Les anunciamos al que existe desde el principio, a quien hemos visto y oído. Lo vimos con nuestros propios ojos y lo tocamos con nuestras propias manos. Él es la Palabra de vida. 2 Él, quien es la vida misma, nos fue revelado, y nosotros lo vimos; y ahora testificamos y anunciamos a ustedes que él es la vida eterna. Estaba con el Padre, y luego nos fue revelado. 3 Les anunciamos lo que nosotros mismos hemos visto y oído, para que ustedes tengan comunión con nosotros; y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. 4 Escribimos estas cosas para que ustedes puedan participar plenamente de nuestra alegría. (1ª de Juan 1:1-4)
Desde que leí por primera vez esta porción de la Escritura, comprobé la importancia de la comunicación. Juan explica que todo lo que vivieron, conocieron y hasta tocaron acerca de Jesús, lo “anunció” con fidelidad a las generaciones futuras. Me pregunto, ¿qué hubiera pasado si los primeros testigos presenciales de la vida y ministerio de Jesús, hubieran permanecido callados? Seguro que hoy estaríamos viviendo en la ignorancia, alejados de Dios y de Su voluntad. De allí la importancia de la comunicación del mensaje.
Hemos hablado en estos domingos acerca del propósito de nuestra Iglesia que se resumen en: “Amar a Dios”, “amar al prójimo” y “transformar al mundo”. Ha sido maravilloso ver la Obra de Dios en medio nuestro, pero, ¿qué pasaría si todo esto que está sucediendo no lo comunicáramos? Nada de lo que está pasando tendría transcendencia y bendición. La comunicación en vital. Nadie lo puede dudar. Es por eso que este domingo conoceremos más acerca de este importante ministerio, y no sólo eso, sino que, si Dios te ha dado habilidades en este campo, pues qué esperas para unirte al trabajo del área de comunicación de nuestra Iglesia. ¡Serás más que bienvenido!
En el amor de Jesús,
Luis Gabriel César I