“Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrazarán las llamas. Yo soy el Señor, tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador.” Isaías 43:2-3
A veces la vida parece abrumadora, ¿cierto? Tu profesión no se dirige hacia donde tú pensabas. Tus hijos van en direcciones que quebrantan tu corazón. Tu doctor te da un mal diagnóstico. Tu matrimonio va hacia abajo rápidamente como un espiral. Tus finanzas escasean semana tras semana y algunas semanas se tornan demasiado largas. Días dificultosos se convierten en semanas. Las semanas se extienden en meses. Y ocasionalmente los meses continúan por años. Esos son los tiempos donde crees que no lograrás superar.
Seamos honestos. A veces la vida huele mal. Cuando la vida nos hace daño y el gozo se aleja y sientes como que todo lo demás está encima de ti, sobretodo debes saber que no estás solo.
¿Dónde está Dios cuando la vida se torna tremendamente difícil? Esa es la mejor parte de esta promesa de Dios. Cuando nos encontramos en estos tiempos duros, Dios está allí en medio nuestro. No sólo está con nosotros sino que nos asegura que venceremos. El versículo no dice: “Cuando estés dentro de aguas profundas…” Dice: “Cuando cruces…” No sólo está Dios contigo cuando el agua esté profunda y la llama caliente sino que Él conoce el final también. Él está contigo si tú dependes de Él. Su presencia y poder te llevarán hacia delante. Él promete que no te “cubrirán” y no te “quemarás”.
¿Qué es lo más difícil que estás enfrentando ahora? Aquella cosa que arreglaría tu vida si fuese removida, ¿qué es? Piénsalo por un momento.
Ahora, descansa en la promesa de Dios: ¡Él está contigo y te llevará adelante!
En Su amor,