especiales y quiere que utilicemos estos regalos en lugar de ser demasiado críticos con nuestros fracasos.

Piensa en cómo Dios usó a los llamados “héroes de la fe” a pesar de sus imperfecciones..

  • Moisés tartamudeaba
  • La armadura de David no encajaba
  • Juan Marcos fue rechazado por Pablo
  • La esposa de Oseas era prostituta
  • La única formación de Amós fue en la escuela de poda de higueras
  • Salomón era demasiado rico
  • Timoteo era demasiado joven
  • Abraham era demasiado viejo
  •  Moisés era buscado por asesinato en Egipto

 ¿No te alegra saber que Dios no tiene un registro de nuestros balones sueltos?

  • Se apresura a perdonar y olvidar; a pesar de un mal año, todavía nos tiene en su alineación la próxima temporada
  • No necesita una entrevista de trabajo
  • No contrata ni despide como los jefes humanos, porque es más que un jefe
  • No es prejuicioso ni parcial, no juzga, ni es cascarrabias, ni descarado o esponjoso, no es sordo a nuestro llanto o ciego a nuestra necesidad.

 Él conoce de qué hemos sido formados; recuerda que somos polvo. Salmo 103:14 NVI

Si estamos totalmente enamorados de él, si tenemos hambre de él más que de nuestro próximo aliento, él nos usará a pesar de quiénes somos, en dónde hemos estado o cómo nos parece.

Sal de tus limitaciones y entra en la naturaleza ilimitada de quién es Dios.

Fue él quien otorgó dones en forma generosa. Algunos para ser apóstoles, algunos para ser profetas, algunos para ser evangelistas y otros para ser pastores y maestros, para preparar al pueblo de Dios para las obras de servicio, para que el cuerpo de Cristo pueda ser construido hasta que todos alcancemos la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios.

Plan de juego

Repasa estas tres preguntas y escribe en tu diario las respuestas 

1.  ¿Puedes identificar algunos de tus “balones sueltos” con los que has estado luchando las últimas semanas, meses o años?

2.  ¿Crees que Dios es capaz de usarte a pesar de tus fracasos y deficiencias? 

3.  ¿Estás dispuesto a dejar que él te use a través de tus fracasos y deficiencias?

Desde lo más profundo de mi corazón…

Pastor Gary César

Puedes Confiar En Dios aunque no Lo Entiendas

“Podrán desfallecer mi cuerpo y mi corazón, pero Dios es la roca de mi corazón; él es mi herencia eterna.” Salmo 73:26 NVI

No tengo la menor duda de que a menudo pasamos por momentos tan complejos y difíciles que simplemente nos paralizan y límitan en todos los sentidos. Todos batallamos, no sólo con el suceso que nos está dañando, sino con la falta de claridad del propósito de Dios. En pocas palabras, la conocida y frecuentemente mencionada pregunta: ¿Por qué?, sale de nuestra boca pretendiendo atravesar las densas tinieblas de la incertidumbre y dolor que se ciernen sobre nuestra frágil existencia.

No somos los primeros, ni seremos los últimos en sentir el dolor de vivir en un mundo quebrado, donde muchas de las cosas que nos suceden no tienen sentido.

¿Qué hacer cuando tu mundo se desmorona y al mismo tiempo no hay respuestas claras que nos expliquen los muchos “porqués” de nuestra vida?

Respira profundamente y reconoce lo siguiente: Puede que el camino de Dios no siempre tenga sentido para ti, pero puedes confiar en Él sin temor.

En la raíz de cada uno de nuestros temores está la falta de confianza en el corazón de Dios.

Cuando la historia de nuestras vidas no se desarrolla de la manera que pensamos que sería, cuando una temporada de sufrimiento dura más de lo que creemos que podemos soportar, cuando las noticias son demasiado malas y las facturas son demasiado altas y las tareas son demasiado difíciles y el dolor es demasiado; cuando todo parece perdido y nada parece correcto, puede ser difícil ver o entender el corazón de Dios. Y es difícil confiar en lo que no entendemos.

Bien lo expresó el Señor por medio del profeta Isaías: “«Porque mis pensamientos no son los de ustedes ni sus caminos son los míos», afirma el Señor.” Isaías 55:8 NVI

Sus caminos no son en absoluto como los nuestros. Siempre hay más cosas de las que podemos ver.

Te animo a mirar a Jesús: la esperanza del mundo nacido en la forma de un bebé vulnerable, el camino de la salvación forjado a través de un sufrimiento significativo. Lo que parecía una muerte total y una derrota en la cruz era realmente el camino hacia la vida y la salvación definitivas. Lo que parecía el final fue realmente el comienzo de todas las cosas que se hicieron nuevas.

Ahora lo que tienes que hacer es: Inhala… y dile con profunda convicción: ¡Tú eres mi salvación! Exhala… ¡Confiaré en ti y no tendré temor!

Así que esa cosa difícil que no entendemos, ese dolor que tememos puede rompernos, puede que sea la herramienta para nuestro rescate.

La tormenta que amenaza con ahogarnos puede ser en realidad el camino hacia la libertad.

Cuando cambiamos la forma en que vemos nuestro sufrimiento y confiamos en el corazón de Dios, podemos dejar ir el miedo y estar llenos de paz porque sabemos que Él está trabajando incluso si no lo entendemos.

Así lo expresó Isaías:

“Miren, Dios ha venido a salvarme. Confiaré en él y no tendré temor. El Señor Dios es mi fuerza y mi canción; él me ha dado la victoria».”

Vuelve a Inhalar… ¡Eres mi salvación!

Exhala… ¡Confiaré en ti y no tendré temor!

Oro por ti.

Pastor Gary César

Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.

Tal vez ningún evento en la vida de Jesús demuestra más poderosamente la naturaleza radical de Su dependencia de Dios y Su obediencia a la voluntad de Dios que la oración que ofreció en el Jardín de Getsemaní la noche anterior a Su crucifixión.

Jesús, como todos los demás que vivían durante el Imperio Romano, conocía muy bien la brutalidad que era la ejecución por crucifixión. El proceso prolongado sería totalmente humillante e insoportable. Jesús sabía que sentiría, como cualquier ser humano, toda la fuerza de la degradación y el dolor, el trauma y la traición, la injusticia y la desesperanza. Como humano, estaba ansioso. Le dijo a sus discípulos antes de entrar en el interior del jardín,

“«Es tal la angustia que me invade que me siento morir —dijo—. Quédense aquí y manténganse despiertos conmigo».” Mateo 26:38 NVI

Una vez que Jesús estuvo solo, cayó cara a la tierra y oró:

“Él se adelantó un poco más y se inclinó rostro en tierra mientras oraba: «¡Padre mío! Si es posible, que pase de mí esta copa de sufrimiento. Sin embargo, quiero que se haga tu voluntad, no la mía».” Mateo 26:39 NTV

Hizo esta oración no solo una vez, sino tres veces.

Jesús pidió que se detuviera la ejecución.

¿Alguien podría culparlo? Seguramente, en ese momento sabía que no había otra manera de que la salvación estuviera disponible para toda la raza humana. Él era el cordero impecable, el Mesías sobre el que escribieron los profetas del Antiguo Testamento. Él era el Hijo de Dios sin pecado. No había cedido a ninguna tentación. Esta fue la única solución posible. Si no es Jesús, ¿entonces quién? Si no fuera por Jesús, entonces la humanidad no tendría esperanza. Sin embargo, Jesús le pidió al Padre que viera si podía haber otra manera.

«¡Padre mío! Si es posible, que pase de mí esta copa de sufrimiento. Sin embargo, quiero que se haga tu voluntad, no la mía».” Mateo 26:39 NLT

Jesús terminó las tres oraciones en el Huerto de Getsemaní con una declaración que había sido cierta a lo largo de sus treinta y tres años caminando por esta tierra. Se entregó a su padre:

Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.

Este es el clímax, el crescendo del propósito de la vida de Jesús. Los textos del evangelio no registran la respuesta del Padre, pero las acciones de Jesús dejan claro que Él entendió la voluntad del Padre.

“Luego se acercó a sus discípulos y les dijo: «¡Adelante, duerman y descansen! Pero miren, ha llegado la hora y el Hijo del Hombre es traicionado y entregado en manos de pecadores. Levántense, vamos. ¡Miren, el que me traiciona ya está aquí!».” Mateo 26:45-46 NTV

¿Puedes sentir la determinación en la voz de Jesús? Había recibido una respuesta clara. Era la voluntad del Padre que Jesús se enfrentara a la cruz por amor a la humanidad. “Levántese», dijo. «¡Vamos!» Jesús estaba diciendo: “Sé sin lugar a dudas lo que tengo que hacer. No hay vuelta atrás. ¡Hagamos esto!»

Esa es una imagen de la rendición total a la voluntad del Padre. Por supuesto, todos sabemos cómo resultó esta historia.

Tres días después, Jesús estaba vivo de nuevo y se había trazado el camino para que todas las personas entraran en una relación eterna con Dios.

Bien lo expresó Pedro en su defensa ante en Sanedrín de Hechos 4:

“¡En ningún otro hay salvación! Dios no ha dado ningún otro nombre bajo el cielo, mediante el cual podamos ser salvos.” Hechos de los Apóstoles 4:12 NTV

Ignoro lo que estés pasando por estos momentos, pero la pregunta queda en el aire: ¿Estarías dispuesto en cada circunstancia que atravieses a hacer la misma declaración?

“Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú”.

Pastor Gary César

Puedes Amarlos, Pero No Puedes Cambiarlos

“Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir la misericordia y encontrar la gracia que nos ayuden oportunamente.” Hebreos 4:16 NVI

Las relaciones son maravillosas… hasta que no lo son.

Todas las relaciones pueden ser difíciles a veces, pero no deben ser destructivas para nuestro bienestar. Si tienes relaciones en tu vida en las que sabes que algo está mal, pero no puedes por ti mismo averiguar qué hacer, lo entiendo. Sé lo que se siente al tener tu cuerpo tenso y tu pulso acelerado mientras tu mente le ruega a la otra persona, ¡deja de hacer esto!

La mayoría de nosotros no estamos equipados para saber qué hacer cuando sabemos que las cosas tienen que cambiar, cuando la otra persona no está dispuesta o no es capaz de cooperar con los cambios necesarios. Tu desafío puede ser desgastante. Alguien que personaliza todo y es propenso a sentirse ofendido, por lo que haces o dejas de hacer es muy complicado y no debes intertarlo. Sabes que necesitas un límite. El problema quizá sea que no sabes cómo comunicar esta necesidad.

Quizá se trate de una persona que tiene autoridad sobre ti, y los límites no se siente que funcionarían. Quizá sea un miembro de la familia que vive en tu casa, y aunque necesitas algo de distancia, establecer un límite no parece realista. Has orado por ese comportamiento o situación. Has intentado navegar a través de ella. Has hecho cambios. Es posible que incluso hayas intentado detenerlo. Has escuchado sabios consejos y has hecho todo lo que sabes hacer. Pero al final, nada ha funcionado.

Finalmente, te has dado cuenta de que si la persona no quiere que las cosas cambien, no puedes cambiarlas. Esta es una verdad terriblemente difícil de aceptar, pero es una de las verdades más liberadoras que he aprendido a aceptar.

La única otra opción es preguntarte en secreto si tú eres el loco.

Puede que tengas el corazón roto. Puede que estés triste. Puede que tengas miedo y posiblemente estés enfadado. Puede que te concentres en tratar de arreglar lo que no está dentro de tu capacidad. E incluso puedes estar obsesionado con tratar de resolverlo todo.

Pero no estás loco. Si hueles a humo, es que hay fuego. Y la única opción razonable en este momento es apagar el fuego o alejarse del fuego.

Establecer límites puede ayudar a apagar los incendios antes de que lo consuman todo. Pero si el fuego sigue ardiendo con una intensidad cada vez mayor, tienes que alejarte del humo y las llamas. A veces, tu única opción puede ser distanciarte de esta persona y decir adiós. Los límites no van a arreglar a la otra persona. Pero los límites te ayudarán a mantenerte firme en lo que es bueno, lo que es aceptable y lo que necesitas para mantenerte sano y completo.

No sé qué límites puede necesitar considerar; te reto a procesar esta situación con el Señor y pensar en oración en qué cambios pueden ser necesarios, junto con un consejero cristiano de confianza o un amigo sabio.

Tal vez por hoy es suficiente sentarte y pensar en la verdad de que el único cambio real sobre el que tienes control es hacer un cambio sostenible por ti mismo.

Sé que esto no es fácil, pero es bueno.

Los límites te ayudarán a mantenerte firme en lo que es bueno, lo que es aceptable y lo que necesitas para mantenerte sano y completo.

A pesar de que podemos ser impotentes para cambiar a otra persona, esto no significa que seamos impotentes para experimentar un cambio en nuestras propias vidas. Los límites nos dan este regalo.

Espero que te des el tiempo para procesar esta enseñanza y en tanto lo haces quiero hacerte algunas preguntas que podrían ayudarte a establecer límites necesarios en tu vida.

¿Qué eventos o conversaciones han ocurrido que te hacen sentir como si no fuera aceptable seguir adelante con esta relación tóxica?

¿Hay ciertos comportamientos que exhibe esta persona que hacen que establecer límites con ella parezca poco realista o imposible?

¿Qué bien traería a esta relación si estableces límites?

¿Para ti, qué es y qué no es un comportamiento aceptable?

¿Cuáles son los comportamientos en el trato con esa persona que te llevarían, de un lugar de salud a la falta de salud?

¿De qué eres realmente responsable? ¿De qué no eres responsable? (Ejemplo: «Soy responsable de presentarme a mi trabajo a tiempo». «No soy responsable de la dura reacción o respuesta de mi compañero de trabajo en una conversación»).

¿Cuáles son algunas de las cualidades que te gustan de ti mismo que quieres asegurarte de que las personas que amas experimenten cuando pasan tiempo contigo?

¿Cómo pueden los límites ayudarte a que tus mejores cualidades sean cada vez más evidentes?

Recuerda, si alguien no quiere o no puede dejar de hacer un mal uso del ACCESO PERSONAL QUE LE HEMOS DADO EN NUESTRAS VIDAS, entonces debemos crear límites saludables.

Puedes orar así:

Señor, es una verdad humillante y frustrante darme cuenta de que no puedo cambiar a otra persona; solo puedo cambiarme a mí mismo. Mientras proceso estas preguntas y considero dónde puede ser necesario establecer límites saludables, dame discernimiento, sabiduría y coraje. Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Pastor Gary César

Cuestión de Perspectiva

Entonces faraón mandó llamar a José, y lo sacaron del calabozo aprisa; y después de afeitarse y cambiarse sus vestidos, vino a faraón. Y faraón dijo a José: He tenido un sueño y no hay quien lo interprete; y he oído decir de ti, que oyes un sueño y lo puedes interpretar. José respondió a faraón, diciendo: No está en mí; Dios dará a faraón una respuesta favorable. Génesis 41.14–16 (LBLA)

Mucho nos cuesta imaginar lo dramático e inesperado de este evento. José, que no había hecho nada para merecerlo, vivía olvidado y solo en una de las cárceles del faraón. Su condición de esclavo hacía que cualquier esperanza de ser rescatado hubiera dejado de existir en su corazón. Nadie se ocupaba de defender los derechos de un esclavo, y mucho menos los derechos de un esclavo condenado por uno de los más altos oficiales de la corte.

Durante esos años de cárcel José había tenido la oportunidad de interpretar los sueños a dos prisioneros: el panadero y el copero del rey. Ahora, repentinamente, se le presentaba al joven hebreo la posibilidad de interpretar los sueños nada menos que del faraón, el hombre más poderoso de la tierra.

Para José, el éxito del emprendimiento podía muy bien significar el fin de su cautiverio. Lo acertado de la interpretación de los sueños de sus compañeros de cárcel podía otorgarle cierta confianza frente a este nuevo desafío. ¡Qué fácil hubiera sido atribuirse la capacidad de interpretar sueños! ¿Qué importaba si el don realmente no le pertenecía? El faraón ni siquiera sabía quién era Jehová. ¿Para qué gastarse en explicaciones innecesarias?

Como líderes es fácil que uno se atribuya un don que es enteramente de Dios, porque somos muy propensos a creer que es nuestra mano la que mueve las cosas en la iglesia. Es relativamente fácil pensar que lo que Dios hace en la iglesia es por causa nuestra. Debemos recordar siempre que la Obra es de Dios. No nos pertenece nada del crédito de todo lo bueno que sucede en el reino de Dios. Siempre he dicho, “Dios no obra a través de mi, sino a pesar de mi.” No debemos olvidar la gran promesa de Jesús cuando dijo: “Edificaré mi iglesia”, y por cierto lo ha hecho muy bien los últimos dos mil años. Considera la siguiente inquietante frase: “Cómo será de poderosa la Obra de Dios, que ni los pastores hemos podido detenerla”. No me malentiendas, Dios obra a través de nosotros, pero el crédito y la gloria siempre le pertenecerán a Él, no a nosotros.

Olvidamos que en el mundo espiritual no pasa absolutamente nada si Dios no lo ordena. En el mejor de los casos no dejamos de ser más que vasos frágiles en sus manos.

Aunque el futuro de José estaba en juego, el joven no dudó en aclarar exactamente cuál era la realidad de su situación. Él no tenía ninguna capacidad, en sí mismo, de interpretar sueños. Esta capacidad le pertenecía a Dios. Al realizar tal afirmación también estaba declarando que si Dios no daba la explicación, nadie la podía obtener. A Dios no se le maneja como una máquina. Es soberano y se mueve como él quiere. Solamente podemos esperar que, en su gracia, se manifieste. No tenemos sobre él ningún control. Aunque hayamos interpretado mil sueños en el pasado, el don sigue siendo exclusiva propiedad de Dios.

Es muy importante que jamás olvidemos que somos sólo siervos, pero que tenemos un Amo maravilloso.

¿Quieres leer la Biblia en un año?

Si alguna vez has tenido éxito en un intento de leer la Biblia en un año, probablemente sepas que Levítico es donde empieza a ir mal. Genesis está lleno de acción y está lleno de historias y personas familiares. Lo mismo ocurre con el Éxodo, la mayor parte del tiempo. Y luego viene Levítico. Y es aquí donde, entre las descripciones de las ofrendas quemadas, las fiestas requeridas y el cuidado adecuado de los accesorios del tabernáculo, el sueño de leer la Biblia en un año se encuentra con la realidad de trabajar a través de pasajes que parecen impenetrables. Y la búsqueda que comenzó de manera tan prometedora termina.

No tiene que ser así. Puedes leer toda la Biblia en un año natural. Te recuerdo que hay 1.189 capítulos en la Biblia: 929 en el Antiguo Testamento y 260 en el Nuevo Testamento. Para terminarlos todos en 365 días, tendrías que leer, en promedio, un poco más de tres capítulos al día.

Esa es una tarea considerable, pero ciertamente es manejable, si la abordas con el plan de juego correcto. Aquí hay algunos consejos que deseo darte y que debes tener en cuenta si te tomas en serio leer toda la Biblia en un solo año.

Elige una versión reciente de la Biblia.

Si tu objetivo es leer la Biblia por primera vez, mi recomendación es que lo hagas en una versión de lenguaje sencillo. Será una experiencia sumamente enriquecedora.

Si has leído la Biblia en un año en el pasado, te desafío que lo hagas en una versión diferente y nueva para ti. Gracias a Dios que el día de hoy tenemos acceso a una variedad de versiones que pueden ampliar tu compresión del mensaje de Dios en la Biblia.

Elige un plan de lectura de la Biblia que funcione para ti

Debido a la estructura única de la Biblia, hay varias formas diferentes de abordarla.

  • El plan de lectura tradicional comienza en Génesis y termina en Apocalipsis .
  • El Antiguo Testamento seguido del Nuevo Testamento.
  • El plan de lectura cronológica sigue los eventos de la Biblia en el orden en que ocurrieron (o ocurrirán). Requiere algunos saltos entre libros, pero da una sensación de progresión y establece una línea de tiempo útil de los eventos.
  • También puedes tomar un par de capítulos del Antiguo Testamento, uno del Nuevo Testamento, un Salmo y un Proverbio. Así avanzarás lo suficiente para cubrir la Biblia en un año, pero día con día tendrás una buena dosis de historia (A.T., y N.T.), una buena dosis de alabanza adoración (Salmos) y una excelente dosis de sabiduría (Proverbios). Por cierto, si eliges este plan, habrás leído los salmos por lo menos dos veces en el año y Proverbios ¡12 veces!

Recuerda tu objetivo

Dejar que tus ojos caigan sobre las palabras de las Escrituras hasta llegar al final de un pasaje designado solo para que puedas colocar una marca de verificación junto al plan de lectura de ese día no es lo mismo que leer la Biblia.

Recuerda la advertencia de Santiago: “No se contenten solo con oír la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica.” Santiago 1:22 NVI.

Si las palabras de las Escrituras no influyen en tu vida, no importa si las lees todas en un año. Tu objetivo es entender la Biblia y aplicar sus verdades a tu vida.

Lo haces más bien luchando con las Escrituras, no dejando ir un pasaje hasta que hayas obtenido todo lo que puedas de él. El Señor honra ese tipo de persistencia, como demuestra la historia de Jacob luchando con Dios en Génesis 32. (Irás a esa historia en las dos primeras semanas de tu aventura de lectura, si optas por el plan de lectura tradicional).

Cuando leas el pasaje de cada día, interactúa con el material. Te recomiendo llevar un diario de tus pensamientos. Escribe las preguntas que se te ocurran, las citas que te inspiren y los incidentes que te molesten. Ora por las cosas que lees. Pídele al Espíritu Santo que profundice tu comprensión y te dé una idea de cómo los pasajes individuales se conectan con el panorama general de la Biblia.

Me queda claro que existen muchos planes de lectura de la Biblia hoy en día. En la aplicación YouVersión hay un sin número de planes y todos ellos muy buenos. Pero quiero animarte a sumarte a los millones de personas que toman el desafío de leer la Palabra de Dios completa cada año.

Deseo que ésta desafiante aventura de leer la Palabra de Dios completa en un año se convierta en un hábito que, seguramente traerá mucha bendición y crecimiento espiritual a tu vida.

Que tengas un bendecido 2023 lleno del Consejo de Dios.

Pastor Luis Gabriel César I

Satélite Iglesia Cristiana.

Diciembre, 2022

El Hijo del Altísimo

Cuando el ángel Gabriel le anunció a María que tendría un hijo, el ángel invocó una promesa que se había hecho eco a lo largo del Antiguo Testamento. Su hijo sería llamado el “Hijo del Altísimo” y reinaría en el trono de su padre, David. Aquellos familiarizados con la Ley y los Profetas, incluida la propia María, habrían comenzado rápidamente a conectar los puntos proféticos.

Dios había elegido a David, un joven pastor, de entre toda una familia de hermanos y lo había convertido en el gobernante de Israel. Dios prometió hacer grande el nombre de David. Además, Dios prometió que después de la muerte de David, Dios criaría a uno de sus hijos para establecer el trono de su reino para siempre (2 Samuel 7:8-16).

Durante su vida, mientras David se enfrentaba a enemigos y conspiración, cantaba canciones de alabanza a Dios por protegerlo como el ungido de Dios (Salmo 2:1-12) y para establecer su línea mientras duren los cielos (Salmo 89:19-29). David entonó un salmo de alabanza que contenía una frase que Jesús citó más tarde para confundir a sus críticos: «El Señor le dice a Mi Señor…» (Salmo 110:1; Mateo 22:44). Otro salmo afirmó que Dios, a su promesa a David sobre la duración de su trono, había jurado un juramento que no podía ser revocado (Salmo 132:11-12).

El profeta Isaías continuó profetizando el cumplimiento de la promesa de Dios a David. Escribió que a su pueblo nacería un hijo, se le daría un hijo y el gobierno estaría sobre sus hombros (Isaías 9:6-7). Isaías también afirmó que un brote saldría del muñón de Isaí, el padre de David, y de sus raíces, una rama (refiriéndose a Jesús) daría fruto (Isaías 11:1-15).

Con el tiempo, el plan de Dios quedó claro: cumpliría esta promesa a través de Su Hijo, Jesús.

Cuando el ángel apareció a María, Dios proporcionó la actualización definitiva sobre el plan de Dios para cumplir su promesa.

El Bebé en el vientre de María, concebido por el Espíritu Santo aunque María era virgen, es el Hijo de Dios que reinaría eternamente (Lucas 1:31-33). Como piedra angular de las asombrosas declaraciones, el ángel le recordó a María que ninguna palabra de Dios fracasaría nunca (Lucas 1:37).

La intrincada historia de la promesa inicial de Dios realizada tan plenamente en la primera venida de Jesús aumenta la confianza de que el resto de las promesas de Dios se cumplirán en la segunda venida de Jesús y después de eso, en la eternidad.

Unámonos en adoración y alabanza a nuestro Dios porque a nosotros se nos ha concedido ser los beneficiarios de este extraordinario plan de salvación consumado en Cristo Jesús

Les deseo una muy bendecida Navidad 2022

Cuidado con la arrogancia

He estado preparando la charla con la que terminaremos la serie “Cristal” enfocada en los jóvenes de nuestra iglesia. De hecho la he titulado: “La generación arrogante”. Aunque no tocaré la vida de este personaje bíblico, me resulto una gran “coincidencia” leer nuevamente su historia en mi tiempo personal con Dios.

Siempre he creído que más que los tiempos complicados de nuestra vida, son los tiempos de prosperidad y bendición los que verdaderamente nos prueban. Son esos momentos en los cuales las cosas van bien. De hecho, se dice que Abraham Lincoln, quien fue presidente de los Estados Unidos lo conocía todo acerca del poder, él dijo: «Casi cualquier hombre puede resistir a la adversidad, pero si quieres probar el carácter de una persona, dale poder».

En el segundo libro de las Crónicas, se menciona el rey Uzías. Llamó poderosamente mi atención lo joven que ascendió al trono. De hecho el texto bíblico dice que Uzías empezó muy bien. Se hizo rey a los dieciséis años (26:1). «Hizo lo que agrada al Señor»(v.4). Fue leal en su empeño «en buscar al Señor» (v.5a). «Mientras Uzías buscó a Dios, Dios le dio prosperidad» (v.5b). «Dios lo ayudó» (v.7); se hizo famoso y muy poderoso (v.8). Todo le iba muy bien.

Mientras buscó a Dios, el Señor respondía sus oraciones, ayudándole y dándole éxito. Me hubiera gustado en gran manera que su historia terminara así, pero no. Tristemente las cosas no tuvieron un final feliz y lleno de bendición.

Las cosas en su reino comenzaron a descomponerse, pero ¿cuál fue la razón? La misma historia nos saca de la duda cuando lo expresa firmemente:

Cuando «llegó a ser muy poderoso» (v.15c), la fama, el éxito y el poder son embriagadores y acarrean grandes peligros de orgullo y arrogancia.

«Cuando aumentó su poder, Uzías se volvió arrogante, lo cual lo llevó a la desgracia» (v.16).

Hizo aquello que estaba específicamente prohibido por la Escritura, y nota por favor uno de los rasgos característicos de las personas arrogantes, a pesar de que muchos líderes «se le enfrentaron» (2 Crónicas 26:18) previniéndole contra ser infiel (v.18).

En vez de escucharlos, por su orgullo se «enfureció» (v.19). Esto es una advertencia. Puedo contar con la bendición de que siempre estaré rodeado de personas sabias y amorosas que, cuando me ven tomando decisiones equivocadas y dando malos pasos, ellos van a intervenir y advertirme de los peligros de seguir por esos caminos. Eso fue lo que tuvo este peculiar rey, personas a su lado que le advirtieron de su proceder.

La historia se repite una y otra vez. No me preocupan tanto los tiempos de dolor y angustia, porque finalmente, de alguna manera eso nos lleva a las rodillas y a buscar a Dios con todo el corazón. Es cuestión más bien de que las cosas vayan de maravilla, cuando comenzamos a transitar suelo resbaladizo.

Si las cosas te van bien, no te vuelvas orgulloso, sigue confiando en Dios y obedeciéndole. Reconócelo en todos tus caminos. Si ahora mismo estás viviendo tiempos de prosperidad y bendición, te animo a leer con todo detenimiento el Salmo 103, que nos enseña que no debemos olvidarnos jamás de ninguno de los beneficios que inmerecidamente hemos recibido de nuestro Dios.

Te bendigo en el Nombre de Jesús.

Cuando amas a Dios, todos lo notan

Cuando amas a Dios, todos lo notan…

El mandamiento de amar a Dios con todo el corazón, el alma, las fuerza y la mente, puede resultar un poco ambiguo para muchas personas. Si te preguntara: ¿Amas de verdad a Dios con todas tus fuerzas? Lo más seguro es que me dirías sin dudarlo que si. Pero la pregunta inmediata sería, ¿cuál es la evidencia de esta respuesta? Lo mejor sería pensar en la declaración de Jesús de Nazaret cuando dijo: “Así por sus frutos los conocerán” (Mt. 7:20)

Cuando decidimos amar a Dios por encima de todas las cosas, y cuando hacemos al Señor nuestra máxima autoridad obedeciéndolo con todo nuestro corazón, experimentaremos un impacto profundo en nuestras aspiraciones y en nuestro estilo de vida. Es una realidad que cuando amamos a Dios así, van a cambiar nuestros anhelos y nuestras metas. En última instancia, cada proyecto, sueño, visión que tengas sobre tu vida, será insoslayablemente puesta delante de Dios para su aprobación final.

He sido testigo de la vida de muchas personas a lo largo de mi caminar con Dios, que han venido a Cristo con vidas realmente complicadas, y he visto la mano transformadora de Dios en muchos hogares. Esa es la verdadera evidencia de que Dios es lo más importante en nuestra vida. Él cambia nuestras metas personales, al entender que primero está el reino de Dios y su justicia.

Muchos han cambiado vicios, malos hábitos, formas de ser grotescas, tratos deshonestos, infidelidades, maltrato a sus familias por una vida realmente diferente. Afirman con su vida lo que dice la Palabra: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas.” (1ª Corintios 5:17)

Recuerdo al hombre que habiendo sido descubierto en una relación fuera de matrimonio, cuando finalmente habló conmigo, con una sonrisa nerviosa dijo: “Pastor, imagino que usted piensa que no soy cristiano, pero quiero que sepa que si lo soy, es más, amo al Señor con todo mi corazón, pero en realidad soy como el rey David.” Yo le respondí, pues por la evidencia, al parecer tú no amas al Señor con todo tu corazón, porque cuando uno ama, hace lo que le grada a Él. Y finalmente el tiempo decidirá si tú eres hijo de Dios, porque si en verdad eres hijo, el Señor te tratará como uno de sus hijos que merece ser disciplinado.”

Por supuesto que no soy la persona indicada para determinar si alguien es o no hijo de Dios, eso sólo le corresponde a Él, pero lo cierto es que Jesús nos dio la prerrogativa de inspeccionar el fruto. Ojo, no juzgar, porque eso sólo le corresponde a él, sino más bien, en primer lugar tener una mirada retrospectiva sobre nosotros mismos, y ver si en realidad estamos dando fruto de que amamos a Dios con todas las fuerzas y con todo el corazón.

En última instancia, bien podríamos decir como lo expresó el Apóstol Pedro al final de su entrevista con Jesús:

“Por tercera vez Jesús le preguntó: —Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? A Pedro le dolió que por tercera vez Jesús le hubiera preguntado: «¿Me quieres?» Así que le dijo: —Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero. —Apacienta mis ovejas —le dijo Jesús—.” Juan‬ ‭21:17‬ ‭NVI‬‬‬‬‬‬

Piénsalo…