Cómo enfrentar la muerte

 La séptima palabra de Cristo en la cruz fue: :  “¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu! Y al decir esto, expiró.” (Lucas 23:46)

 La muerte es la experiencia más ordinaria de la vida. Es un hecho, si Jesús no viene antes, seguro que experimentarás la muerte al igual que yo. Pero, ¿qué pasa con los que mueren? ¿Será el final de todo? ¿existirá la extinción total? ¿Reencarnaremos en alguna otra forma de vida, mejor o peor? La Biblia nos da la maravillosa certeza de lo que sucede cuando un creyente muere: Dice en Eclesiastés 12:17:  “Volverá entonces el polvo a la tierra, como antes fue, y el espíritu volverá a Dios, que es quien lo dio.”

 La declaración de Cristo en la cruz nos dice por lo menos tres cosas acerca de su propia esperanza:

  • Sabe a quién regresa: “Padre…”
  • Sabe que está seguro: “Es tus manos…”
  • Sabe que se le espera: “Encomiendo…”

Jesús abrió sus labios por 7a y última vez para abandonarse en el seno y brazos de su amante Padre. El autor de la vida penetraba a la muerte, por amor a ti, regresaba al Padre. Los acontecimientos que siguieron su muerte habla de la realidad del sacrificio y su impacto:

  • El velo se rasgó. Este velo que por muchas generaciones significaría la separación del hombre de Dios, ya no existiría mas. Ahora Cristo abría para siempre el sendero hacia Dios.
  • Los sepulcros se abrieron. Esto es la garantía de nuestra propia resurrección. Jesús dijo: “El cree en mi, aunque esté muerto vivirá…”
  • La confesión del primer fruto de la cruz. El soldado romano que observaba todos estos acontecimientos expresó: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”.

Cuando Jesús subía dijo: “Padre…” sabía a quien regresaba, por cierto, ¿sabes que será de tu alma cuando mueras?

Pablo escribió lo siguiente: “Hermanos, no queremos que ignoren lo que va a pasar con los que ya han muerto, para que no se entristezcan como esos otros que no tienen esperanza. ¿Acaso no creemos que Jesús murió y resucitó? Así también Dios resucitará con Jesús a los que han muerto en unión con él.” (1ª Tesalonicenses 4:13-14)

Gracias a lo que Jesús hizo por ti y por mi, eso nos da una plena seguridad de que él mismo abrió el camino al Padre. Eso mismo te prepara para enfrentar el evento más ordinario de la vida, que es la muerte misma. Sabiendo que Cristo mismo la venció.

¡Aleluya!

 

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