“Ustedes dicen: «Se me permite hacer cualquier cosa», pero no todo les conviene. Y aunque «se me permite hacer cualquier cosa», no debo volverme esclavo de nada. Ustedes dicen: «La comida se hizo para el estómago, y el estómago, para la comida». (Eso es cierto, aunque un día Dios acabará con ambas cosas). Pero ustedes no pueden decir que nuestro cuerpo fue creado para la inmoralidad sexual. Fue creado para el Señor, y al Señor le importa nuestro cuerpo. (1ª de Corintios 6:12-13)
Históricamente ha sido características de la iglesia de Cristo cuidar del alma y del espíritu de las personas. Tradicionalmente en las iglesias no se habla de la importancia del cuerpo, es más, hay quienes creen que hablar del cuerpo es bastante mundano, al punto de que, por la falta de cuidado y enseñanza de este importante rubro, sufrimos las consecuencias que nos llevan a enfermedades que nunca fueron el plan de Dios. Pensamos que Dios no se interesa por nuestro cuerpo, pero paradójicamente, en muchas ocasiones buscamos que Dios pose su bendita mano de sanidad sobre nuestro cuerpo enfermo. Entonces, ¿le interesa o no nuestro cuerpo a Dios? Definitivamente creo que a Dios le interesa la totalidad de nuestro ser. De hecho, en la porción arriba citada, termina diciendo Pablo: “…al Señor le importa nuestro cuerpo.”
Quizá debas hacer un alto y considerar que no has sido un buen mayordomo del único cuerpo que has recibido de Dios. Piensa. Si adquirieras un automóvil nuevo de paquete, y tuvieras la plena certeza de que jamás lo podrías cambiar, ¿lo cuidarías? Estoy seguro que si. Bueno, pues el cuerpo que tienes es único. Sólo después de tu muerte será completamente renovado, pero en esta vida, será tu único cuerpo, así que, bien haríamos en cuidarlo, y sobre todo cuando la misma Escritura hace una poderosa y electrizante declaración: “¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? Ustedes no se pertenecen a sí mismos, porque Dios los compró a un alto precio. Por lo tanto, honren a Dios con su cuerpo.” (1ª Corintios 6:19-20)
Que Dios te bendiga,