Líderes que jamás se rinden

Como lideres-siervos, debemos mantenernos siempre en los caminos de Dios al costo que sea, ya que siempre existirán en nuestra vida problemas y obstáculos que tratarán de deternos y claudicar, pero jamás debemos permitirlo, especialmente si tenemos un llamado divino. Pablo escribió a la Iglesia de Roma, diciendo que: “Los dones y el llamamiento son irrevocables” (Rom. 11:29), razón por la cuál no nos podemos dar por vencidos en ninguna manera.  
Si algo hizo del Apóstol Pablo un hombre sobresaliente, es que jamás se atascó en el pasado de su vida. Continuamente lo vemos luchando por hacer del pasado un motivo de agradecimiento a Dios. No obstante que en su pasado había por lo menos dos clases de experiencias que podrían haberlo dañado irremisiblemente:  

  • Por un lado estaban todos aquellos supuestos trofeos de su pasada experiencia religiosa. Sólo hay que echarle una vista a su carta a los Filipenses para darnos cuenta de que el Apóstol si tenía cosas de que enorgullecerse. “circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. (Filipenses 3:5-7). Así mismo, tuvo muy buenos logros en su más reciente vida cristiana, ya que como promulgador de la fe, y héroe de las iglesias neotestamentarias, había destacado como uno de los mejores. Sin embargo, aunque habían cosas muy positivas en su vida, se negó a seguir viviendo en el pasado, para evitar así toda clase de soberbia.
  • De la misma manera en su pasado también existían cosas muy dolorosas tales como, naufragios, desvelos, amenazas, fatigas, hambres, golpes, y cosas semejantes a ellas. Estas dolorosas experiencias bien pudieron haberlo hecho una persona amargada o resentida, pero el mismo decía: “ciertamente, olvidando lo que queda atrás, me extiendo a lo que está adelante.”   

La pregunta que es menester que respondamos es: ¿qué perspectiva tenemos de nuestro pasado? ¿Vamos a atascarnos en él, recordando con dolor y amargura las cosas negativas que nos sucedieron? o ¿Acaso nos vamos a llenar de orgullo por los maravillosos logros desarrollados a lo largo de nuestra vida? 

Estoy convencido de que la verdadera grandeza de un hombre, consiste en observar aquello que tendría que suceder para detenerlo. Lo mejor sería recordar el pasado con un canto de profunda gratitud al Señor, y después con la plena certidumbre de que Dios es quien tiene nuestro futuro en sus poderosas manos, continuemos adelante para Su gloria. Sigamos adelante puestos los ojos en Jesús. 

¡Seamos líderes que jamás se rinden!

Luis Gabriel César I 

Twitter@garycesar 

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