«Dios, de su gran variedad de dones espirituales, les ha dado un don a cada uno de ustedes. Úsenlos bien para servirse los unos a los otros. ¿Has recibido el don de hablar en público? Entonces, habla como si Dios mismo estuviera hablando por medio de ti. ¿Has recibido el don de ayudar a otros? Ayúdalos con toda la fuerza y la energía que Dios te da. Así, cada cosa que hagan traerá gloria a Dios por medio de Jesucristo. ¡A él sea toda la gloria y todo el poder por siempre y para siempre! Amén.” (1 Pedro 4:10-11 NTV)
Uno de los secretos del crecimiento de la Iglesia de Cristo, tiene que ver con que cada miembro de la misma, asuma su rol en el ministerio. Según el apóstol Pedro, todo creyente, sin excepción ha sido dotado de por lo menos un don espiritual. Eso significa que, hemos sido capacitados por el Señor para ser útiles en Su obra. Demasiados creyentes llenan las bancas de los templos, sin la menor intención de ser usados por el Señor para el avance de Su Reino. Creo que llegó el momento de dejar de ser parte del ministerio de calefacción, es decir “calienta bancas”, para convertirnos en el ejercito de Dios capacitado y entrenado para toda buena obra. Bien decía Howard Hendricks, destacado pastor y conferencista cristiano, hablando de la iglesia de Cristo: “Hay demasiados zánganos en la divina colmena”.
No existe nada mas hermoso dentro del ministerio cristiano, que observar a creyentes comprometidos poniendo al servicio del Señor los dones y las habilidades que han recibido de Él. Por otro lado, es emocionante ver a los pastores abriendo espacios de servicio, dejando que la iglesia asuma su responsabilidad y capacitando a los santos para la obra del ministerio. Una iglesia así, es un deleite a los ojos de nuestro Buen Dios.
Me emociona ver como el apóstol Pedre concluye su exhortación: «Así, cada cosa que hagan traerá gloria a Dios por medio de Jesucristo.» Si queremos dar la gloria a Dios, descubramos, desarrollemos y utilicemos los dones que hemos recibido de Su poderosa mano.
En el amor de Jesús el Señor,
A pesar de que todos tenemos velocidades diferentes y propósito únicos lo cierto es que TODOS debemos trabajar para El Señor.
Bendiciones.